jueves, 31 de diciembre de 2009

Menos y más

Nueve euros al mes, el equivalente a una entrada de cine con palomitas, eso es lo que va a subir en 2010 el salario mínimo interprofesional que –no lo olvidemos- supera por poco los 600 euros. Lo anuncia, sin rubor, la misma clase política que corrió a auxiliar a la gran Banca con el dinero de todos. Hay que tener un día a día muy alejado de ese mínimo interprofesional para que la noticia no te altere. Pero es que “no hay dinero”. Es la cantinela que repiten todas las administraciones en los últimos meses. Y es mentira. ¿Cómo si no con dinero les han pagado a las multinacionales farmacéuticas sus baldías vacunas?

“Para explicarme cómo eres no me digas lo que tienes dime sólo cómo te lo gastas”. La idea es herencia de un profesor de Filosofía que tuve en el Bachillerato, uno de esos que se recuerdan. Este método de pagar a escote – dinero público- sin poder decidir cómo gastar –sólo un voto cada cuatro años- es un chollo para los que intentan justificarlo todo con la crisis.

La falta de clientela –también por la crisis- es la razón para el cierre del Orient Express. París – Venecia a casi 6.000 euros el billete. Echan la culpa a los vuelos de bajo coste pero más bien parece que los potenciales viajeros del tren de lujo se muevan en jet privado. 633 trabajados euros para sobrevivir todo un mes frente a 6.000 el trayecto de tren. La comparación suena indecente.

“Menos bienes pero más vínculos” dicen los teóricos del decrecimiento, que son los nuevos objetores, los nuevos profetas de un mundo radicalmente diferente. Se trata de revisar lo que gastamos, cómo lo gastamos y los estragos que ello nos produce. Y mientras sigo reflexionando sobre mi huella ecológica me apunto a lo de trabajar menos para vivir mejor. En el nuevo año despejaré la agenda y, consciente de mis límites, sólo me planteo conseguir cumplir tres objetivos.

Un propósito: hablar más inglés (Happy new year Iñaki. Eta goraintziak besteei). Un proyecto: cumplir la petición de mi hija de reunir las cien canciones que más me gustan para ofrecérselas. Una ilusión: sustituir los “tengo que” obligatorios por los “voy a" más apetecibles.


URTE BERRI ON!


P.D.: Para los interesados en el decrecimiento una página web http://www.decroissance.org/ muy diferente a lo que podría parecer su traducción http://www.decrecimiento.es/ y dos vídeos en los que el economista y filósofo Serge Latouche habla sobre la teoría del decrecimiento.
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jueves, 24 de diciembre de 2009

De la Navidad, el turrón

A mí la Navidad no es que no me guste, es que no la entiendo muy bien. Por eso, si tengo que elegir, me quedo con el turrón.

Si lo piensas te das cuenta de que es una época curiosa. Al parecer, se trata de disfrutar y de ser bondadosos, pero yo diría que está llena de imposiciones, compromisos y un poco de cinismo. Para empezar, hay que celebrarlo en familia -en una familia más o menos convencional-, con lo que aquellos que carezcan de una, si no se pertrechan tras una personalidad resistente, van jodidos. Les da la depre y se emborrachan. Conozco, por lo menos, tres separadas que han hecho pública su intención de pillar una cogorza histórica en estos días.

Otra obligación de la Navidad es comer mucho. Si no quieres ir de rara tienes que excederte y engullir como si acabaras de salir de una gran hambruna. Luego vendrán los empachos, el colesterol, el sentimiento de culpa por el diámetro de la barriga.., pero eso será luego, en la subida de la cuesta; ahora vamos hacía abajo a toda pastilla y si te controlas eres una aburrida que no entiende el espíritu navideño. A mí me salva el turrón. Cuando insisten para que repita digo que estoy dejando sitio para el postre.

También hay que demostrar afecto comprando cosas para regalar. Esta parte no me desagradaría si no fuera obligatoria. Hay personas a las que nunca sabes qué puede gustarles. Por eso se venden tantas colonias. ¿Y qué pasa si no tienes dinero? Que no a todo el mundo le sobra... Pues si no regalas y no te regalan no eres nadie. ¡Eso si que me subleva! Es la victoria de los grandes almacenes. ¡Hay tantas formas de dar amor que no necesitan de paquete y lazo...! Pero el sexo oral no cuenta como regalo navideño.

La falsa amabilidad de los que durante todo el año te dan la espalda y en estas fechas te felicitan antes me molestaba, ahora me da la risa. Ejemplo de que voy aprendiendo a ser tan hipócrita como el resto.

He hablado de imposiciones y de compromisos. En cuanto al cinismo, este año la guinda la pone el director de EITB, que va a emitir, en nombre del pluralismo, el mensaje navideño del rey de algunos (no el mío, porque no soy súbdita de nadie) al mismo tiempo que todas las cadenas generalistas españolas. Como cada día debo ser más bruta, no consigo entender esta pluralidad del pensamiento único que lleva a aceptar como normal a un rey impuesto por un dictador. ¿Lo plural no sería que en alguna cadena se pudiera hablar contra la monarquía?

domingo, 29 de noviembre de 2009

La versión oficial

Estos días, una vez más, he recordado Dachau. En ese pueblo, cerca de Munich, se situó el primer campo de concentración nazi que sirvió como modelo y prototipo para los que le siguieron.

La visita que hice, hace algunos años, al antiguo campo reconvertido en museo me impresionó sobremanera. Tengo presentes los cuartos del búnker, zona donde se torturaba a los prisioneros –allí a la manera clásica porque en realidad todo el campo era una zona de tormento- y las celdas donde se encarcelaba a los más díscolos.

No olvido la visión de los camastros y las letrinas, mi angustia subió aún varios grados al acercarme a las cámaras de gas; reconozco que lloré al escuchar –la audio guía era muy buena- las declaraciones de los supervivientes a aquella barbarie; pero donde me quedé sin habla -con la sangre helada-, fue en la zona de la exposición que muestra fotocopias de los ejemplares de los periódicos alemanes de la época. Allí, leyendo y viendo lo que se contaba es donde el horror me quedó más patente.

Según la prensa de la época -que recogía con profusión informaciones sobre la inauguración, con fotos y declaraciones-, lo que allí se abría era un campo de trabajo, un lugar de reeducación para una panda de maleantes a los que se quería dar una oportunidad de insertarse en sociedad. Y se vendía como un logro.

En total, más de 200.000 prisioneros de más de 30 países fueron recluidos en Dachau. Las estadísticas del campo hablan de 30.000 personas asesinadas directamente, además de otros muchos miles que murieron víctimas de las pésimas condiciones de vida.

De nada de eso se enteraron los que creyeron la versión oficial.

Dachau es historia –pensaréis- Sí y no. Los periódicos de hoy están repletos de versiones oficiales, esas que el Poder (político, económico, judicial) cuenta para justificar sus acciones. Y muy pocas veces, casi nunca, se ponen en duda. Las acusaciones vuelan de la boca del ministro de turno a los editoriales como realidades incontestables. Los gabinetes de prensa cocinan el menú que los medios disponen en la mesa de los ciudadanos para que lo traguen sin respirar, como los jarabes para la tos.

¿Por qué se acepta con tanta facilidad la versión oficial? Quizá porque tiene algo de analgésico, de somnífero que produce un estado de relax en la conciencia.

Si te crees la versión oficial el mundo parece sencillo porque ordena la realidad a modo de una apisonadora, igualando, aplastando dudas. Están los malos y los buenos. El poder decide quienes son unos y otros; y si tú le crees ya formas parte de los buenos. Convierte a los medios en catecismos. Te libera de pensar, sólo tienes que tener fe.

