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sábado, 2 de mayo de 2020
Confinamiento día 49: LA PRIMERA CAMINATA
Hoy es un día importante. El primero en el que podemos caminar sin motivo, solo por placer. He deambulado tanto por el kilómetro permitido que mañana tendré agujetas... Pero volveré a salir. Solo porque puedo.
Me ha parecido que había mucha gente. Sobre todo para lo temprano que era. Igual, antes de esto también estaban, pero la costumbre no me permitía verlos. Ahora siento la presencia de los otros como un riesgo. Hay una barrera sicológica entre los demás y yo. Cuando pienso que mi última reunión familiar no virtual se remonta al 7 de marzo...
Espero recuperar la costumbre de relacionarme. Pero el reparo ante el contagio no se me va a pasar fácilmente. He recordado una frase que leí en algún lugar: la cebra corre ante el león y no es cobardía, es apego a la vida. Yo tengo mucho de cebra.
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sábado, 21 de marzo de 2020
Confinamiento "flexible" día 7: EL VECINDARIO IMPORTA
Y tú ¿qué tipo de persona en cuarentena eres? ¿Ordenas y reordenas armarios? ¿Te da por comer? ¿Caminas únicamente del ordenador a la tele o te has montado un gimnasio en la cocina?
A mí me tienta la repostería. Es un dulce consuelo, pero las consecuencias de tanto azúcar no son apetecibles. En fin, que en esta reclusión obligada nos descubrimos en facetas que ni imaginábamos.
Yo estoy cogiendo manía a unos de mis vecinos. Le chifla el bricolaje. Lo sabíamos, porque ha sido así desde siempre. Su casa es la que más obras y cambios ha tenido de todo el bloque. Ahora está limando los barrotes del balcón, para después pintarlos, supongo. Desde las 7 de la mañana. Dos horas ya, ruido va y ruido viene. Nos tiene a todos despiertos. Y cabreados.
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martes, 17 de marzo de 2020
Confinamiento "flexible" día 3: !HAY QUE MOVERSE, GENTE!
Hoy voy a ser breve. El sedentarismo mata. Más despacio y con menos escándalo que el COVID 19, pero nos fulmina. Si ya de normal nos movemos poco, ahora que nos recluyen vamos a batir nuestro récord. Así que hay escuchemos al cuerpo: las piernas piden andar; el culo no quiere estar siempre aplastado a la silla; los hombros gritan para que los tengamos en cuenta..
Normalmente estamos sordos a sus requerimientos. Este es el momento de querernos y mimarnos. Y de cambiar de hábitos. Si queréis más información esta página la tiene: M de movimiento.
Hay que intentar salir de esto mejor de lo que entramos. En todos los sentidos. Las excusas no valen. Un paquete de arroz en cada mano sirve igual que unas mancuernas. Y la falta de espacio no es problema. Mirad lo que se mueve Cassandra Fox, en el salón de su casa y en solo 7 minutos...
Normalmente estamos sordos a sus requerimientos. Este es el momento de querernos y mimarnos. Y de cambiar de hábitos. Si queréis más información esta página la tiene: M de movimiento.
Hay que intentar salir de esto mejor de lo que entramos. En todos los sentidos. Las excusas no valen. Un paquete de arroz en cada mano sirve igual que unas mancuernas. Y la falta de espacio no es problema. Mirad lo que se mueve Cassandra Fox, en el salón de su casa y en solo 7 minutos...
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viernes, 11 de julio de 2014
Siempre queda protestar...
Ya lo decía la canción de Kortatu "...aunque esté todo perdido, siempre queda molestar·. A veces, hasta da frutos. La Federación europea debería hacer lo mismo.
Disfrutemos. At home. Crystal Fighters.
