domingo, 31 de diciembre de 2023

El 2023 lo recordaré


Empecé el año cuidando de mi hija. Un agresivo virus intestinal nos impidió acudir a la celebración familiar. A continuación, fui yo quien enfermó y me pasé la primera semana de 2023, mis vacaciones, con décimas de fiebre y mal cuerpo. Y volví al trabajo.

El cansancio me acompañó todo el primer trimestre y finalmente, a finales de marzo, se hizo mi dueño. La gripe A y una posterior neumonía vírica me transportaron a un lugar al que, de poder elegir, no querría volver. La fiebre era tan alta y el agotamiento tan extremo que no podía hacer nada, más allá de esperar que pasara. Confiar en que pasara. Entendí, en carne propia, que el cuerpo humano, si no se mueve, se va convirtiendo en un guiñapo. Recordé a los dementores de Harry Potter, que te absorben la energía vital y la alegría, hasta dejarte vacío, a merced de la tristeza profunda y, supe, sin lugar a dudas, que J. K. Rowling se había inspirado en su propia neumonía. Sólo quien lo había sufrido conocía la inmensidad de ese vacío. No tenía fuerza para hablar, ni para leer, ni para protestar o preocuparme demasiado. Estaba tendida. Aislada. Esperando que el descanso y el tiempo curaran mi pulmón dañado.

Pasaron semanas y, poco a poco, fui mejorando. Salí de la cama, empecé a ver vídeos cortos de decoración, de cocina, de youtubers viajeros… Volví a leer. Y a pasear, despacio. Muy despacio, al principio. Como si otra persona, mucho más vieja, se hubiera apoderado de mi cuerpo. No tenía fuerza para subir escaleras. Mi cabeza se recuperó antes que el resto. Me leí, de corrido, los cuatro libros sobre Lucy Barton, de Elizabeth Strout. Me entusiasmé con su prosa. Ya no me dormía todo el rato. Empecé a ver series, capítulos enteros. Fui recuperando peso y las ganas de conversar. Miraba el mar y las flores y los árboles, miraba la primavera llegar y crecer, sin tocarme. Un día me desperté y sentí que la fuerza vital había vuelto. Tenía ganas, no obligación, de levantarme y de abrir un periódico, cualquiera, que me contara lo que ocurría fuera de mí. Me había curado.

En ese tiempo, cambiaron mis prioridades. De pronto, supe que quería dejar de trabajar y los años que me restan hasta la jubilación se me harán largos. Me hice más selectiva. Menos generosa con mi ocio. Redecoré la casa -de algo tenían que servirme los vídeos de consejos-, recordé que, con 15 años, había aprendido a hacer macramé. Lo retomé. Acabé dos tapices. Me dí cuenta de que hacer nudos de cuerda me ayuda a deshacer otro tipo de nudos. Volví a disfrutar de estar sola, y también de estar acompañada.

Agradecí tener un sueldo fijo y vivir en una sociedad con derecho a baja laboral y sanidad gratuita. Nacer en la parte buena del mundo es una suerte. Y más aún si tienes quien te cuide con cariño, como es mi caso.

Hice algunas comidas con amigas y amigos, aunque me perdí otras. En todas me sentí muy a gusto. La amistad es la red que te salva de caer, cuando el resto falla. No deberíamos olvidarlo.

Mi hija me dio razones para ser feliz. Le pasaron cosas muy buenas, que no cuento por respeto a su intimidad. Tuve, y tengo, la suerte de tener en mi entorno niños y niñas que me contagian su entusiasmo y su ilusión. Y, aunque a veces me toca hacer de “señora mandona”, me quieren un montón y me regalan su alegría.

En 2023 no pude ir a Italia, pero estuve en Ainhoa, y en Baiona. Y en Bermeo. Y en Francia, dos veces. En julio, hice un viaje con parte de mi familia. Fuimos al parque Disneyland y a París. Subimos a la torre Eiffel, navegamos por del Sena, visitamos mi barrio favorito (Le Marais), nos sacamos fotos en la Place des Vosges. Comimos crepes y helados. Y nos reímos. Nos reímos mucho y también nos cansamos. Fueron unas muy buenas vacaciones. De las que se recuerdan.

Tomé el sol en el balcón, monté muebles, hice postres ricos. En agosto me contagié de coronavirus. No fue leve, pero después de la neumonía me pareció muy soportable. Escribí poco. Leí más. No puedo decir que mucho, porque con los libros me pasa como con el chocolate, nunca me parece bastante. El verano se fue en un suspiro.

