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viernes, 23 de octubre de 2020

Ellos, nosotras, todos

Ellos, líderes mediocres y feroces, tienen un discurso: hay que aprender a convivir con el virus. Lo que se traduce en: hay que acostumbrarse y aceptar la muerte y el sufrimiento causados por el covid-19. Y nos instan a seguir impulsando la rueda. Que no pare. Es responsabilidad individual no infectarse. Nos dan recomendaciones para luego abroncarnos por no cumplir. "Te lo dije. La culpa es tuya, por ser débil, viejo, pobre...". Selección natural.

Nosotras, personas afectadas y perplejas, sentimos rabia y miedo. Nos creíamos a salvo. Protegidas por un sistema eficaz, que se ha desvelado insuficiente, incapaz, lleno de fallos. Entre la incredulidad y la negación, no acabamos de asumir la realidad: nuestras vidas de caramelo, dulces, brillantes, frágiles, no nos aseguran un mañana. El futuro nunca fue una certeza. Para nadie. 

Todos, parte de esta mierda de sociedad, deberíamos reflexionar sobre la ausencia de ética, exacerbada por el egoísmo al alza, que nos anima a pensar, a creer, a decir que los que sucumben son mayores y enfermos, previamente tocados por otras dolencias. Son los otros, los excedentes. No productivos demandantes de recursos. Ausencias asumibles, mientras no caigan cerca. 

Todas nosotras, personas anónimas, somos la causa de que ellos sean los líderes. Les hemos puesto ahí. Seamos x o y, formamos parte de la ecuación. La incógnita no se despejará sin nuestra participación. !Hagamos algo! Algo que nos humanice, algo que cuando todo pase  -siempre pasa-  los que queden -siempre queda alguien- puedan contar sin avergonzarse. 

Somos mortales. Tenemos final. Pero el cómo y el cuándo importan. Demostremos que importa. Que nos importan. 





jueves, 14 de mayo de 2020

Desconfinamiento: LA CONFUSIÓN

El gran error de la comunicación gubernamental en este momento de salida de la madriguera es no explicar crudamente la realidad.

Dulcifican el mensaje, para intentar agradar supongo, y acaba pasando que nos enredamos en si las franjas horarias son buenas o malas para nuestros intereses personales, si la mascarilla es más o recomendable y/o soportable, que si las terrazas, que si las fiestas patronales...

Todo se simplificaría si dijeran alto y claro cuál es la diferencia entre ahora y hace dos meses.

Repasemos: el virus es el mismo - igual de contagioso y desconocido-, tratamiento no tenemos; vacuna, tampoco. Lo distinto es que gracias al confinamiento se ha reducido de manera considerable la velocidad de contagio y, en caso de enfermar, tendremos una cama en el hospital. O sea, hemos superado la fase de colapso del sistema sanitario.

Eso es todo. Igualmente podemos enfermar, pero, al ser menos, nos pueden cuidar mejor.

La tan anhelada normalidad es una ilusión. El riesgo no ha bajado. Si suben los contagios volveremos a la casilla de inicio.

A no ser que queramos aceptar como normal al COVID-19, sus cifras diarias de mortalidad y una asistencia sanitaria selectiva, atendiendo a las personas según criterios de productividad.

Algunas voces ya han perdido la vergüenza y lo declaran sin pudor: que se mueran los viejos. Y si la cifra final resulta poco estética, dejamos de contarlos.

Ellos hablan, y el resto ¿cuándo pasaremos de aplaudir a reivindicar?

jueves, 23 de abril de 2020

Confinamiento día 40: EL MIEDO

!Quién lo iba a decir! Han pasado 40 días y tengo más miedo que al principio.

Es un temor distinto. Más sutil, más escondido, más domesticado, pero real. Miro mal a las personas que se me acercan en el súper, me cabrean los que se saltan el encierro, y me producen urticaria los telediarios.

Estoy más vulnerable que al inicio de la cuarentena. ¿Será una consecuencia de la reclusión? A falta de relaciones sociales, me siento más cómoda y segura en la soledad de mi casa que en las calles vacías. Me va a costar salir.