Debería haber una vacuna contra la versión oficial. Algo que ayudara a ponerla en duda, sólo por la elemental regla de preguntarse a quién beneficia. Si los periodistas - pobrecitos con las condiciones laborales que sufren- no lo hacen; si los grandes medios - primos hermanos del poder político, no lo olvidemos- no lo hacen; si los que deberían contrastar las informaciones, buscar los porqués, ofrecer siempre también la otra cara de la realidad no lo hacen, tendrá que hacerlo cada cual. !Insumisión a la versión oficial!

lunes, 23 de noviembre de 2009

Por dinero

Yo trabajo por dinero. No hago cualquier cosa por el sueldo pero lo que hago de ocho a cinco, de lunes a viernes, lo hago por la pasta. Si no necesitara vender mi tiempo lo dedicaría a hacer aquello que me gusta y no tiene precio. Por ejemplo: escribiría todos los días en este blog, dormiría más, bailaría hasta aburrirme, comería con mis amigos a menudo...

Leo las declaraciones de un "coach" que ha publicado un libro con consejos para emprendedores -va por la 6ª edición-. Dice que no hay que trabajar por dinero. "¿Si la empresa no te pagara dejarías de trabajar? Si la respuesta es que sí, tienes un problema". Me irrita la hipocresía. Sin duda, lo que quiere es asegurarse clientela. Si tienes un problema, necesitas ayuda. Justo la que él vende.

Pienso en cuanta gente de mi entorno seguiría madrugando y aguantando al jefe por gusto a lo que hace, sin más aliciente. He encontrado sólo a una persona. Le aterran las vacaciones. Alarga la jornada laboral todo lo que puede. Nunca ve el momento de irse a casa. No le importa el sueldo. Y es sólo por una razón: una depresión nunca superada que tapa estando ocupada. No es para nada feliz. A mí me produce lástima.

Leo también las conclusiones de un estudio realizado con prejubilados de un país nórdico. Es curiosa la figura del prejubilado. No está en la edad de dejar de producir pero le obligan. Le expulsan del mercado laboral con 55 ó 60 años, despreciando su conocimiento. Le pagan para que se retire -aunque no quiera- y esperan que se dedique a consumir ocio. ¿Qué dice el estudio? Que una vez acostumbrados a la nueva situación los prejubilados son más felices y se sienten rejuvenecidos; "hasta 10 años más jóvenes que cuando trabajaban".

Me encantaría saber lo que opina el espabilado "coach" sobre esa encuesta.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Sonrientes en el Metro

La publicidad tiene mala fama, pero a menudo la basura televisiva está en los programas contenedor y lo mejor de la programación son los anuncios. Para hacer justicia hay que reconocer que hay campañas geniales como la que ha lanzado Volkswagen. Es un concurso en que el se premia con 2500 euros la mejor idea para cambiar un comportamiento mediante una acción divertida.

“The Fun Theory” (La teoría de la diversión) que así se llama la campaña, consiste en invitar a las personas a cambiar de hábitos hacia otros más ecológicos o respetuosos con el medio ambiente (y de paso a animarles a usar autos ecológicos, que es lo que Volkswagen quiere vender) haciendo las cosas más divertidas.

Hay tres ejemplos de estos cambios de actitud –y de lo efectiva que es la curiosidad para conseguir que los humanos hagamos algo nuevo- en la página thefuntheory.com El más logrado es el de unas escaleras convertidas en piano, que podéis ver al final de esta entrada. Está grabado en el Metro de Estocolmo. Todos salen contentos. Y cualquiera que utilice el metro sabe que no es habitual encontrar gente sonriente.

Otro ejemplo de publicidad inteligente, -y efectiva habría que añadir-, fue la campaña que organizó el estado australiano de Queensland a principios de año. Ofrecía “El mejor trabajo del mundo” unas vacaciones pagadas de seis meses en una isla rodeada de un fondo marino impresionante, la Gran Barrera de Coral.

El concurso lo ganó un joven británico que tiene como única obligación la de escribir un blog con sus experiencias sobre el placer de no hacer nada. (http://www.islandreefjob.com/) Se trataba de reactivar el turismo. No sé en cuánto se haya multiplicado el número de visitantes pero desde luego consiguieron que se hablara del lugar. Y es que los inventores de la campaña sueca tienen razón, todo es más fácil si es divertido.


http://www.youtube.com/watch?v=2lXh2n0aPyw

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lunes, 26 de octubre de 2009

Sin mucha fe

Último lunes de octubre en Gernika. La agricultura reconvertida en ocio. Miles de personas acudirán a la feria del agro vasco, como quien va al cine o a un museo al aire libre. Los hosteleros harán su agosto. En los puestos se quejarán de que no venden tanto como quisieran. Se hablará de la crisis. O de su ausencia. Y hasta el año que viene; o hasta la próxima, que Santo Tomás está al caer.

No sé cuántos de esos paseantes habrán oído hablar de Akuilu, la asociación de jóvenes agricultores que este pasado fin de semana ha llevado a cabo una marcha reivindicativa desde Azpeitia a Durango. "El caserío es una forma de vida tan digna como cualquiera y la asociación, formada por jóvenes baserritarras, quiere demostrarle a nuestra sociedad que los baserritarras son necesarios, que tienen mucho que ofrecer y que, si se les facilita el camino, todos saldremos ganando” han declarado. Quieren fomentar la venta directa, la relación productor-consumidor mediante cooperativas. Necesitan ayudas económicas para no abandonar, para que trabajar salga rentable. Necesitan, además, que lo entendamos.

El portavoz de la asociación Akuilu ha dicho que no tienen excesivas esperanzas en que las administraciones públicas «muevan algo. No tenemos mucha fe», precisó. Sin embargo, cree que es necesario que la sociedad sea la que actúe de manera directa para «que haya una cambio de la política agraria. Nuestra marcha ha querido remover a la sociedad, a nuestro pueblo, para que entre todos consigamos que el sector salga fortalecido con los jóvenes».

Yo tampoco tendría mucha fe si estuviera en su lugar. En la Administración, por supuesto, -es más fácil que den ayudas para cambiar de coche que para comprar alimentos-, pero ni siquiera en la sociedad. Quieren hacernos pensar, reflexionar sobre si consideramos la agricultura como parque temático o como actividad productiva. Qué incordio sería descubrir que para practicar el comercio justo no hay que irse hasta lejanas tierras.

Hemos socializado los problemas del sector financiero. Nos han convencido de que sus pérdidas son nuestra perdición. Así que los gobiernos ayudan, con el dinero de todos, a los grandes bancos, a sabiendas de que nunca nos tendrán en cuenta en el reparto de beneficios. ¿A alguien se le pasa por la cabeza aplicar una política similar de ayudas a la agricultura local? Para empezar, la OMC nos acusaría de fomentar la pobreza en el Tercer Mundo. Por lo visto, el sector financiero no tiene nada que decir en el tema del hambre. Ellos sólo fabrican dinero. Los agricultores trabajan para dar de comer a la gente. ¡Qué vulgaridad!

Tranquilidad y buenos alimentos, solía decir mi padre ante cualquier problema. Ya que somos lo que comemos, vamos a comer bien. La tranquilidad la perdimos hace mucho y lo de comer bien…

domingo, 11 de octubre de 2009

El despacho y el txoko

Vamos a imaginar que a mi me gustara hacer ganchillo. Que me relajara dedicar mi tiempo libre a juntarme con otras mujeres, también amantes de esa labor, para compartir afición. Que yo fuera tan selectiva, que sólo aceptara en el grupo a mujeres conocidas mías o de alguien de mi misma cuadrilla. Las fanáticas de la aguja somos cada vez más y acabamos alquilando un local para nuestra asociación de mujeres, en la que - nosotras pagamos y nosotras decidimos- la admisión sea limitada y sólo aceptamos a las que nos da la gana.

También podría ser que la asociación fuera de mujeres con las uñas de porcelana. O de productoras de pacharán casero.

Y resulta que algunos hombres –también aficionados al ganchillo, o a las uñas postizas o a la elaboración de licores- quieren entrar en la asociación. Y nosotras que no. Y ellos que sí. En el asunto tercia una institución creada para conseguir la igualdad real y efectiva de mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida política, económica, cultural y social de la Comunidad donde yo habito. Y nos pone una multa de 900 euros por discriminación sexual, como la que acaba de recibir una sociedad gastronómica alavesa sólo para varones.