Trabajé. Y trabajé. Y me aburrí de trabajar. Cambié de operador de telefonía (lo pongo en este resumen porque fue muy laborioso). Redescubrí lo que ya sabía: gestionar lo doméstico, con sus averías y contratiempos, ocupa gran parte de la vida de las mujeres. Esos listados de pendientes urgentes por resolver me comen la moral. Vi películas malas y algunas, pocas, buenas. Puse temporizadores en varias aplicaciones de mi móvil, para perder menos tiempo, -menos vida-, en redes sociales y otras tonterías. Escuché muchos pódcast, casi todos prescindibles. Vacié un trastero. Regalé algunas cosas, otras, simplemente, las tiré.

Llegó diciembre. Me escapé a Albi, a visitar su impresionante catedral y el museo de Toulouse Lautrec. Allí me propuse volver a estudiar francés. A la vuelta, aparqué la idea. Acabé el mes en un concierto de mi cantante favorito, en mi ciudad favorita. Sintiéndome muy bien. Y recordando una reflexión del libro “No me acuerdo de nada”, de Nora Ephron: Darme cuenta de que me quedan solo unos años buenos me ha impactado sinceramente y me ha dado mucho que pensar”.

Sed felices.











sábado, 21 de enero de 2023

!Quiérete y baila!


Miley Cyrus- Flowers 

Amo esta canción. Me hace bailar y estar contenta, como a Diane Keaton, ... !Qué grande!



sábado, 31 de diciembre de 2022

Cada día, su afán

Hay una convención según la cual hoy toca desear felicidad a la gente próxima y no tan próxima. Cambia de cifra nuestro calendario y comemos uvas, o lentejas, nos ponemos bragas rojas y repartimos besos a medianoche. Es una manera de celebrar que el año se acaba y nosotros seguimos. Vivos y con esperanza de mejorar.  

También es el momento de los resúmenes y las listas de buenos propósitos. Y de estrenar agenda. 

Aunque soy aficionada a resúmenes, listas y agendas, he llegado al 31 de diciembre sin ninguna de las tres cosas resuelta. Así que voy a intentar ponerle remedio ahora, para que la estudiante aplicada que habita en mí se tranquilice. 

Mi 2022 ha estado lleno de imprevistos (obras domésticas no deseadas, traslados varios, visitas a hospitales, despedidas, separaciones...). No ha sido un año malo -esas situaciones se han ido resolviendo más o menos favorablemente-, pero sí ha estado lleno de obligaciones y de incidencias no agradables. He gastado mucha energía en buscar alternativas. 

Cerré mi cuenta de Twitter en enero- asqueada del ruido y la violencia verbal-, he dejado Netflix y no me he acercado a este blog. He leído. En papel. (Os dejo unas fotos con los libros leídos y comprados; otros han sido de préstamo por lo que no están ahí). Sólo he cumplido una de mis intenciones del pasado uno de enero. El resto ha ido corriendo por el calendario, esperando encontrar el tiempo o la voluntad. 

Mi agenda en 2023 supongo que seguirá igual de apurada que este año y que todos los que me queden hasta conseguir un sueldo sin necesidad de cambiar dinero por tiempo (jubilación o lotería). Cada jornada tendrá su afán y me gustaría poder resolverlo sin enredarme ni amargarme con pequeñeces.

"Cada día es un regalo", la reflexión es de un amigo que este año las ha pasado canutas. Mi propósito para el año que empieza es valorar el regalo. Bailar siguiendo el movimiento de mi aliento. Mi propio y único movimiento.

Os deseo lo mismo. Dejad que entre la vida, dejadla salir y disfrutad de la pausa. 










jueves, 30 de diciembre de 2021

BAM 9: izarren hautsa / polvo de estrellas


Seguir la emisión del Concierto de Año Nuevo es una costumbre muy arraigada en mi infancia. Así es como pasábamos la mañana del día primer del año, jugando por casa, con la tele encendida y el ritmo de los valses vieneses de fondo.

No descubro nada si digo que el tiempo vuela. Un día estamos celebrando el nochevieja, y, a continuación, las horas de luz empiezan a alargarse y nos plantamos en primavera. El verano se pasa en un suspiro. Con el inicio de curso estamos otra vez sacando los abrigos del armario y haciendo planes destinados a no cumplirse.