Entiendo que los italianos empapelaran balcones y paredes con "Andrà tutto bene" (todo irá bien). Yo también necesito un mantra que ilumine y tranquilice mi mente.











lunes, 13 de abril de 2020

Confinamiento día 30: PRIVILEGIADOS Y QUEJICAS

Estoy molesta con la gente que solo piensa en si misma, Y son muchos.

Hay un toque elitista insoportable en lo de quejarse compartiendo fotos desde la terraza soleada. Si tienes una habitación propia en una casa amplia, confortable y con vistas, !cállate! Que las crisis no son iguales para todos. El tener y el no tener marcan, siempre, la diferencia.

Si  tienes la suerte de poder teletrabajar, acuérdate de los que hoy se reincorporan, porque la patronal así lo ha decidido. Si tienes el sueldo asegurado, a pesar de los pesares, aún con más motivo tienes que estar agradecido. Y callado.

Si estás en casa, sano y con posibilidad de aburrirte eres un privilegiado. !Deja ya de intentar dar pena!

Qué decir de los  jubilados que se la pasan pensando en cómo hacer trampa para salir de casa. !Puro egoísmo! !Hasta el moño me tienen!

Menos aplausos a las ocho y más conciencia. !Leñe!

martes, 24 de marzo de 2020

Confinamiento día 10: ¿QUIÉN MANDA AQUÍ?





Leo que el vicegobernador de Texas ha dicho que los abuelos de los Estados Unidos están dispuestos a morir de coronavirus para salvar la economía y me sangran los ojos. Hoy mi estado de ánimo es como una montaña rusa, sube y baja por pronunciadas pendientes. !Cuántas barbaridades más tendremos que escuchar en esta crisis!

Vale que debemos ser responsables y solidarios, y que tenemos que aceptar que nuestra actitud es parte de la solución, pero no perdamos la perspectiva, por favor. Estamos obligados a limitar nuestra movilidad. Eso no incluye renunciar a la libertad de pensamiento. Hay que abrir el foco. No renunciemos a la capacidad de crítica.

Disfrutemos de la libertad creadora reinvindicada por Astor Piazzolla, el gran compositor argentino: Libertango.



domingo, 22 de marzo de 2020

Confinamiento "flexible" día 8: DÍA A DÍA, PASO A PASO




¿Habéis leído Momo, de Michel Ende? Es un libro precioso.  Os traigo un fragmento de la película en la que Beppo el barrendero explica a Momo cómo hay que afrontar un trabajo, una labor, una vivencia, sin agobiarse.

Cuando estás ante una calle terriblemente larga, te parece que nunca podrás acabarla. Por eso no hay que pensar en toda la calle de una vez, sino en el siguiente paso. Solo en el siguiente. Nada más que en el siguiente. Y así, paso a paso, barrida a barrida, se llega hasta el final.

La misma idea, pero contada de diferente manera, la utiliza Peter Bregman en su libro "18 minutos". Un estudiante tiene que dibujar unas láminas de pájaros, pero, aunque ha tenido un plazo largo para realizar el trabajo, lo ha dejado para el último momento y está al borde de las lágrimas, frente a al papel, inmovilizado por la inmensidad de la labor. Su padre, le consuela y le dice que solo hay una manera de vencer el reto: "Pájaro a pájaro".

Estamos al inicio de una carrera de fondo. Aún no sabemos a cuántos días está la meta. Pero la única manera de salir de esto sin perder la salud mental es hacer caso a Beppo. Hay que concentrarse en el momento, en el presente. Sin perder el aliento.




lunes, 16 de marzo de 2020

Confinamiento "flexible" día 2: EL TELETRABAJO ES UN CUENTO

Hoy, lunes laborable, vamos a comprobar hasta que punto teletrabajar es una fantasía para miles y miles de personas. Los vehículos particulares tomarán las carreteras y a los mismos a los que ayer se les exigía quedarse en casa se les obligará a acudir al puesto de trabajo, !Es la economía, amigo! La salud es lo primero, pero no para todos.