Me asalta una duda: ¿esa Ley de Igualdad es aplicable también a Iberdrola y al BBVA? Parece que se restringe al ámbito de las administraciones públicas pero quizá esas entidades privadas reciban subvenciones o firmen convenios o contratos con la Administración. Quizá por ahí…

Propongo a Emakunde que curse multas a las empresas de selección de personal que preguntan a una ingeniera industrial de 25 años si tiene intención de ser madre. Quiero una acusación formal de discriminadores contra los empresarios que del currículum sólo miran la casilla del sexo.

También podría esforzarse en exigir la aplicación de la ley entre los altos puestos de la Administración. Le sugiero centrar sus análisis en las reuniones de cargos de libre designación –a dedo- con una proporción 17 hombres 1 mujer.

Ya que tanto empeño pone en que yo pueda entrar en las sociedades gastronómicas, me gustaría que trabajara para que las mujeres nos sentemos también en los Consejos de Administración de los grandes bancos. Quiero ver mujeres rectoras en las universidades, en las alcaldías, en las reuniones del G-20..., en la misma proporción que hombres. Quiero ocupar las calles, las plazas y los parques a las cinco de la madrugada con la misma libertad e igualdad que ellos. Espacio público en igualdad.

Ahí es donde quiero que se esmere Emakunde: en lo público. Que además es donde su Ley de Igualdad tiene ámbito de aplicación y posibilidades de hacerse cumplir.

Afecta mucho más a mi vida, y a mi desarrollo como mujer y persona, que no me contraten por tener capacidad reproductiva a que no me dejen entrar en la cocina de una sociedad a preparar bacalao al pil-pil. Por eso, me parece mucho más importante conquistar el despacho que el txoko.

domingo, 4 de octubre de 2009

La tentación del silbato

La cuestión es si el poder cambia a las personas o sólo las desvela.

Conoces a alguien más o menos normal. Me refiero a alguien que no destaca por ser colérico ni caprichoso. Alguien que dice cosas sensatas, que defiende sus opiniones con templanza. Vamos, que tú consideras que esa persona está equilibrada y atiende a razones. Y más tarde la ves en otro escenario, con algún galón en la hombrera. Supongamos que la empresa le pone coche, raya de aparcamiento reservada y el encargo de dirigir a un equipo de personas. Y algo cambia. La templanza se la deja en casa. Además del entusiasmo y del brillo que proporciona sentirse privilegiado, observas que su sensatez deriva en capricho.

¿Qué tiene el poder que convierte a un ser agradable en insufrible? ¿Transforma el poder a las personas o solamente las hace encontrarse a sí mismas?

Se puede hacer una prueba. Das a una persona un silbato y le pides que durante un tiempo se responsabilice de dirigir lo que sea, a un grupo de colegiales cruzando una calle, por ejemplo. Al poco, alguno se siente el rey del pitido. No pita sólo para reducir la circulación, hacen sonar el chiflo hasta para recriminar a uno que pasaba por allí rascándose la oreja. Porque sus deseos son órdenes. Y acaba de descubrir que eso le pone…

Pero el apego al poder se constata, aún con más claridad, en otro momento: cuando toca devolver el instrumento. La decepción, la resistencia a aceptar la nueva situación suele ser tan grande que ahí si que se ve claro que el afán de mandar era previo al silbato.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Sábanas al sol




Me gustaría saber qué es lo primero que os sugiere esta foto. Algunos ven alegría y bullicio. Vida. Yo veo falta de espacio. Necesidad de expansión.

Los pobres tienen su vida expuesta a la mirada ajena. Hay mucho reporterismo fácil sobre la miseria. Los ricos no cuelgan sus trapos al sol; secan en zonas privadas o en máquinas al efecto, se esconden del ojo público. Sabemos de la vida en la calle, pero no de lo que pasa en los salones.

La intimidad así, al sol, queda muy fotogénica y para explicarla recurrimos a los tópicos porque de los pobres creemos saberlo todo. De los ricos no sabemos nada.

!Anda que no se reirán de nuestras frases hechas para el consuelo popular! Decimos que el dinero no da la felicidad pero ¿De cuánto dinero hablamos? ¿Del necesario para tener una red de saneamiento en condiciones, por ejemplo? ¿Del suficiente para pagar un piso de 60 m2 en propiedad?

Una aristócrata alemana residente en Marbella y asidua a salir en la prensa rosa declaró en una ocasión que los ricos deben existir para que los pobres tengan con qué soñar. Lo leí y no se me olvida.

La primera vez que visité Versalles -era yo muy joven- me llevé tal impresión que aquella noche tuve un sueño con la guillotina y cabezas reales rodantes. Me pareció poco castigo. Yo les habría puesto a trabajar sin sueldo en labores fatigosas: limpiando suelos, lavando ropa, cargando fardos... Durante toda la eternidad.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El adiós

21 de septiembre. Día Mundial del Alzheimer.

Fui a comer a casa y al marcharme, una vez más, me despedí de mi padre. Le dije adiós con la tristeza de saber que la próxima vez que nos viéramos estaría más lejano, sería más cáscara y menos sentido.

Era así desde el comienzo de su enfermedad, pero no podía acostumbrarme. No acababa de aceptar el abismo entre el padre que tuve y el que era. Cómo entender que una persona perfeccionista y metódica, responsable hasta cuando dormía, se hubiera convertido en aquel ser perdido e inválido, incapaz de atarse los zapatos. Cómo entenderlo sin rebelarse.

Recordaba cuando me compró los cuadernos de caligrafía para mejorar mi letra –demasiado pequeña, demasiado discreta- y su afán porque yo escribiera con trazos más elegantes. “La letra define a la persona” decía.

¿Y sus garabatos de ahora, hechos con esfuerzo y toda la voluntad posible?

Pero lo peor era enfrentarse a su mirada desconsolada e huidiza. Asustada. Con un miedo mayor al de un niño solo en medio de una multitud de desconocidos. La demencia está en la mirada.

¿Cómo medir la intensidad de su soledad? ¿Cómo consolar al que no te reconoce, al que no se tiene a sí mismo?

“Hay que retirar los espejos. Pueden sobresaltarse con una imagen, la suya, que no reconocen” dicen los expertos.

¿Pero puede alguien ser experto en lo que no ha vivido? ¿Cómo saber lo que se siente más allá de la perdida de la razón? Yo sólo veo desolación.

domingo, 30 de agosto de 2009

El síndrome postvacacional o la mirada al ombligo

Lo del síndrome postvacacional me da la risa, y no precisamente porque sea funcionaria sino porque he sido parada.

¿Por qué no se habla del síndrome del no-poder-ir-de-vacaciones-porque-no-se-tienen? La tele venga y dale con la operación salida y la operación retorno y los retrasos de los vuelos, y tú que no sabes cómo pagarás el alquiler el mes siguiente, ese en el que los que sufren el síndrome se consuelan viendo las fotos de su estancia en la playa y contando los días que faltan para Navidad.

Creí que este año no se iban a atrever, con los altísimos niveles de paro y la crisis económica en todas las portadas. Pero de nuevo están dando bola a las molestias que nos causa la incapacidad de adaptarnos al trabajo tras la finalización de las vacaciones. Molestias que hasta hace pocos años no estaban tipificadas ni como problema. Era lo más normal del mundo; como sudar cuando hace calor.

Nos cuentan que el cambio de ritmo y el regreso a un entorno de exigencias nos ocasionan cansancio, falta de apetito y concentración, somnolencia, tristeza... ¿Qué solución proponen? Fraccionar las vacaciones, no estar holgazaneando tanto tiempo seguido, que no nos acostumbremos a vivir como los ricos. Y -esto es de lo más divertido- hacer un periodo de readaptación para ir asimilando el cambio. Vamos, que te vas diez días de vacaciones y los tres últimos tienes que dejar de dormir la siesta, madrugar y pensar en tu jefe... Eso sí que es para ponerse enfermo.

¿Qué tal si empezamos por evitar darle importancia al asunto? ¿Hasta cuando vamos a regodearnos en la autocomplacencia? Que el trabajo, en la mayor parte de los casos, es una maldición, no lo discute casi nadie, pero hay una desgracia aún peor. Sólo hay que fijarse en las caras de los inmigrantes ilegales. También tienen su espacio en los noticieros, aunque a veces quedan un poco esquinados; hay que hacer sitio a los sicólogos que nos dan consejos para no ahogarnos en un vaso de agua.