Hace nada entramos en el 2000 y en mi nueva agenda marca 2022.

Claudio Magris, en “El infinito viajar”, cita a la que fuera su esposa Marisa Madieri.

Nosotros somos tiempo cuajado, dijo en cierta ocasión Marisa Madieri. Y no sólo cada individuo, también cada lugar es tiempo cuajado, tiempo múltiple. Un lugar no es sólo presente, sino también ese laberinto de tiempos y épocas diferentes que se entrecruzan en un paisaje y lo constituyen; así como pliegues, arrugas, expresiones excavadas por la felicidad o la melancolía, no sólo marcan un rostro sino que son el rostro de esa persona, que nunca tiene sólo la edad o el estado de ánimo de aquel momento, sino el conjunto de todas las edades y todos los estados de ánimo de su vida”.

Tiempo cuajado. Se me ha quedado grabado.

¡Disfrutémoslo! Tanti auguri   


miércoles, 29 de diciembre de 2021

BAM 8: fue un flechazo


Todos somos frikis de algo. Yo tengo una debilidad por Italia. Visité por primera vez  la Toscana en 2002 y me enamoré, pero no de la cúpula de Brunelleschi  sino del idioma. Desde entonces vuelvo siempre que puedo. Como las pasiones no tienen explicación, no voy a intentar buscar razones a la mía. Allí me siento a gusto, es como si el lugar me acogiera.

Tengo a mi entorno un poco harto con esta manía mía y es normal. De Italia me gusta hasta la canción del verano. Estoy abducida. 


martes, 28 de diciembre de 2021

BAM 7: la nostalgia no es por el lugar sino por el tiempo


Alguien escribió, creo que fue Borges, que la nostalgia no se siente por lo que ocurrió en un tiempo y en un lugar, sino por lo que nosotros éramos entonces. O lo que recordamos de lo que éramos, añadiría yo.

En general, nos contamos nuestro pasado con condescendencia. Somos complacientes con nuestro yo de ayer.  Y está bien.  Los recuerdos nos construyen así que mejor si guardamos los buenos. Pero la vida siempre es presente.  A mí  también me gusta mirar por el retrovisor pero nunca con ganas de retroceder.


lunes, 27 de diciembre de 2021

BAM 6: mientras pueda bailar


No sé si la culpa fue del cha cha cha de Gabinete Caligari, o del merengue de Juan Luis Guerra, pero yo un día me arranqué a bailar y no he parado.

Moverse al ritmo de la música produce muchos efectos positivos en el cuerpo y en la mente: rebaja el estrés, alegra el ánimo, mejora la concentración… Bailar es una gozada. Y cualquiera puede hacerlo. De una manera sofisticada como la pareja del tango o a saltitos verbeneros, como en Sarri Sarri. La cosa es moverse.

Comparto la visión inclusiva de la danza que tenía el gran Antonio Gades: “la gente piensa que para bailar hay que ser joven, guapo, alto, delgado… Para nada es así. Bailar es expresar un sentimiento y lo puede hacer cualquiera”.


domingo, 26 de diciembre de 2021

BAM 5: zu bezalako haurrek..


Ser madre es lo que más satisfacciones me ha dado y, sin duda, lo que mejor me ha salido. Esta es la canción –una de ellas- con la que dormía a mi bebita. La niña ha crecido y ahora es ella quien me regala su música Perlak, Mice, Birkit


viernes, 24 de diciembre de 2021

BAM 4: entre Bilbao y Donostia, vida en tránsito


Una gran parte de mi tiempo lo paso en la carretera, como los viejos rockeros, autopista arriba y abajo. La A-8 es como el pasillo de mi casa. Y la AP-68, el patio donde cuelgo la ropa. En los días libres me gusta ir de excursión a Baztan o a Biarritz. Tanto trasladarme de un lado para otro me ha hecho tener una relación especial con el espacio y la geografía. En unos sitios soy y estoy, en otros solo puedo estar.

Si tuviera que elegir un lugar al que volver una y otra vez, en un hipotético día de la marmota, sería Donostia.  Es única. De una belleza tan tranquila y equilibrada... En un concurso de miss ciudad bonita rivalizaría con Venecia, sin duda, pero la tamborrada  me aburre. Marijaia es mi diosa. Las mejores fiestas son las de Bilbao (aunque la fama se la lleven los sanfermines). 