Vivimos en una ilusión.  La normalidad para unos es un deseo inalcanzable para la mayoría. Esta situación excepcional deja en evidencia que en nuestro día y día hay clases. Clases sociales, de las de toda la vida. Para empezar, no todas las personas tienen una casa en la que confinarse.

Pero no nos pongamos tiquismiquis. Hay albergues municipales. Aceptemos que en esta situación todo quisqui tiene donde cobijarse. Vamos a centrarnos en la población activa. Algunas personas podrán trabajar desde casa, seguro que sí, y es estupendo, pero hay una larga lista de oficios y tareas que no se realizan por Internet.

Sabemos que las vacas no se ordeñan solas, ni las verduras se teletransportan a la tienda. Para llenar la despensa dependemos del primer sector -nunca suficientemente valorado- , de transportistas y reponedoras; de cajeras -¿cuántas interacciones puede llegar a tener una cajera en su jornada laboral?- Las limpiadoras, con su discreta e imprescindible labor, no pueden quedarse en casa sin que se note. Así que para alimentarse y mantener la higiene lo digital no nos vale.

Pongamos la vista en una gran empresa: la oficina se puede trasladar, pero la cadena de montaje no. No quiero aburriros, haced vuestras propias listas. Esta es una buena ocasión para reflexionar sobre la diferencia entre valor y precio. Quizá, seguramente, los imprescindibles no son los mejor pagados. ¿Cuánto cobra un/a influencer? ¿Y un/a tertuliana del cotilleo?







viernes, 28 de diciembre de 2018

...Y quitan las cabinas telefónicas

Este año se me ha ido exageradamente rápido. El correr frenético de los meses me ha pillado tan desprevenida que no podía creerme que mi viejo coche tuviera que pasar de nuevo la ITV, cuando ha llegado diciembre. Habría jurado que acababa de superar la inspección. Si no fuera porque tengo una agenda en la que apunto todo y a la que le quedan tres páginas en blanco no me creería que 2018 se acaba.

Los cambios a mejor, la buena salud, la ausencia de problemas gordos o todo a la vez, no sé el motivo, pero lo cierto es que el año ha fluido y yo con él. ¿Soy solo yo la que siente que a partir de los 40 la vida coge velocidad?

Estos últimos días, antes de entrar en el 19, los he dedicado a limpiar con paciencia y en profundidad diversos armarios. He recuperado objetos que creía perdidos y he tirado otros muchos que no guardan ya ningún sentimiento, solo polvo. Y me he enfrentado a la que era yo hace unos cuantos años. Me he reencontrado en fotos, escritos, lecturas... Es bonito y extraño reconocer a la que fui.
,
Mi hija me ha dicho-ya ha llegado también ese día- lo joven que se me ve en las fotos de hace una década y he comprobado que mi caligrafía es cada vez peor y tampoco escribo cosas más interesantes ahora...

En fin, que en medio de un repaso sereno de los años pasados de mi vida - !tenía guardados apuntes del año 2000 !- me llega la noticia de que las cabinas telefónicas tienen sus días contados y ahí ya sí, me he sentido prehistórica. Porque llamar desde una cabina era algo usual antes de que llegaran los móviles -que no han estado siempre- y a ver cómo haré para explicar a mi sobrina recien nacida que hubo una época en la vivíamos sin el teléfono en el bolsillo y, además, no había aparato en todas las casas. Por eso las cabinas eran importantes. Le va a a sonar tan lejano como a mí los lavaderos municipales.

Me despido del año viejo y recibo el nuevo asumiendo que solo tenemos el presente y la juventud es un estado de ánimo (para los mayores de 35 básicamente; los otros no lo ven así) y los recuerdos pueden resultar un cálido cobijo en días de frío pero no conviene abusar.

Os deseo que acertéis en la elección de qué tirar y qué conservar para seguir caminando con un equipaje ligero de obligaciones y repleto de afectos.