Disfrutemos. At home. Crystal Fighters.
miércoles, 9 de julio de 2014
Mejor en tanga
Siempre, desde niña, ha habido una escena de las películas de vaqueros que he odiado. Es esa de la persecución, cuando el chico y la chica están huyendo de los malos y ella tropieza y se cae, obligando al galán a retroceder para ayudarle. “Claro- pensaba yo con mi infantil inocencia- con esas faldas tan largas tiene que ser muy difícil correr”. Más tarde, me percaté de dos cosas importantes: de que las mujeres ni con falda larga nos caemos tanto, a no ser que nos empujen, y de que la ropa tiene un significado social añadido, y a veces perverso, al de protegernos del frío o del calor.
Viene esto al hilo de la obligación impuesta por la Federación Española a las jugadoras de balonmano playa para que compitan vistiendo braguita y top. El uniforme que llevaban hasta ahora, - pantalón corto y camiseta-, con el que se sienten a gusto y les permite jugar sin problemas, no les parece adecuado a los burócratas de la Federación y amenazan con prohibirles competir si no enseñan el ombligo. Y digo yo: no hay en la Federación una comisión, grupo o consultoría en temas de Igualdad que les frene…, porque se les está viendo el plumero.
No es sólo que la norma atufe a sexismo es que el mensaje subliminal es como una zancadilla en plena carrera: lo que hacen las mujeres no es deporte sino espectáculo. Todas están chicas tienen que sentir que no se las considera atletas sino actrices de revista. ¿Se plantea algo parecido con los hombres? Por ejemplo, que los futbolistas del Mundial –por citar un deporte de masas que mueve cifras estratosféricas- compitan en slip, cuanto más pequeño mejor. Evidentemente, no. Y no se disolvería la ridiculez de la propuesta si lo hicieran, porque una mala idea no mejora por hacerla extensiva a los dos sexos.
Me gustaría ver a los pensadores de despacho que han decidido semejante estupidez jugando un partido en esas condiciones. Si les parece tan adecuado, que se liberen de la corbata y el traje y salgan ellos al campo cubiertos sólo con tanga tipo hilo dental, para poder observar bien el movimiento de sus glúteos.
En serio: hay que defenderse. En cuanto nos ven con los brazos bajados se aprovechan.
Viene esto al hilo de la obligación impuesta por la Federación Española a las jugadoras de balonmano playa para que compitan vistiendo braguita y top. El uniforme que llevaban hasta ahora, - pantalón corto y camiseta-, con el que se sienten a gusto y les permite jugar sin problemas, no les parece adecuado a los burócratas de la Federación y amenazan con prohibirles competir si no enseñan el ombligo. Y digo yo: no hay en la Federación una comisión, grupo o consultoría en temas de Igualdad que les frene…, porque se les está viendo el plumero.
No es sólo que la norma atufe a sexismo es que el mensaje subliminal es como una zancadilla en plena carrera: lo que hacen las mujeres no es deporte sino espectáculo. Todas están chicas tienen que sentir que no se las considera atletas sino actrices de revista. ¿Se plantea algo parecido con los hombres? Por ejemplo, que los futbolistas del Mundial –por citar un deporte de masas que mueve cifras estratosféricas- compitan en slip, cuanto más pequeño mejor. Evidentemente, no. Y no se disolvería la ridiculez de la propuesta si lo hicieran, porque una mala idea no mejora por hacerla extensiva a los dos sexos.
Me gustaría ver a los pensadores de despacho que han decidido semejante estupidez jugando un partido en esas condiciones. Si les parece tan adecuado, que se liberen de la corbata y el traje y salgan ellos al campo cubiertos sólo con tanga tipo hilo dental, para poder observar bien el movimiento de sus glúteos.
En serio: hay que defenderse. En cuanto nos ven con los brazos bajados se aprovechan.
domingo, 12 de agosto de 2012
Mi postura favorita
Esta foto es, para mí, una representación de la felicidad. Los pies en alto, la compañía de una buena novela y las olas como música de fondo. Mejor si hace calor. Las vacaciones son para vivir sin reloj, pero la pereza ralentiza, aleja la realidad. Se diría que todo el mundo está bien. Y no.