Llegará el día en que las imágenes de los desarrapados que arriban a nuestras costas de la abundancia se emitirán con un aviso: “puede herir su sensibilidad de persona acostumbrada a quejarse por tonterías". De tanto mirarnos el ombligo se nos está quedando una peligrosa cortedad de visión.

Yo no voy a sufrir ese síndrome de nueva creación. Voy a volver a trabajar directamente cabreada y desmotivada sin disimulo. Porque me gusta mucho estar de vacaciones y disponer de mi tiempo para lo que quiera. Y porque unos trabajan demasiado y otros nada –que aquí también la clave está en el reparto-. Y porque otro mundo sería posible si no fuéramos todos tan miopes.

domingo, 16 de agosto de 2009

Un ruido de fondo

Si algo nos ofrece esta sociedad de consumo es distracción. El ocio a veces no es sinónimo de tiempo libre, de lo ocupado que lo tenemos. Se podría decir que por huir del miedo al aburrimiento acabamos demasiado estimulados. Y un ejemplo de esto es lo mucho que nos incomoda el silencio.

¿Por qué encontramos alivio en el barullo sonoro? Sólo hay que ver cuantas personas encienden la televisión al llegar a casa para tener sonido ambiente. O lo difícil que es escuchar el rumor de las olas en la playa, entre la música del chiringuito y las conversaciones de los adictos al móvil.

Ojo! No desprecio el valor curativo de una conversación, ni el contacto por la palabra – a veces las palabras son como abrazos, tienen el mismo calor, la misma cercanía - pero creo que estamos necesitados de silencio.

Porque lo que se fomenta es el ruido, no la conversación.

Anda dando vueltas por Internet el resultado de un estudio de la UCLA sobre los beneficios de la amistad entre mujeres. La conclusión es que las amigas curan. Estoy de acuerdo, pero probablemente la sanación no nos llega por que nos hablen sino porque nos escuchan. Si nos fijamos, todo está lleno de conocidos, pero no se encuentra fácilmente a alguien con quien conversar. Alguien que cuando te pregunta ¿cómo estás? se tome tiempo para escuchar tu respuesta.

La mayor parte de las veces hablamos por hablar

Conocí a una niña, tímida y callada, que en la escuela era presionada por sus profesoras para que hablara más. Querían que participara diciendo en voz alta, ante los compañeros, lo que había hecho el domingo, lo que le gustaba comer… Es sabido que la educación reglada uniformiza y ahora, porque ha habido épocas bien distintas, quieren a las criaturas extrovertidas, simpáticas, con madera de líder. Esta niña ante la insistencia cariñosa, pero no por eso menos molesta, de la profa callaba. Sufría y callaba. Hasta que un día le salió el carácter, ese que algunos tímidos esconden hasta que hace explosión. Y dijo alto y claro: “Si estoy bien callada ¿por qué tengo que hablar? ¿Para gustarte?” No supieron que argumentar y la dejaron en paz.

La niña tenía razón. Hablamos demasiado para gustar a otros y acabamos confundidos entre el ruido de fondo.

sábado, 8 de agosto de 2009

!No me toquen los afectos!

Negar la realidad no es una buena forma de afrontar problemas. Hacerlo de manera individual no es recomendable, pero allá cada cual y cómo quiere vivir su vida. Intentar trasladar ese error a la colectividad es grave, muy grave. Algunos niños con cierta discapacidad no aprenden nunca a jugar al escondite. Se tapan los ojos y creen así que como ellos no ven los demás no les ven. Taparse los ojos no funciona ni siquiera para esconderse.

Sin embargo, donde yo vivo hay políticos que no entienden esa simple lección. No sé qué clase de discapacidad sufren pero quieren tapar realidades molestas y creerse así que las hacen desaparecer. Se han propuesto enseñar a la población qué y a quién es lícito querer y qué y quién debe ser rechazado. Desean imponer su criterio como el único lúcido y a tener en cuenta.

Supongo que en la Argentina de finales de los 70 los milicos pensarían lo mismo. Esas mujeres peleonas que daban vueltas a la plaza para recordar a sus hijos desaparecidos eran, para ellos, unas locas. ¿A quién se le ocurre querer a un hijo subversivo?

El presidente de Irán, Ahmadinejad, dijo en una intervención pública que en su país no había homosexuales. El amor entre personas del mismo sexo está prohibido allí. O sea que los iraníes son todos heteros porque lo dice la ley islámica. Y si a alguien se le olvida lo ahorcan.

Hay muchos grados de estupidez entre el desconocimiento y la pura perversión pero, en cualquier caso, legislar sobre los afectos está abocado al fracaso. Las madres seguirán queriendo a sus hijos y los hombres enamorándose de otros hombres. Lo contemple la Constitución o no.

Por supuesto, hay que educar a las personas en el respeto al otro, -aunque ese otro nos resulte muy muy desagradable- . Está claro que no puedes romper las reglas si quieres vivir en comunidad. Nos socializan para eso. Para no ir desnudo por la calle, para no saltarnos los semáforos en rojo, para considerar derecho sagrado la propiedad privada... Pero los afectos que los dejen en paz.

Que nadie me diga cómo pensar, a quién querer, qué tengo que valorar. Eso no debe determinarlo la mayoría por votación popular, aunque suene democrático. A qué muertos llorar y con qué vivos convivir es asunto que debe elegirlo cada cuál.

viernes, 31 de julio de 2009

Un censor en el disco duro

Acostumbrados, como están, los jefes de prensa de los gabinetes institucionales a periodistas sumisos –que se llevan la nota y transcriben las declaraciones oficiales sin cuestionarse nada- Manel Fran, el director de Comunicación elegido a dedo por el ministro de Trabajo para gestionar su imagen pública, se cabreó muchísimo cuando se encontró con un redactor preguntón.

No iba a dejar él que un espabiladillo le estropeara la comparecencia al ministro –que como todos había llamado a los medios para quedar bien ante la opinión pública no para dar explicaciones de su trabajo- A Fran le salió el carácter censor y prepotente.

El vídeo es muy significativo. ¡Tan breve y tan intenso! Empieza por negar que la noticia sea tal (“Aquí la noticia la decido yo” –está pensando el cargo público que cobra del dinero de todos-) y como el periodista insiste y además argumenta (“Ha ocurrido hace 10 minutos”) pasa a la amenaza para que al insolente le quede claro de una vez quién manda y lo que se espera de él. (“O te acomodas al papel adjudicado o te saco de la función. Que tú no sabes quién soy yo”). Vale, no es eso lo que dice pero es la interpretación libre que yo hago de sus palabras. (La ventaja de que este blog no lo lean los ministros es que no van a censurarme…).

La 2 Noticias se ha apuntando un tanto emitiendo el vídeo. Lo reproduzco aquí para que cada cual saque sus conclusiones.

El ministro Corbacho dice que si el redactor afectado se ha sentido mal le pide disculpas. Pero que su director de Comunicación es un buen profesional. Y, a mi entender, patina doblemente. Las disculpas, en todo caso, las tendría que dar el que cometió el atropello. Y al ministro lo que le toca es abroncar a su subordinado o, mejor aún, cambiarlo por otro que no tenga un censor instalado en el disco duro de su cerebro. A no ser que realmente el director de Comunicación estuviera haciendo justamente lo que se esperaba de él.


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lunes, 27 de julio de 2009

La enfermedad también es un negocio

Este verano nos están acogotando con la nueva gripe. Tenemos noticia de los nuevos contagios, de cada enfermo, de la edad y estado civil de los muertos... todo con cómputo diario y por países.

A la información de los medios se añade la de conocidos y vecinos. Que si a fulanito le han tenido en cuarentena cinco días; que si menganito no va a mandar a su hija al campamento por miedo al contagio...

Y para rematarla, los globos sonda: "No, no parece necesario retrasar el inicio del curso escolar" "Sí, la vacuna estará prevista para el otoño y se ofrecerá a los grupos de riesgo" "Se calcula en xxxx el número de previsibles fallecimientos". Todo para concluir que no hay tener miedo a la nueva gripe, sólo hay que lavarse mucho las manos y no besar. Nada de besos que reparten saliva.