 Y de regalo: un poema de Sarrionandia, musicado por MICE.





domingo, 9 de julio de 2017

¿La nostalgia es un error?





 !Cuánta belleza en la voz de Yves Montand! Como diría un amigo italiano, si al escucharla no te estremeces es que no eres humano.

La he buscado en el cajón de las canciones perennes para provocarme a mí misma una nostalgia suave, una tristeza bonita -que las hay-.  Y eso porque en una quedada con viejos amigos salió el tema de la nostalgia (ya sabéis, se empieza enseñando fotos antiguas, hablando de conocidos olvidados y se concluye con la evidencia de que el tiempo pasa y las relaciones cambian...).

Yo mantenía, y mantengo, que las amistades verdaderas -no confundir con los amores- no se pierden. Si acaso, se transforman. Pero si una persona no ha pasado por tu vida en décadas porque ni la has buscado ni te ha buscado... era prescindible. No forma parte de tu paisaje o porque ella no ha querido o porque tú no has querido, pero no por casualidad.

Elegimos continamente, día a día, cómo relacionarnos con nuestros compañeros de vida. En los extremos están los obligados y los deseados. Y en el medio, un montón de personas con más o menos importancia. Los recordamos o los olvidamos, con intención.

Por eso, opino que el sentimiento nostálgico, esa melancolia delicada originada por la añoranza de una dicha que fue y ya no es, queda muy bien en las letras de los boleros y los tangos, pero en la vida real puede ser un incordio.

Si el recuerdo del sabor irrecuperable de los melocotones de la infancia impide disfrutar de la fruta actual es mejor borrarlo o escribir sobre él,- disfrutar y paladear ese estado de ánimo a solas-, guardar una copia de seguridad, y resetear el disco duro antes de salir a la calle. Eso o aceptar sufrir el desencuentro de que nosotros vivamos en el ayer cuando el resto está en el hoy.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Edadismo (discriminación por razón de edad)

Una mujer, una señora de 68 años, delante de mí en la cola de la entidad bancaria. En un momento de la gestión le dice a la empleada -que no llegaba a las 25- que "eso", lo que fuera (mi afilado oído involuntario no da para tanto), lo hacía ella desde casa por Internet. Sorpresa de la joven que exclama: !Usted utiliza Internet! La señora, ofendida, responde que por supuesto. ¿Acaso hay una edad límite?

Un hombre, conductor de 72 años, por una ciudad que no conoce. Duda en un cruce mal indicado y se confunde de dirección. Intenta dar la vuelta. En el vehículo que le precede, una pareja treintañera se impacienta: "Estos viejos..., así ocasionan los accidentes" ¿Con menos años no hay posibilidad de equivocarse de sentido?

Solo son dos ejemplos reales y sencillos. La discrimación por edad existe y es consecuencia de una visión muy negativa de la vejez. Desde la atalaya de la inconsciencia, los jóvenes y otros no tan jóvenes se creen poseedores de algún tipo de superioriad o excelencia que presuponen se pierde con los años; como si la experiencia en vez de sumar habilidades las restara. Así, automáticamente.

Hay voces, poco reflexivas, que sin datos ni argumentos que lo sustenten proponen marcar límites y prohibiciones por edad -al permiso de conducción, por ejemplo- , como si cumplir años por si mismo fuera definitorio de algo, obviando que ser septuagenario aquí y allá no es lo mismo y que todos ambicionamos llegar a viejos, con el tiempo.

De la misma forma que la juventud no es vacuna contra nada, la madurez y la vejez, por si solas, no hacen a las personas más incapaces o más cretinas. No caigamos en la trampa de juzgar por la apariencia.

lunes, 17 de agosto de 2015

Ver lo bueno

Es un ejercicio que potencia el músculo del optimismo: animarse a ver lo bueno, también en las páginas de los periódicos. Yo lo practico en vacaciones. Como desintoxicación mental.

Las dos últimas noticias positivas que he encontrado me han reafirmado en que la defensa de los derechos esenciales no es tarea grande ni pequeña, sino cosa de todos los días.