Piques deportivos aparte, somos muy parecidos. A mi extensa familia solo le cuesta ponerse de acuerdo en una cosa: la hora de la comida.


jueves, 23 de diciembre de 2021

BAM 3: canciones de amor y otras


Cuando era una alumna de liceo estudié francés. Tuvimos una profesora muy vieja y muy joven a la vez (tenía muchos años y un espíritu totalmente infantil) que defendía que cantar es una manera estupenda de aprender un idioma. Y así pude conocer  temas preciosos como La mauvaise reputation de Georges Brassens o La métèque de Georges Moustaki . Y también la más desoladora canción de amor nunca escrita:  Ne me quitte pas de Jacques Brel.

Déjame convertirme en la sombra de tu sombra, en la sombra de tu mano, en la sombra de tu perro. No me abandones.

Súplica desgarradora, romántica y tóxica.

Es muy fácil atormentarse por el desamor, pero cuando se acaba se acaba. No es necesario mentir. Acéptalo y sigue adelante, como dice Alaska.


miércoles, 22 de diciembre de 2021

BAM 2: el día que Ruper Ordorika nos habló


Si, en caso de incendio o inundación, solo pudiera elegir salvar un disco, uno solo, sería este de Ruper Ordorika. Me enamoró. Escuchaba una y otra vez la cinta casete. Cuando ya no dio más de sí la sustituí por el CD, pero, en cualquiera de los soportes, esta obra ha viajado siempre en mi coche y se ha trasladado conmigo por todas mis residencias.

En otra ocasión os contaré el día que un chico con un guitarra nos preguntó cómo llegar al teatro donde tenía que actuar. El era un cantante desconocido y nosotras unas crías en una plaza.

En este punto, algunos me preguntaréis dónde he dejado Lau teilatu de Itoiz o Gaztelugatxe de Oskorri, canciones preciosas y evocadoras, pero Ruper es mucho Ruper .


martes, 21 de diciembre de 2021

Breve autobiografía musical (BAM): la niña Disney que se miró en el lago


Todos los años tengo el mismo dilema ante la lista de regalos navideños: ¿es mejor preguntar a la gente cercana qué quiere o jugar a la sorpresa?  

Cómo no puedo saber qué esperáis  vosotros,  -ni tampoco puedo preguntaros-, he decidido regalaros una selección musical, a modo de autobiografía.  Hasta final de año publicaré canciones que me dicen algo, bastante, y me apetece compartir. ¿Suena un poco vanidoso? Pues, claro. No hay bloguero sin vanidad. ¿Cómo sino puedo pretender que alguien le interese lo que escribo?

Empezando por el inicio, tengo que reconocer que fui una niña Disney que cantaba el superfragilisticoespialidoso, aunque con el pasar de los años me gustó y me sigue gustando más el voy a holgazanear de Pipi Calzaslargas. Es una de mis canciones favoritas.  Por el mensaje, sobre todo.

Pero saltémonos la infancia y a los cantautores – ¿entenderán mis sobrinos qué es eso del cantautor?- He estado tentada de elegir  Al Alba de Aute pero me sale mucha tristeza y no quiero daros el día.

Así que he elegido a Triana. En recuerdo de esa chavala que fui.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Treinta y tres cajas grandes


Algunos deseos infantiles se nos olvidan. Surgen otros, más importantes en apariencia, y los van desplazando. Yo de pequeña quería tener muchos libros. Dinero para comprarlos, una estancia propia donde guardarlos y tiempo para leer, y leer, y leer. “Esta niña abre un libro y se le olvida comer” decía mi madre, en tono de reproche.

Un percance doméstico con fuga de agua incluida nos ha obligado a vaciar la sala y a vivir algo incómodos durante semanas. El mayor problema ha sido la recolocación, en un lugar seguro, de los libros que hemos ido acumulado en una vida –no somos jóvenes;  el Servicio de Salud se encarga de recordárnoslo a menudo-.

Ha habido que alquilar un trastero para guardar el contenido de dos largas estanterías que ocupaban las paredes. Treinta y tres cajas grandes de libros. Lo de grandes no es exagerado. Miles de ejemplares. Ordenados por idioma y apellido.

Nunca habría imaginado que les tenía, les tengo, tanto apego.  De algunos pocos, recuerdo cuándo los compre o quién me los regaló, en qué situación los leí. Cuánto me ayudaron.