Que la gripe es una cosa muy mala lo sabe cualquiera que la ha sufrido. No hablo de un catarro o un resfriado sino de una gripe. Gripe, que sea de la letra que sea, te deja arrastrada y con el convencimiento de que no te cura nadie. Te curas sola. O no. Los fuertes la vencen y a los débiles los vence. Hasta aquí, nada nuevo.

¿Por qué entonces ese afán de los gobiernos y las instituciones encargadas de la salud por atemorizarnos? Asustados todos pensamos menos o, directamente, no pensamos. El pánico es lo que tiene. No hay que perder de vista que en el mismo mensaje se reparten veneno y antídoto: la gripe mata, pero tranquilos que vamos a comprar muchas vacunas.

Y así, mientras nos asustamos, dejamos de besarnos, nos vacunamos -si nos toca- y dedicamos grandes partidas del presupuesto público a enriquecer a las empresas farmacéuticas, no nos preguntamos porqué ocurren estas cosas. Aceptamos el surgimiento de nuevos virus como si de un castigo divino se tratara. Menos mal que otros sí se hacen esas preguntas y además investigan y encuentran respuestas. ¿Quiénes son los responsables de la gripe porcina? Conviene leer este artículo de Ignacio Ramonet

jueves, 9 de julio de 2009

Desde la distancia

Siempre he oído que me parezco a mi abuela paterna, Nicolasa. Cada vez es más difícil escucharlo porque los que podrían decírmelo van muriendo, pero hay una foto de mi amama con más de 80 años, tomada en las fiestas del pueblo, vestida con su moño y su pañuelo, en la que reconozco mi perfil.

Cuando yo nací ella ya era vieja, así que la recuerdo como una anciana pequeña y vivaz. Prefería dormir a ir al médico. Llevaba las cuentas al dedillo y leía el periódico todos los días con atención -en eso también nos parecemos-.

Sólo tengo un par de recuerdos más de ella: me enseñó a jugar a la brisca y los dos últimos años de su vida, desde que falleció aitite Martín, su marido, hasta su muerte a los 94, los pasó muy triste. Se puede decir que se murió de pena, ya que no tenía más enfermedad que los años y la congoja de tanto recuerdo acumulado, imposible de compartir. No importaba adónde mirara ni de lo que le hablaras, ella nombraba a Martín continuamente: que si eso le habría gustado, que esto habría dicho...

Cuando estoy de viaje me ocurre lo mismo. Mi manera de echar de menos a los que quiero es imaginar lo que disfrutarían - o no- estando en mi situación. ! Qué bien se lo pasaría aquí! !Cuanto le gustaría este plato! !Tengo que contarle esto otro!...

El amor tiene muchas maneras. El recuerdo es una y no de las peores. Siempre que no te impida disfrutar de tu realidad. No es muy inteligente dejar que la nostalgia te consuma, como a amama Nicolasa.

Pero qué puedo saber yo de cómo se entienden la vida y el amor desde la distancia de los 94 años...

lunes, 15 de junio de 2009

Votos con anexo

La alta abstención y el avance de la derecha. Esa es la lectura más evidente de las recientes elecciones europeas. Para profundizar en otras interpretaciones propongo que para próximas ocasiones cada voto lleve adjunto el motivo de la decisión del votante. Para que todo quede más claro. El recuento sería más largo pero más interesante.

Se podrían leer cosas como "voto a este para fastidiar a mi padre que vota al otro" o "no soy racista; no es culpa mía si los extranjeros son unos maleantes". Lo mismo con el voto en blanco "ninguno me gusta", o la abstención "tíos, me aburrís".

Los analistas políticos no andarían tan perdidos y los líderes no tendrían que interpretar a ciegas, sólo habría que leer las instrucciones "como pactes con A, en la próxima te enteras". No me negaréis que el día después daría para mucho.

Quizá así se podría responder a las preguntas que se hacen tantos europeos desconcertados: ¿Por qué tantos italianos siguen votando a Berlusconi? ¿Qué pasa para que los escándalos de corrupción no dañen a los políticos del pp? ¿Dónde está la izquierda?

Es evidente que no todos los habitantes de este continente tan conservador y complaciente son ricos pero al parecer quieren vivir como si lo fueran. Olvidando que hasta hace nada aquí también hubo hambrunas y desplazados. En realidad, a poco que lo piensas te das cuenta de que no hace muchos tiempo -dos, tres generaciones- en la mayoría de las casas europeas no había baño, sólo retrete. Que el bienestar es bastante reciente, vamos. ¿Es impresión mía o desde que hemos empezado a ducharnos todos los días el continente huele un poco a rancio?

domingo, 14 de junio de 2009

La puerta del verano

Me gusta junio porque es la puerta del verano, porque los días tienen muchas horas de luz, porque por fin empiezo a no sentir frío en los pies y, sobre todo, porque es el mes en que nació mi hija. Pero no sólo es tiempo de ilusiones también es época de exámenes finales. El colectivo estudiantil se enfrenta a un maratón de pruebas y evaluaciones diversas en la que se puede cosechar éxito o no.

Yo, que nunca he sacado del todo el pie de ese mundo de aprendizaje, observo y escucho el nerviosismo de unos y otros en las calles, en el autobús, en la antesala del examen y pienso, una vez más, que los años no enseñan tanto como se dice –si acaso, habilidad en la búsqueda de excusas- y aquí y ahora casi todos perdemos la serenidad cuando hay que poner a prueba conocimientos y demostrar valías.

Somos muy buenos haciéndonos trampas a nosotros mismos. Lo más común es echar la culpa del fracaso al profesor o al sistema – y es cierto que hay profesores malos, malísimos, que desaniman al más voluntarioso; del sistema no voy a decir nada en este post, ya habrá tiempo – a la materia, o a la edad. Esto último es lo que más me molesta. “Burro viejo no aprende”. Y digo yo que por eso mismo, por no aprender, seguirá siendo burro.

“Y por qué es así si en español se dice de esta otra manera” cuando escucho a alguna persona esa pregunta en una clase de idiomas –da igual el idioma- ya sé que le va a ir mal. Y de paso a sus compañeros también, que tendremos que escuchar la misma retahíla de quejas todo el curso. “Me han suspendido por tonterías. Vale que no puse ni una sola vez el acento en la “e” pero no creo que un acento sea tan importante”. Y lo dice alguien que ha tenido un año para entender que en italiano una è acentuada significa “es” (tercera persona del singular del verbo ser) y la misma e sin acentuar es “y” (conjunción copulativa). Una memez.

Para aprender, la humildad es tan importante como la memoria, la voluntad y el interés. Hay que empezar por reconocer la propia ignorancia. Humildad. Quizá sea de eso de lo que adolece el viejo burro.

domingo, 31 de mayo de 2009

Somos aliento

En esta primavera llena de despedidas (qué difícil creer que estás muerta, Mavi) nos ha dejado también la profesora Ilse Middendorf, reconocida investigadora y terapeuta del aliento (www.aliento-experimentable.com). El pasado 2 de mayo se apagaban sus 99 años de vida. Nos queda el resultado de su trabajo y a mí, que la conocí en una de sus visitas a Donostia, el recuerdo de una mujer humilde y extraordinariamente ágil para lo que se espera de una octogenaria. Nada de arrastrarse por la vida, Ilse se deslizaba. Su porte resultaba más joven que el de muchos de 40.

Años de entrevistas te enseñan a diferenciar a los que son de los que aparentan ser. A fin de cuentas, las máscaras se usan para ocultar lo que no queremos mostrar y vender una cara más amable, y eso lo que todo entrevistado desea. Ilse no vendía nada, sólo era. Sin imposturas, apoyada en su aliento.

Dicen que somos lo que comemos, lo que hacemos –y no lo que decimos- lo que tenemos y nos falta, pero sí de verdad algo somos, si algo nos define es nuestra respiración. Así como respiramos estamos en el mundo.

Cerramos mayo con un poema de Mario Beneditti sobre la oportunidad de ser uno mismo (seguir nuestro propio aliento) o respirar al ritmo que los tiempos -y los poderosos- marcan.