Los pensionistas guipuzcoanos se unen para reivindicar que ninguna pensión esté por debajo del umbral de la pobreza. Y a mí me alegra ver que hacen frente a la discriminación por edad que se extiende en nuestra sociedad como una mancha de aceite. Mayores y dinero. ¿Quién no ha oído decir alguna vez que los viejos necesitan menos dinero porque "gastan menos"? Es justo al revés.

En la otra cara de la moneda están las criaturas. Esas que molestan tanto a la parte de la población sin hijos que impulsa un mercado de espacios only adults. La cuestión que siempre me ha sulfurado es que se cuestione el derecho a amamantar en espacios públicos. Si una persona de 25, 35 ó 45 años se puede comer un bocata en la calle, por qué un lactante no va a poder alimentarse...

Los pensionistas se unen para luchar por pensiones dignas y el Gobierno Vasco reconoce el derecho de las madres a amamantar en espacios públicos. No está mal para ser agosto.

Sento il mare dentro a una conchiglia...estate, l'eternità è un battito de ciglia (Escucho el mar en una caracola...verano, la eternidad es un pestañeo).



lunes, 31 de diciembre de 2012

Años



Hoy se acaba el 2012. Nos desearemos unos a otros venturas y felicidad. Hablaremos de lo rápido que pasa el tiempo y repetiremos esos lugares comunes de las nocheviejas.

Los años se acumulan o se pierden. Mejor sumar, pero no de cualquier manera.

Hoy ha muerto la neuróloga y premio nobel Rita Levi -Montalcini, tras vivir 103 años. Una mujer impresionante. Sus únicos méritos, decía, han sido la “perseverancia y el optimismo”. Nunca se jubiló. “El cuerpo se arruga”, comentaba, “pero no el cerebro”. Y la inacción, el desencanto, la desmotivación, “arrugan” el cerebro.

Ella, que conocía el cerebro muy bien, tenía claro que no quería seguir viviendo cuando el suyo dejara de funcionarle eficientemente. Así lo explica en una entrevista que dio a El País, en 2009, cuando cumplía 100 años. ¿Cuánto desearía vivir? –le preguntaban- “El tiempo que funcione el cerebro – respondía-. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana”.

Quizá a los 103 años la muerte no sea importante, antes de eso sí lo es. Y las pérdidas que conlleva el paso del tiempo son vividas con angustia por casi todos.

De las 123 entradas de este blog, la más leída es la referida a Nacha Guevara y su hermosura. Nunca lo habría pensado cuando la escribí. Tengo que agradecer a Nacha unos cuantos lectores del otro lado del Atlántico.

Está tan milagrosamente atractiva que no deja indiferente a nadie, y ella explica y repite que la clave está en el espíritu: "Porque uno es mucho más que su edad- dice-. Y hay una edad cronológica, una edad biológica, una edad mental y una edad emocional. Un promedio de todas te dará lo que sos. Pero claro ningún cirujano va a hacer el milagro de darte una mente de pensamientos jóvenes. Ese es tu trabajo".

Por lo visto, ha hecho muchos cursos (el curso del guerrero espiritual, el de la ley de atracción, el poder de las emociones, las técnicas subliminales...), y además es instructora de meditación con Deepak Chopra. Escuchemos a Nacha: "Cuando la mente está ocupada siempre en lo que cambia, en lo que cae, en lo que envejece, en las horas que pasan, el cuerpo obedece a esa actividad de la mente. Cuando uno ha aprendido desde hace muchos años a establecer la mente en el lugar donde tiempo y espacio tienen leyes diferentes, el cuerpo también lo siente. Así que yo no vivo pendiente del tiempo en este sentido".

En honor a la mujer que más lectores ha atraido hasta mi blog, he buscado en la red información sobre Deepak Chopra. Para mí era un desconocido, pero es sólo porque soy una ignorante. Hay un montón de libros, audioguías, frases y vídeos de este gurú que promete un cuerpo si edad. Lo que más me ha gustado leer es este reportaje sobre una de sus "actuaciones" en un hotel argentino.