Cuando se los llevaron supe lo mucho que los apreciaba. Ha quedado un extraño eco en la estancia. Un vacío inquietante. Faltan las palabras de tanta gente talentosa que escribió para que otros disfrutaran.

Como dice Coque Malla en esa preciosa canción, vivimos solo una vez  y todo es fugaz. Yo he pasado muchas horas buscando, comprando y leyendo.  Puedo decir que aquel anhelo infantil se ha cumplido.

Estoy deseando que vuelvan a casa mis libros. Con ellos me siento acompañada.

 

 


lunes, 6 de septiembre de 2021

Reiniciarnos


Me ha entristecido mucho la muerte de Olatz Vázquez. No la conocía más allá de las redes sociales, pero el relato de sus vivencias en instagram, la manera de narrar su día a día, era tan íntimo y artístico... Tocaba muy dentro. 

Deseaba un final feliz para la enfermedad de Olatz. Y a la tristeza se ha sumado la rabia, porque no hubo diagnóstico a tiempo. Nunca sabremos si de haberla atendido antes el desenlace hubiera sido otro. 

Lo que sí sabemos es que la atención sanitaria pública está muy resentida y que el coronavirus es la excusa para todo. Pero hay otras enfermedades, otros dolores, otras tragedias... ¿No os parece que el covid-19 está ocupando demasiado espacio y tiempo en nuestras vidas? Se ha convertido en un bucle sin final. 

Encaramos un nuevo inicio de estación y es momento de marcar prioridades, personales y colectivas. No podemos aceptar perder servicios y derechos que teníamos en 2019; hay que sacudirse el síndrome sicológico de la pandemia y recuperar lo que éramos.

Tenemos la posibilidad de reiniciarnos con cada despertar. 

Quiero veros bailar. 

viernes, 25 de junio de 2021

A cara descubierta


Nos quedan muchos más

regalos por abrir.

Monedas que, al girar,

descubran un perfil

que empieza en celofán

y acaba en eco. 


He elegido una canción que me emociona -sobre todo la percusión final- para dar la bienvenida al tiempo sin mascarilla. 

Han sido meses de perdernos muchas sonrisas. Echaba de menos sentir el viento en la cara cuando camino -hoy retorno a las escaleras hacia el acantilado-, y, aunque sea provisional, este relajamiento de las medidas lo voy a disfrutar. Vaya que sí. 

Yo no suelto la mascarilla - he comprado una cinta para llevarla colgando-, pero quiero acostumbrarme de nuevo a las caras con dientes y papadas. Puede que os vea a todos más flácidos y viejos, puede que me encontréis menos guapa, pero lo asumo; es preferible la fealdad a la asepsia. 

Porque necesitamos ver el final de los días raros. Reencontrarnos. Y vivir el verano. 

domingo, 9 de mayo de 2021

La patria era el bar



Lo siento por el personal sanitario. Tanta admiración y aplauso, y ahora les dejamos a su suerte. Son los mayores damnificados de esta lucha entre poderes: el político, el judicial, el económico...

El mensaje fue claro desde el inicio, pero con el shock del confinamiento no supimos, o no quisimos, interpretarlo: había que aprender a convivir con el virus. O sea, acostumbrarse. Se nos exhortaba  a hacer hueco en nuestra vida cotidiana para las mascarillas, la distancia personal, las cifras de contagios, los confinamientos por contacto, los ingresos en UCI y la muerte. A cambio, nos han ofrecido desinformación y regañinas, junto con promesas de una mejora a plazos que, como el mar, funciona por mareas: ola arriba, ola abajo.

El reforzamiento y la mejora del sistema público de salud quedaban aplazados para tiempos mejores. 

Y así  hemos llegado hasta aquí, mentalmente exhaustos, cada cual aferrado a su argumento, para descubrir que el terreno a defender era el bar. La libertad de consumir y hacer caja le ha ganado la batalla a la solidaridad. 

A partir de ahora, que se mueran los feos que ya tenemos nueva diana: las personas que voluntariamente decidan no vacunarse van a ser señaladas como apestadas. Porque nada une más que un enemigo común. 





lunes, 8 de marzo de 2021

De pronto, hace un año de todo


A la pantalla de mi móvil saltan imágenes de mi vida hace ahora un año. La víspera de que la pandemía nos mostrara su rostro, tuve un fin de semana de celebraciones familiares y de amistad. Más de 20 personas en torno a una mesa, hablando, comiendo, riendo, tocándonos... 