Otherness

Siempre me aconsejaron que escribiera distinto
que nos sintiera emoción sino pathos
que mi cristal no fuera transparente
sino prolijamente esmerilado
y sobre todo que si hablaba del mar
no nombrara la sal

siempre me aconsejaron que fuera otro
y hasta me sugirieron que tenía
notorias cualidades para serlo
por eso mi futuro estaba en la otredad

el único problema ha sido siempre
mi tozudez congénita
neciamente no quería ser otro
por lo tanto continué siendo el mismo

otrosí digo/me enseñaron
después que la verdad
era más bien tediosa
el amor/ cursi y combustible
la decencia /bastarda y obsoleta

siempre me instaron a que fuera otro
pero mi terquedad es infinita

creo además que si algún día
me propusiera ser asiduamente otro
se notaría tanto la impostura
que podría morir de falso crup
o falsa alarma o otras falsías

es posible asimismo que esos buenos propósitos
sean sólo larvadas formas del desamor
ya que exigir a otro que sea otro
en verdad es negarle su otredad más genuina
como es la ilusión de sentirse uno mismo

siempre me aconsejaron que escribiera distinto
pero he decidido desalentar/ humilde
y cautelosamente a mis mentores

en consecuencia seguiré escribiendo
igual a mí o sea
de un modo obvio irónico terrestre
rutinario tristón desangelado
(por otros adjetivos se ruega consultar
críticas de los últimos treinta años)
y eso tal vez ocurra porque no sé ser otro
que ese otro que soy para los otros

jueves, 21 de mayo de 2009

Fuego y humo

Vivimos en una época de pirámides invertidas. Por cada productor agrícola hay un equipo de técnicos dispuesto a medir el proceso de elaboración, la trazabilidad, el recorrido de la cadena de distribución, los niveles de consumo... Para cada paciente de la sanidad pública hay un protocolo -palabra mágica que da de comer a muchos funcionarios- . El enfermo necesita ayuda para mejorar su malestar, pero el protocolo contempla un largo recorrido hasta llegar al remedio.

Nos venden que la atención al público centralizada mejora el servicio, pero la centralización suele estar muy lejos -!ay esos operadores telefónicos a los que tienes que deletrear tu apellido varias veces como si fueras extranjero en tu pueblo!- y además, los agentes siempre están ocupados. Lo que antes se resolvía paseando hasta un lugar concreto donde una persona respondía a las preguntas, ahora es un largo camino de citas previas y voces sin rostro.

Como hay tantas personas necesitadas del trabajo de otro para inventarse el suyo, tanto profesional dispuesto a analizar, explicar, evaluar, mejorar un mismo proceso..., tarde o temprano acabamos rodeados de vendedores de humo. Son los que no han hecho fuego nunca - no sabrían frotar dos piedras- , pero se especializan en complicar lo sencillo y, sobre todo, en medirlo. Y acabamos enredados en el absurdo. Una comisión de expertos de pacotilla puede pasarse horas discutiendo de la calidad del humo mientras un único operario se desloma intentando que la llama no se apague.

Porque la cuestión es hacer algo o, por lo menos, hacer que hacemos o, aún mejor, decir a otros lo que tienen que hacer. Y tenemos tan arraigado lo de la acción como obligación que nunca se nos ocurre otro camino.

Escuché una vez a un buen conferenciante una historia sobre varios niños de culturas y orígenes diferentes que tenían que ponerse de acuerdo sobre una naranja. Uno decía que lo que procedía era luchar, pelear unos con otros, y el ganador -el más fuerte- se quedaba con la fruta. Otro proponía que la confrontación fuera intelectual: un jurado imparcial hacía preguntas y el que mejor respondiera se llevaba la naranja como premio. Un tercero propuso dividirla en trozos y repartirla en partes iguales. Así cada cual daba su parecer, hasta que hubo uno que sólo preguntó: "¿Y por qué hay que hacer algo con la naranja? ¿No podemos simplemente dejarla como está, dejarla ser, y así todos tendremos opción de contemplar su belleza?" Este niño poeta nunca conseguiría trabajo en una consultoría.

domingo, 10 de mayo de 2009

Ni por guapos, ni por feos

Se queja Brad Pitt en una entrevista: "Soy una de esas personas a las que odias por una cuestión puramente genética". Y tiene razón. Algo parecido, pero en sentido contrario, podría decir Susan Boyle: una persona de las que la gente se mofa sólo por una cuestión genética. Brad es guapo, insultantemente guapo. Susan no. Y por ese reparto de genes al guapo le toca demostrar que además tiene talento. Y a la fea, también.

La escocesa Susan Boyle, de 47 años, deslumbró a público y jurado, el pasado 11 de abril, con su conmovedora actuación en el programa Britain's got talent de la TV inglesa. El vídeo de su intervención ha sido visto en Internet 186 millones de veces en menos de un mes. Ya cuenta con entrada en Wikipedia.

Tiene Susan una voz cálida y bella que emociona escuchar. Y un físico que no se corresponde con lo que se espera de una mujer aspirante a cantante televisiva. No hay sofisticación en su porte, no hay armonía en su rostro, por no cumplir no cumple ni con la edad para ser meritoria. Tal como es subió al escenario, y cuando todos estaban riéndose de su torpeza, de su atrevimiento, empezó a cantar y enmudecieron.

Conviene ver el vídeo -que algunas voces consideran preparado ya que, sin duda, habrá una preselección de candidatos y el jurado debería saber de sus aptitudes- para entender lo hipócritas que somos en este tema. Lo que nos sorprende es que una mujer tan vulgar -según las normas de belleza en vigor -haga una interpretación tan sublime. Llegó para ser el bufón y se transformó en princesa.

En su particular carrera hacia la consecución de su sueño, Susan se ha animado -asesorada por la peluquera de su barrio- a cambiar un poco. Se ha teñido el pelo, se ha depilado las cejas, se ha comprado ropa... Y a la cadena televisiva esa decisión le ha sentado mal. "No queremos una Susan glamorosa. No queremos cambiar a la persona de la que nos enamoramos" ha declarado cínicamente el director del programa. Está claro. No les interesa sólo la voz de Susan, quieren el paquete completo. La necesitan fea y desaliñada para dar espectáculo y arrastrar audiencia.

Ni Brad, ni Susan, ni nadie debería ser juzgado tan ligeramente por su apariencia. El talento está más allá del envoltorio. Sólo espero que Susan no se deje imponer criterios ajenos y sea todo lo guapa y feliz que quiera sentirse.

video

martes, 28 de abril de 2009

Los árboles de mi paisaje

Saltaba esta mañana por los titulares de algunos periódicos digitales pensando que cuando fallezca Mario Benedetti -que está hospitalizado, viejito y enfermo- me va a dar mucha pena, cuando me he encontrado con un muerto inesperado: Javier Ortiz.

Periodista, escritor y columnista certero. Sus comentarios críticos formaban parte de mi paisaje cotidiano. La retranca de sus mensajes era un ingrediente más de la dieta de lectura. Le tenía en mi lista de favoritos; esa que un día de estos -cuando tenga tiempo- voy a colgar para enlazarla desde este blog. Y de pronto, es tarde. Ni una letra más. Sólo queda consolarse repasando el archivo. ! Hay que ser grande y tener sentido del humor para dejar escrito tu propio obituario ! Javier Ortiz lo ha hecho (www.javierortiz.net).

De pronto, he recordado con que desamparo recibió mi padre la noticia del fallecimiento de James Stewart. Para mí era sólo un actor larguirucho que nos demostraba, normalmente por Navidad, qué bello es vivir, pero para él fue, sin duda, mucho más. Lo sentía parte de su biografía. La pérdida le tuvo apenado varios días.

Nos acostumbramos a que los otros, no sólo los queridos y cercanos sino todos los otros, estén siempre ahí. Y cualquier ausencia nos recuerda nuestra fragilidad. Es como cuando vas en coche repetidamente por el mismo recorrido y te conoces cada curva, cada elemento del paisaje. A veces ni te fijas pero esperas que todo siga igual. Necesitas la permanencia del entorno para tú moverte más tranquilo. Y si talan unos árboles o construyen un nuevo edificio o, de pronto, aparece un socavón que requiere obra, la falsa seguridad se tambalea.