Y digo yo que si tanta gente escucha, lee, paga y sigue sus consejos y sus cursos, visita su centro de California... ¿Por qué no están tan estupendos como la Guevara? ¿Si la ley de la atracción, la curación cuántica y la espiritualidad son la solución anti envejecimiento por qué se siguen forrando los cirujanos plásticos?

Nacha Guevara es vegetariana y medita todos los días. Estoy segura de que esa manera de vivir tan saludable es beneficiosa para su apariencia. Pero si el espíritu es la clave ¿Por qué se estira la piel¿ ¿Cuántos liftings se ha hecho?

domingo, 21 de octubre de 2012

Con Lluis Llach




En este lluvioso día electoral -aquí la lluvia nunca ha sido noticia, ni impedimento, ni excusa para nada, digo yo- saltando por los digitales, he encontado una entrevista con Lluis Llach en la que reivindica la vejez como parte buena de la vida y la independencia de su país, y he recordado lo que me gustaba su música.

Muchas de sus canciones son buenas pero ésta es sencillamente maravillosa.

martes, 1 de mayo de 2012

Vivir en presente continuo

Descubro que estoy rodeada de viejos. De viejos, que no de gente con muchos años. Hay personas que no llegan a los 50 y ya comentan más del pasado que del presente.

Recientemente he conocido a una actriz de 84. Empezó a desarrollar su vocación después de jubilarse. A los 65 -cuando ya se había "ganado" la vida-, se apuntó a una escuela de teatro. El retiro le sirvió para comenzar a trabajar en lo que le gustaba. Lucía radiante.

A veces yo también envejezco. Pierdo la vitalidad en cosas que no me interesan nada. Y envidio a los jubilados. Dueños de todo su tiempo.

Pero es un error. Vivir ansiando el futuro es una equivocación igual de extendida que quedarse en lo que fue. Sólo tenemos el hoy. Con 24, con 48, con 60... sólo el ahora. Por eso me ha gustado leer en esta entrevista con una "joven" de 72 que "La edad no debe ser un pretexto para hacerse viejo".

No nos damos cuenta pero, excepto en algún momento trágico o duro, siempre estamos "en los mejores años de nuestra vida". Disfrutad del vídeo.

I migliori anni della nostra vita. Renato Zero & Momix.


domingo, 2 de octubre de 2011

Adiós al verano

Ya viene la noche de nuevo. He esperado hasta octubre para despedirme porque me resisto a entrar en el invierno. Como la eterna estudiante que soy, para mí el año sólo tiene dos estaciones: la del curso y la de las vacaciones. El resto, se reduce a colocarse encima más o menos ropa.

Me cuesta horrores desprenderme de los días largos y de las horas de luz. Siempre he sentido que las penas al sol son menos penas. Y pronto saldremos de casa a oscuras y regresaremos igual. Sólo quedarán las fotos para recordar el calor.

Este verano he aprendido a admirar a las señoras con gorrito. En las playas -donde me gustaría vivir siempre- no hay photoshop y los cuerpos se desmoronan, se desparraman en toda su humanidad. Cuando aún tienes la carne tersa es duro comprobar en qué te convertirás (si tienes la suerte de llegar a vieja). Pero este año he observado al detalle a las señoras más mayores. Mujeres feas, de 70 u 80 años, que van a la arena con su silla y su gorrito. Me han parecido felices. Como poseedoras de un secreto. Quizá han descubierto algo que las demás aún no sabemos.

Espero llegar a ser una señora con gorrito aunque para eso tenga que pasar por unos cuantos inviernos.

Bien pensado, de noche también pasan cosas interesantes.

jueves, 22 de julio de 2010

El rostro de Nacha Guevara


Veo una entrevista con Nacha Guevara y me quedo estupefacta. Su cara es imposible para una mujer que cumplirá 70 años en octubre. Había leído de su relación con la cirugía y de su atrevimiento –provocación incluso- al posar desnuda a los 60, pero no me había topado con ella. En mi recuerdo seguía siendo la voz de mezzosoprano que cantaba poemas de Benedetti, la Nacha de los 80.