En medio de este aturdimiento dos sucesos me conmueven: la perfección de las gimnastas olímpicas (Kanayeva me deja sin aliento) y el discurso del alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo, explicando cómo los sindicalistas andaluces se llevaron alimentos del supermercado para comedores sociales. Tiene toda la razón cuando dice que "Los gatos, sean del color que sean, comen ratones, y nosotros somos ratones".
Son ya cinco años del inicio de la crisis financiera y parecemos anestesiados. Preocupados sí que estamos, cabreados incluso, pero un poco perdidos. No viene mal que nos despierten del sopor con un humilde carro de la compra. Lección de marketing directo para políticos. Menos hablar de deudas, bancos, primas de riesgo y mercados invisibles; la clave está en el carrito. Al final, todo se reduce a lo básico: nos organizamos para que todo el mundo pueda comer o nos conformamos con que algunos pasen hambre.
domingo, 13 de mayo de 2012
Cuando los hombres lloran
Cuando los hombres lloran las lágrimas se convierten en noticia. En las contadas ocasiones en que los hombres lloran en público su llanto es motivo de debate. ¿Tenían que haberse contenido? ¿Es de recibo que se derrumben así -"como mujeres"- por un fracaso?.
Las emociones varoniles se desatan sin disimulo cuando su equipo de fútbol pierde un partido decisivo o cuando despiden a un histórico. Y todos se deshacen en lágrimas. Los futbolistas, los seguidores y hasta los árbitros se conmueven.
Leí hace tiempo la reseña de una investigación realizada en el Reino Unido sobre los beneficios del fútbol. Decía que un partido era la situación idónea para que los hombres ingleses conectaran con sus emociones. Y que era muy importante para su salud mental. Me pareció una tontada, pero es porque no lo entendí.
Yo sólo había visto llorar a algunos hombres cercanos en funerales. Y sólo si la muerta era su madre. (!Ay las madres! No importa la edad que tengamos, cuando se van dejamos de ser niños para siempre). Me pareció que las lágrimas masculinas son igual de saladas que las nuestras. Si acaso, más silenciosas. Ellos hacen menos ruido.
Menos en el fútbol.
Y en esta semana, tan repleta de pasiones, voy y me encuentro en Internet -dónde va a ser- un poema que me explica lo que me estoy perdiendo por no recordar nunca lo que es un córner. "Poema del fúbol" se llama. Lo escribió un tal Walter Saavedra, locutor argentino de Radio Mitre, y empieza así:
Como vas a saber lo que es el amor
si nunca te hiciste hincha de un club...
Las emociones varoniles se desatan sin disimulo cuando su equipo de fútbol pierde un partido decisivo o cuando despiden a un histórico. Y todos se deshacen en lágrimas. Los futbolistas, los seguidores y hasta los árbitros se conmueven.
Leí hace tiempo la reseña de una investigación realizada en el Reino Unido sobre los beneficios del fútbol. Decía que un partido era la situación idónea para que los hombres ingleses conectaran con sus emociones. Y que era muy importante para su salud mental. Me pareció una tontada, pero es porque no lo entendí.
Yo sólo había visto llorar a algunos hombres cercanos en funerales. Y sólo si la muerta era su madre. (!Ay las madres! No importa la edad que tengamos, cuando se van dejamos de ser niños para siempre). Me pareció que las lágrimas masculinas son igual de saladas que las nuestras. Si acaso, más silenciosas. Ellos hacen menos ruido.
Menos en el fútbol.
Y en esta semana, tan repleta de pasiones, voy y me encuentro en Internet -dónde va a ser- un poema que me explica lo que me estoy perdiendo por no recordar nunca lo que es un córner. "Poema del fúbol" se llama. Lo escribió un tal Walter Saavedra, locutor argentino de Radio Mitre, y empieza así:
Como vas a saber lo que es el amor
si nunca te hiciste hincha de un club...
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