Conviene reposar la mirada y no correr tanto. ¿Adónde nos lleva la prisa? Yo hoy me he cogido la tarde libre, para festejar y celebrar la vida. Por los Benedetti, los Ortiz y tantos otros árboles de mi paisaje. Y porque, como dice mi amiga Julia -que siempre se pide el primer turno de todas las libranzas- si llega de repente, que al menos me pille con las vacaciones disfrutadas. !Salud!

domingo, 19 de abril de 2009

Galletas de barro

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas -después de haber comido una exquisita merluza de anzuelo y un plato de fresones deliciosos - en este instante, hay personas en Haití que engañan el hambre con galletas de barro. Comen tierra secada al sol.

800 millones de personas sufren de subnutrición crónica (http://www.fao.org). Vamos a escribirlo otra vez para que quede más claro: ochocientos millones. La verdadera crisis mundial es el hambre y no la falta de liquidez o los fondos contaminados.

Cuando en 2000-2001 la enfermedad conocida como "mal de las vacas locas" hizo saltar las alarmas de la seguridad alimentaria, un país -Corea- lanzó una petición que no fue atendida. Solicitó que las reses que dieran positivo en los controles veterinarios no fueran destruidas sino que las enviaran para allá.

La petición tenía una base lógica: mata más el hambre. Su malnutrida población prefería comer carne contaminada y arriesgarse al contagio que, en cualquier caso - teniendo en cuenta el largo periodo de incubación de la enfermedad - les mataría más tarde que el hambre.

Hoy hemos sabido que 1.400 familias vascas perdieron sus casas en 2008 por embargo. Todo un drama. En periodismo, la diferencia entre el drama y la estadística -800 millones de hambrientos- estriba en la proximidad. A todos los hipotecados nos preocupan las dificultades del mercado, el euribor, el valor a la baja de los inmuebles... El hambre de los demás -aunque da mucha pena- se soporta mejor porque queda lejos.

Es evidente que nos importa mucho más nuestro dolor de muelas que la enfermedad terminal de vecino. Y esa manera de ser "humano" no la hemos inventado los periodistas.

sábado, 11 de abril de 2009

Un colchón de mentiras

Sobre una mentira se puede organizar una vida o incluso una sociedad. Dichas de la manera adecuada y a quien quiere oírlas, las mentiras salen a cuenta; se les puede sacar mucha rentabilidad.

Era mentira que Gernika la quemaran los rojos y la frase duró toda una dictadura. Hoy en día, bajo acusaciones mentirosas, un joven independentista puede tirarse años en la cárcel. Porque si pensar diferente es delito, o te convierte en cómplice del delito, todos podemos ser terroristas de alguna causa.

Es mentira que para trabajar en la Administración vasca sea obligatorio saber euskara. No hay que esforzarse mucho para encontrar numerosos funcionarios que ni saben ni tienen intención de aprender. Pero se construyen programas electorales sobre esa falacia. Y funciona.

Es falso que nuestra sociedad del bienestar no fabrique pobres. Son menos y no tan visibles como en otros lugares, así que recurrimos al autoengaño para que no se nos atraganten.

Los Reyes Magos son una mentira que contamos a los niños. Y abren los telediarios. Se diría que preferimos un cierto grado de merengosa mentira a la sinceridad absoluta: ácida, arisca y tan difícil de moldear.

A veces es mentira que quien quieres te quiera, pero te lo crees para dormir más tranquila.

domingo, 29 de marzo de 2009

Nuestra edad laboral

En esta época en que la juventud se estira como el chicle -hasta la gazte txartela se alarga a los 30- y la esperanza de vida aumenta convirtiendo en normal lo que antes era singular -morir muy viejo- resulta que la edad laboral es cada vez más reducida.

Dicho así, parece un motivo de alegría. ! Qué bien que vivamos más y trabajemos menos ! !Abajo las obligaciones y arriba el jolgorio! Pero la realidad es otra. Se retrasa la entrada al mundo laboral -paro juvenil muy elevado - y se adelanta la expulsión del mismo - prejubilaciones a los cincuenta- Y los nacidos sin patrimonio o herencia anhelamos un empleo porque con tantos años de vida también son más los gastos, y por aquí tenemos la costumbre de comer tres veces al día.

Pocas cosas son tan desesperantes como buscar trabajo. Hay que haberlo intentado para entenderlo. Además, ser mujer es factor de riesgo. Riesgo de ser expulsada de la selección en el primer asalto.

Licenciada, 39 años y madre. Comprueba que su edad es el único punto del currículum que interesa a la entrevistadora de Recursos Humanos (ejecutiva prepotente con la lección bien aprendida y un gran hueco en su sesera: o no se acuerda de que es mujer o cree que ella nunca tendrá más de 35). "Entenderás que es difícil que seas seleccionada; estás casi en los 40".

El mismo motivo te pone la primera en la lista de prejubilaciones. Que te guste lo que haces y quieras seguir no es algo a tener en cuenta; que lleves cotizando desde los 18 y la prejubilación suponga reducción de ingresos no es importante. Lo que hace más dolorosa la experiencia es la actitud de los compañeros/as: "Con 58 y sin hijos, chica, entiende que otros lo necesitan más".

Y lo cierto es que lo entendemos perfectamente. Hartas estamos de entender que cuando tocan a arrebato, cuando el "sálvese quien pueda" es el lema más interiorizado, en épocas de crisis, a más de uno/a le sale el instinto talibán y se corea al unísono aquello de "las mujeres a su casa", que no hay para todos y lo de cambiar el modo de reparto no interesa a los que siempre pillan trozo.

domingo, 15 de marzo de 2009

Afán de control

Hay personas, demasiadas, que en vez de basar sus relaciones, incluso las más íntimas, en la confianza las basan en el control. Duermen mejor sabiendo que un papel firmado les une obligatoriamente a su pareja o, al menos, hace más difícil la separación. ¿Cómo van a aceptar dejar en manos de una menor la decisión de contar o no con sus padres?

Eso y no otra cosa es lo que propone la futura ley del aborto al otorgar a las jóvenes mayores de 16 años la potestad de abortar sin conocimiento de los padres. Les da la opción de elegir si les incluyen en su decisión o lo resuelven solas.

Según las leyes vigentes una chica de 16 años puede casarse, someterse a una operación de cirugía estética y trabajar sin consentimiento paterno, pero lo necesita para hacerse un tatuaje. A esa edad tienen responsabilidad penal, pero no están autorizadas para comprar tabaco ni consumir alcohol. Aunque evidentemente lo hacen. Sin pedir permiso.

Algunas voces se levantan contra la reforma porque piensan que limita el papel de los padres, los excluye. Sin embargo, a poco que pensemos nos damos cuenta de que la confianza entre las personas no depende de lo que nos diga una ley sino del camino recorrido juntos. Y es así en todo tipo de relaciones.

Tras la apariencia de proteger a las menores se diría que a quien protegemos es a los adultos, de sus propias contradicciones y miedos.

¿Alguien cree que una joven que pueda confiar en la comprensión y el criterio de sus progenitores no les va a pedir ayuda? A los 16, a los 26 y a los 36..., siempre cuentas con los que sabes que te quieren y te respetan. Pides ayuda a quien crees que te la va a dar.

domingo, 8 de marzo de 2009

Ellos también saben

A. llega a casa del trabajo y recoloca en la cuerda la ropa que su marido ha tendido antes -una pinza aquí, otra allá- refunfuñando porque él lo hace siempre mal. "¿No se seca igual?" "Sí, pero no vas a comparar..."

J. tiene un niño de corta edad al que no ve despierto por las mañanas. Es el padre quien lo levanta, le prepara el desayuno y le ayuda a vestirse con la ropa que J. deja decidida la víspera. "Es que él le pone cualquier cosa" "¿El niño pasa frío?" "No, pero le da lo mismo que el jersey sea de cuadros y el pantalón de rayas".