Sin duda, ahora mismo su obra es su rostro. Un rostro que me produce admiración, por la habilidad del cirujano, desasosiego por el esfuerzo y el sacrificio que se adivina con tanta intervención y, sobre todo, desconcierto, por la ausencia de edad. No es una cara de 70 años. Tampoco es una de 40 –la mirada no se opera- Es una máscara atemporal. Hermosa pero mentirosa. Es el resultado de una lucha continuada contra la naturaleza que deteriora, estropea, derrumba los cuerpos, por mucho que el ánimo esté joven.

Tengo un amigo que dice ser de la generación que ha hecho de la juventud su forma de vida. Permanentemente joven de espíritu, asegura que no hay edad para dejar de aprender, de admirar, de entusiasmarse… Es cierto. Pero la vejez la marcan los otros. Los que empujan por detrás, los que no escucharían nunca a alguien mayor de 30 años sin pensar que es un extraño. Esos/as a los que tú puedes mirar con deseo y no se dan por enterados.

Sigo pensando en Nacha. ¿Qué sentirá cuando se rodea de aquellos que fueron con ella a la escuela y han dejado que el tiempo corra por su piel? ¿Y sus hijos? ¿Y sus nietos? ¿Cómo será aceptar a una madre sin edad?

El empeño, la energía necesaria para no envejecer –además del dinero, imprescindible- pueden diferenciar a los ancianos del futuro en viejos y no se sabe qué. Cortar lo que cuelga, estirar lo que se arruga, construirse un cuerpo a demanda es posible. Nacha –y otros tantos- lo demuestran.

Pero los 70…, en algún sitio tiene que sentirlos.

domingo, 7 de febrero de 2010

No salen las cuentas

Trabajar cansa. Además de ocupar demasiado tiempo, cansa. El que ha probado lo sabe. Y más si piensas en todos los días trabajados, uno tras otro, como una continuidad. Los contratos laborales te marcan horarios y ratos de ocio, el periodo de comida, la entrada y la salida, si puedes o no echar la siesta…

Un día de fiesta es aquel del que puedes disponer a tu antojo. El resto están decididos. Es así hasta hacerse viejo. A partir de cierta edad, ves gente que cuenta los años, los meses, que les faltan para jubilarse. Están cansados y sueñan con cobrar sin tener que fichar. Un logro de la sociedad del bienestar.

Acaba de abrirse el debate que dará a la derecha el próximo gobierno. Los dirigentes políticos nos lanzan un interrogante: ¿Cómo vamos a asegurar el bienestar en una sociedad donde los viejos viven demasiados años? Con una esperanza de vida tan alta, cobran las pensiones durante más tiempo y encima sus gastados motores necesitan muchas reparaciones y cuidados. ¿A cuánto sale un enfermo crónico de 80 años? Los que piensan en estas cosas no nos lo dicen así de crudo porque suena feo, pero tienen hecho el cálculo.

El sistema necesita que los “no productivos”, los pensionistas, se mueran antes o cobren menos. Si se consiguen las dos cosas al mismo tiempo, más ahorro. De ahí viene lo de querer alargar el trabajo obligatorio hasta los 67. De momento. Si insistimos en vivir más tendrán que tomar otras medidas. Porque, de seguir así, de no hacer nada, el sistema no lo soportaría. Sin embargo, sí que soporta las elevadas tasas de paro juvenil. ¡Vaya panorama! A los 65 trabajando para dar la paga al hijo desempleado de 32.

¿Quién es el sistema? ¿Para qué quién trabaja? ¿A quién beneficia? ¿De qué lado están los que tanto lo defienden? También podríamos legalizar la esclavitud para una parte de la población. Seguro que así salen más fácil las cuentas.

Hay quien va a comprar un sujetador y si sus pechos no le dan para llenar una talla cien se pone implantes. Alteran el cuerpo para que se adapte al traje. Cuando lo saludable es hacerlo al revés.