Las fotos muestran personas ajenas a contagios y cuarentenas. Después llegarían el confinamiento y el teletrabajo. Y la convivencia con una enfermedad que ha puesto la cotidianidad patas arriba y nos ha mostrado, crudamente, las costuras de nuestras certezas.

¿Entonces éramos felices? Visto desde el ahora, sin duda. Y hoy ¿lo somos? Cada cuál tendrá que buscar su respuesta. 

Yo me he hecho una lista de las cosas positivas que, para mí, ha tenido el 2020. Son varias e interesantes. Quizá habría llegado al mismo lugar sin la pandemía, nunca lo sabré.

Lo que sé es que en este periodo extraño y difícil he desarrollado mucho mi capacidad para el disfrute; me he hecho más selectiva en cuanto a las compañías, los lugares y los tiempos; más sensible (el calor me parece más cálido, el aire, más fresco), y aprecio mejor los afectos y el silencio. 

A ratos, diría que todo consiste en resistir. Y en eso las mujeres como yo estamos entrenadas.




domingo, 14 de febrero de 2021

Mantieni il bacio



Es el amor el que nos salva de la herida del mundo 

 È l'amore che ci salva dalla ferita del mondo. Mantieni il bacio letra traducida. Michele Bravi.



domingo, 20 de diciembre de 2020

Nueve meses sin veros sonreír


Para empezar hay que aclarar que estamos bien _ ¿En casa todos bien?_ es la pregunta obligada, _ Sí, sí, de momento, bien_ respuesta que indica que no ha habido contagios o, si ha ocurrido, los daños no han sido irreparables. 

Así que tenemos mucha suerte, porque de las tres cosas de la vieja canción (salud, dinero y amor) mantenemos saldo positivo en todas. Justito, quizá, pero sin números rojos. 

Una vez dicho esto, -los suertudos que somos-, entramos en la zona de la queja, el malestar y el resentimiento contra este tiempo -nueve meses ya- de vida con restricciones, en alerta, del trabajo a casa y de casa al trabajo...

La anormalidad de no relacionarnos, de no tocarnos, de no besarnos, nos ha convertido en seres frágiles y tristes. Afortunados y, sin embargo, taciturnos y temerosos. 

Espero que este año extraño haya servido, al menos, para entender cuánto significamos los unos para los otros. 

Os he echado de menos. Cuidaos y seguid resistiendo. Nos vemos en el 2021. 


viernes, 23 de octubre de 2020

Ellos, nosotras, todos

Ellos, líderes mediocres y feroces, tienen un discurso: hay que aprender a convivir con el virus. Lo que se traduce en: hay que acostumbrarse y aceptar la muerte y el sufrimiento causados por el covid-19. Y nos instan a seguir impulsando la rueda. Que no pare. Es responsabilidad individual no infectarse. Nos dan recomendaciones para luego abroncarnos por no cumplir. "Te lo dije. La culpa es tuya, por ser débil, viejo, pobre...". Selección natural.

Nosotras, personas afectadas y perplejas, sentimos rabia y miedo. Nos creíamos a salvo. Protegidas por un sistema eficaz, que se ha desvelado insuficiente, incapaz, lleno de fallos. Entre la incredulidad y la negación, no acabamos de asumir la realidad: nuestras vidas de caramelo, dulces, brillantes, frágiles, no nos aseguran un mañana. El futuro nunca fue una certeza. Para nadie. 

Todos, parte de esta mierda de sociedad, deberíamos reflexionar sobre la ausencia de ética, exacerbada por el egoísmo al alza, que nos anima a pensar, a creer, a decir que los que sucumben son mayores y enfermos, previamente tocados por otras dolencias. Son los otros, los excedentes. No productivos demandantes de recursos. Ausencias asumibles, mientras no caigan cerca. 

Todas nosotras, personas anónimas, somos la causa de que ellos sean los líderes. Les hemos puesto ahí. Seamos x o y, formamos parte de la ecuación. La incógnita no se despejará sin nuestra participación. !Hagamos algo! Algo que nos humanice, algo que cuando todo pase  -siempre pasa-  los que queden -siempre queda alguien- puedan contar sin avergonzarse. 

Somos mortales. Tenemos final. Pero el cómo y el cuándo importan. Demostremos que importa. Que nos importan.