M. es la única hija de cuatro hermanos. Su madre pasa de los 80 años y sólo quiere estar con ella. No se encuentra cómoda con los hijos; no la cuidan tan bien, están a sus cosas. Así que M. está resignada a no disponer nunca de tiempo propio. "Sólo echo de menos no haber tenido alguna hermana".

I. es madre primeriza de un bebé inquieto y llorón. Se despierta tanta veces por las noches que ya no recuerda la última vez que soñó. No le da tiempo, literalmente. Mientras, el padre de la criatura duerme a pierna suelta. "¿Cómo puedes dormir tan tranquilo? ¿Es que no le oyes?" "Bueno, yo confío en que tú te vas a despertar primero. Como tienes el sueño más ligero..."

8 de marzo. Publicidad de Emakunde: "¿Te imaginas que pasaría si las mujeres cuidadoras hicieran huelga?" Nada. No pasaría nada. Ellos saben cocinar y limpiar. Saben cuidar y cuidarse. Y si no saben pueden aprender.

Aunque quizá lo que pasaría es que si se hicieran cargo del cuidado lo convertirían en trabajo remunerado. Y estaría bien pagado.

domingo, 22 de febrero de 2009

El mapa de los deseos

En tiempos de crisis la venta de felicidad es un gran negocio. Recientemente, científicos de todo el mundo se reunieron en San Francisco (EEUU) para celebrar un congreso sobre la felicidad. Y lo hicieron a lo grande. Reconocidos sicólogos, sociólogos, neurólogos, terapeutas disertaron sobre la búsqueda del bienestar, intentando delimitar las causas por las que, en iguales condiciones, unas personas son más felices que otras.

La Psicología Positiva, con Martin Seligman a la cabeza, sostiene que el optimismo se puede aprender. Que podemos entrenarnos para ser dichosos. Y que las condiciones externas a nuestra voluntad no son determinantes. La parte práctica -el negocio- surge cuando un batallón de terapeutas monta consultas y organiza cursillos para ayudarnos, por ejemplo, a dibujar el mapa de nuestros deseos. Esos que conseguiremos a base de voluntad. Porque si queremos, podemos.

Suena tan ingenuo, tan naïf, tan helado de fresa...

Pero hay letra pequeña. De entrada, ya avisan de que no vale pedir ser más guapo o más rico. Entrenamiento sí, pero milagros no.

¿Y qué pasa cuando el mapa de tus deseos depende de las acciones de terceros? Conservar el trabajo o encontrar uno si lo has perdido ¿es cuestión de voluntad? ¿Y si lo que deseas a rabiar es que a otro le vaya mal? Que a El la novia le deje para ver si así te mira a ti. O que los tramposos -los que inventan normas y se las saltan con intención de ganar - pierdan, pierdan, pierdan. O que los maltratadores sientan reproducido en sus entrañas el dolor que causan.

Al parecer, cosas así no se deben desear si quieres ser feliz. Hay que aprender a disfrutar de lo que se tiene. Pero si sólo puedo desear conformarme con lo que soy en el mundo tal y como es ¿en qué se diferencia ese mensaje de la resignación cristiana?

sábado, 7 de febrero de 2009

¿Hay peor cosa que un jefe tonto?

Pues sí. Es mucho peor tener un jefe que se hace el tonto. Estos son más difíciles de descubrir y aún más difíciles de torear. (Aviso: no digo que sea un papel exclusivo de los hombres, pero los que yo he sufrido lo eran).

Físicamente tienen apariencia de sacristán. Son discretos. Amables en las formas pero fríos, faltos de sentimiento en el trato. Apenas hacen ruido. Por supuesto, nunca gritan. A veces su presencia pasa tan desapercibida que si el plano se paralizara por un momento se les vería agazapados en una esquina, como si pasaran por allí, no queriendo molestar. Tienen la habilidad de ausentarse cuando hay problemas. Van de "pobrecitos, faltos de carácter" pero sólo es una táctica para no verse obligados a tomar decisiones.

Cuando sienten el menor atisbo de peligro, no dudan al elegir bando. Siempre se ponen del lado del más fuerte, en la acera del poder. La máscara cae y se desdicen de todo, cambian actas de reuniones, borran de su disco duro los recuerdos, se escabullen, se arrastran, venden a su madre. Niegan que alguna vez la conocieran. Y siempre encuentran la cabeza de algún subordinado/a para entregar en bandeja.

Son colaboracionistas que babean ante el poderoso. Sorprenden en los momentos críticos por su capacidad de viraje. Entonces se entiende por qué suben, cómo llegan, de qué habilidades se sirven para mantenerse. Y sólo queda maldecirles, quitarles el disfraz, cuidarse de ellos.

Y recordar que la sotana la lleva el párroco pero la ayuda del sacristán, ciego seguidor de sus dictámenes, es inestimable.

viernes, 6 de febrero de 2009

Buzones limpios de propaganda

Cada vez son más los portales que lo tienen; un cartelito con la frase mágica: "Esta comunidad no desea propaganda". A veces hay también un recipiente, a modo de papelera, para que al repartidor le quede claro lo que puede hacer con su mercancía.

Podría parecer que se ha extendido el mensaje ecologista de reducir el consumo de papel y salvar árboles, pero no va por ahí. La propuesta suele partir de vecinos "cabreados" que al grito de "que nadie nos engañe, que no nos entretengan con tonterías" van sumando votos contra el enemigo repartidor de folletos.

Sin embargo, la publicidad no engaña. Los publicistas quieren convencernos de la excelencia de un producto, crearnos necesidades que taparemos con dinero. Recubren de fantasía nuestras carencias, manipulan la emoción, pero son sinceros. Siempre acaban descubriendo sus cartas.

Curiosamente, una parte del público que con tanto ahínco rechaza la propaganda es la misma masa que confía en los periódicos gratuitos. "Dicen la verdad, porque no son de nadie" (frase contundente escuchada a un anónimo en el metro y referida a la ausencia de editorial en los gratuitos) !Como si cada titular no fuera en sí mismo un editorial!

Hace un tiempo participé en un seminario en la que más de la mitad de los ponentes intentaba justificar que lo suyo no era hacer propaganda, sino educar en valores. Eran pedagogos, sicólogos, consultores varios que como no venden un producto sino ideas , como "tratan de concienciar y no de animar al consumo" se resistían a hablar de publicidad. Tan empeñados estaban en marcar las diferencias con los publicistas que daban un poco de pena. Defendían su inocencia con argumentos banales. Como el anónimo del metro.

La publicidad es la mala porque va de frente. Y somos tan listos que preferimos que nos coman el coco sin aviso previo.

domingo, 1 de febrero de 2009

Mujer con bolso

De jovencita no entendía porqué las mujeres llevaban bolso y los hombres no.
Yo no necesitaba nada para salir de casa. No llevaba llave, ni dinero - nuestra manera de pasar la tarde no incluía consumo-, ni siquiera pañuelos de papel. Iba ligera de carga y con las manos vacías.

Pero un día, no sabría precisar cuándo, eso cambió.
Ahora soy una mujer como las demás: una mujer con bolso.

En mi afán por aprender - es la actividad a la que más tiempo de mi vida he dedicado y lo que me queda- me fijo en los distintos a mí, por ver si su manera de gestionar los problemas me sirve de ayuda. Observo, comparo, analizo... Los hombres -ya sé que generalizar está mal pero a veces es inevitable- tienen comportamientos que envidio. La ausencia de bolso es uno de ellos. No es que no lo lleven, es que no lo necesitan.

Tengo la impresión de que los bolsos de las mujeres están llenos de soluciones a problemas de otros. Las madres, por ejemplo, llevan cochecitos diminutos y muñecas "playmovil" para entretener a sus criaturas. Hoy he visto a tres mujeres solas, en edad de ser abuelas, cada una en un banco, sentadas, mirando a la ría. Se apoyaban en sus grandes bolsos. Me habría gustado saber qué contenían.

Las mujeres llevamos en el bolso responsabilidades, preocupaciones -reales o inventadas- necesidades y hasta anhelos. ¿Acaso los hombres carecen de todo eso? No lo creo. Es simplemente que los reducen lo suficiente para que quepan en un bolsillo. Porque eso sí, sus ropas siempre, siempre, tienen bolsillos.