Digo yo que si el sistema no nos vale, habrá que cambiarlo respetando el cuerpo social. ¿Por qué, para empezar, no implantamos un sistema con topes por arriba? Si hay un sueldo mínimo interprofesional ¿por qué no un sueldo máximo? Que si la pasta no llega la saquen de otro sitio. Se podría, por ejemplo, cobrar más impuestos a los que tienen mucho, mucho, demasiado.

Va a ser el debate de los próximos meses. Van a intentar convencernos de la inmovilidad de la esencia del sistema. Hay que estar preparados. Para empezar, aconsejo consultar en un diccionario el significado de las palabras socialista y obrero.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El adiós

21 de septiembre. Día Mundial del Alzheimer.

Fui a comer a casa y al marcharme, una vez más, me despedí de mi padre. Le dije adiós con la tristeza de saber que la próxima vez que nos viéramos estaría más lejano, sería más cáscara y menos sentido.

Era así desde el comienzo de su enfermedad, pero no podía acostumbrarme. No acababa de aceptar el abismo entre el padre que tuve y el que era. Cómo entender que una persona perfeccionista y metódica, responsable hasta cuando dormía, se hubiera convertido en aquel ser perdido e inválido, incapaz de atarse los zapatos. Cómo entenderlo sin rebelarse.

Recordaba cuando me compró los cuadernos de caligrafía para mejorar mi letra –demasiado pequeña, demasiado discreta- y su afán porque yo escribiera con trazos más elegantes. “La letra define a la persona” decía.

¿Y sus garabatos de ahora, hechos con esfuerzo y toda la voluntad posible?

Pero lo peor era enfrentarse a su mirada desconsolada e huidiza. Asustada. Con un miedo mayor al de un niño solo en medio de una multitud de desconocidos. La demencia está en la mirada.

¿Cómo medir la intensidad de su soledad? ¿Cómo consolar al que no te reconoce, al que no se tiene a sí mismo?

“Hay que retirar los espejos. Pueden sobresaltarse con una imagen, la suya, que no reconocen” dicen los expertos.

¿Pero puede alguien ser experto en lo que no ha vivido? ¿Cómo saber lo que se siente más allá de la perdida de la razón? Yo sólo veo desolación.

jueves, 9 de julio de 2009

Desde la distancia

Siempre he oído que me parezco a mi abuela paterna, Nicolasa. Cada vez es más difícil escucharlo porque los que podrían decírmelo van muriendo, pero hay una foto de mi amama con más de 80 años, tomada en las fiestas del pueblo, vestida con su moño y su pañuelo, en la que reconozco mi perfil.

Cuando yo nací ella ya era vieja, así que la recuerdo como una anciana pequeña y vivaz. Prefería dormir a ir al médico. Llevaba las cuentas al dedillo y leía el periódico todos los días con atención -en eso también nos parecemos-.

Sólo tengo un par de recuerdos más de ella: me enseñó a jugar a la brisca y los dos últimos años de su vida, desde que falleció aitite Martín, su marido, hasta su muerte a los 94, los pasó muy triste. Se puede decir que se murió de pena, ya que no tenía más enfermedad que los años y la congoja de tanto recuerdo acumulado, imposible de compartir. No importaba adónde mirara ni de lo que le hablaras, ella nombraba a Martín continuamente: que si eso le habría gustado, que esto habría dicho...

Cuando estoy de viaje me ocurre lo mismo. Mi manera de echar de menos a los que quiero es imaginar lo que disfrutarían - o no- estando en mi situación. ! Qué bien se lo pasaría aquí! !Cuanto le gustaría este plato! !Tengo que contarle esto otro!...

El amor tiene muchas maneras. El recuerdo es una y no de las peores. Siempre que no te impida disfrutar de tu realidad. No es muy inteligente dejar que la nostalgia te consuma, como a amama Nicolasa.

Pero qué puedo saber yo de cómo se entienden la vida y el amor desde la distancia de los 94 años...