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martes, 21 de diciembre de 2021

Breve autobiografía musical (BAM): la niña Disney que se miró en el lago


Todos los años tengo el mismo dilema ante la lista de regalos navideños: ¿es mejor preguntar a la gente cercana qué quiere o jugar a la sorpresa?  

Cómo no puedo saber qué esperáis  vosotros,  -ni tampoco puedo preguntaros-, he decidido regalaros una selección musical, a modo de autobiografía.  Hasta final de año publicaré canciones que me dicen algo, bastante, y me apetece compartir. ¿Suena un poco vanidoso? Pues, claro. No hay bloguero sin vanidad. ¿Cómo sino puedo pretender que alguien le interese lo que escribo?

Empezando por el inicio, tengo que reconocer que fui una niña Disney que cantaba el superfragilisticoespialidoso, aunque con el pasar de los años me gustó y me sigue gustando más el voy a holgazanear de Pipi Calzaslargas. Es una de mis canciones favoritas.  Por el mensaje, sobre todo.

Pero saltémonos la infancia y a los cantautores – ¿entenderán mis sobrinos qué es eso del cantautor?- He estado tentada de elegir  Al Alba de Aute pero me sale mucha tristeza y no quiero daros el día.

Así que he elegido a Triana. En recuerdo de esa chavala que fui.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Nueve meses sin veros sonreír


Para empezar hay que aclarar que estamos bien _ ¿En casa todos bien?_ es la pregunta obligada, _ Sí, sí, de momento, bien_ respuesta que indica que no ha habido contagios o, si ha ocurrido, los daños no han sido irreparables. 

Así que tenemos mucha suerte, porque de las tres cosas de la vieja canción (salud, dinero y amor) mantenemos saldo positivo en todas. Justito, quizá, pero sin números rojos. 

Una vez dicho esto, -los suertudos que somos-, entramos en la zona de la queja, el malestar y el resentimiento contra este tiempo -nueve meses ya- de vida con restricciones, en alerta, del trabajo a casa y de casa al trabajo...

La anormalidad de no relacionarnos, de no tocarnos, de no besarnos, nos ha convertido en seres frágiles y tristes. Afortunados y, sin embargo, taciturnos y temerosos. 

Espero que este año extraño haya servido, al menos, para entender cuánto significamos los unos para los otros. 

Os he echado de menos. Cuidaos y seguid resistiendo. Nos vemos en el 2021. 


viernes, 27 de marzo de 2020

Confinamiento día 13: AGÁRRAME DE LA MANO

Hoy, 17 cadenas de radio que emiten en euskara han querido mandar un mensaje de ánimo a sus audiencias. Por sus ondas se ha escuchado la misma canción, en un mismo momento, (las 11 de la mañana). Han querido recordar que en esta situación de alarma la radio sigue ofreciendo compañía, entretenimiento e información. Tan necesarias en momentos de reclusión y soledad.  
 "Hel nazazu eskutik". KEN ZAZPI 
Naizena izenik ez du behar biluztean,
Nire oskolak zatikan zure aurrean erortzean,
Birsortzeko hil behar den zubi honen hasieran begiratu beharrean,
Ikusi nazazu, ikusi nazazu.
Zugabetasuna, hozten naute arnastean,
Desio eta beharrak, nola elurra urtzean,
Ihes bideek berriro, leku berera ekartzean,
Bakardade sakonenak, nire pausua izutzean,
Hel nazazu eskutik, hau buka bitartean,
Hel nazazu eskutik, hau buka bitartean.
Hel nazazu eskutik, hau buka bitartean, hel nazazu eskutik.
Ez biktima ez errudinik,
Ez epaile ez barkamenik,
Ez dut nahi zuri biderik,
Ez arrazoi zentzudunik,
Ez erorketa librean besoetan salbatzerik,
Maite zaitut bat bakarrik, maite


domingo, 7 de julio de 2019

Coco y dulce de leche

Los dos sabores de mi primer helado de este verano. Una bomba de azúcar. Ya lo sé. Me hacía falta. Estaba en un momento de debilidad mental y física. Me lo comí mientras paseaba, sola, y me sentó de cine. Era justo el 21 de junio.

El segundo de la temporada ha sido de chocolate belga. Impresionante chocolate. Y con compañía divertida, además.

Me gusta contar mis años por veranos. Quizá porque es la estación en que más viva me siento. Yo cumplo veranos, y tomo helados -pocos- solo cuando hace calor. En mi infancia los prefería de hielo (polo de naranja o polo de limón). Nos dejaban la lengua manchada de color. Ahora, por lo general, me gustan más sustanciosos y cremosos. Como para mí son una excepción y no una costumbre, suelen ir unidos a alguna vivencia gozosa.

Guardo con deleite el recuerdo de una granita (granizado) de mora en el paseo marítimo de Brindisi (Italia). Todo era bueno: el entorno, el tiempo, la compañía...y el sabor. Insuperable. Uno de esos momentos que mientras está ocurriendo te hace ser consciente de lo raro que es vivir una perfección así.

Os cuento esto para deciros que mi próximo helado me lo voy a tomar en el Coppelia de La Habana. No sé qué sabor tendrá, -el que toque ese día- y seguramente habrá tremenda cola para conseguirlo, pero son tantas las ganas que tengo y tanto el tiempo que he tardado en cumplir el sueño de este viaje al Caribe, que va a ser uno de los helados/viajes/veranos más importantes de mi colección. Y luego, me iré a bailar.

En algún sitio he leído que "ser feliz no es escapar de la tormenta, sino saber bailar bajo el diluvio". Y de eso, los cubanos y las cubanas saben un rato. !A ver si se me pega!







sábado, 2 de febrero de 2019

Notte di febbraio

Tu sei dentro quella vita che vorrei..



viernes, 28 de diciembre de 2018

...Y quitan las cabinas telefónicas

Este año se me ha ido exageradamente rápido. El correr frenético de los meses me ha pillado tan desprevenida que no podía creerme que mi viejo coche tuviera que pasar de nuevo la ITV, cuando ha llegado diciembre. Habría jurado que acababa de superar la inspección. Si no fuera porque tengo una agenda en la que apunto todo y a la que le quedan tres páginas en blanco no me creería que 2018 se acaba.

Los cambios a mejor, la buena salud, la ausencia de problemas gordos o todo a la vez, no sé el motivo, pero lo cierto es que el año ha fluido y yo con él. ¿Soy solo yo la que siente que a partir de los 40 la vida coge velocidad?

Estos últimos días, antes de entrar en el 19, los he dedicado a limpiar con paciencia y en profundidad diversos armarios. He recuperado objetos que creía perdidos y he tirado otros muchos que no guardan ya ningún sentimiento, solo polvo. Y me he enfrentado a la que era yo hace unos cuantos años. Me he reencontrado en fotos, escritos, lecturas... Es bonito y extraño reconocer a la que fui.
,
Mi hija me ha dicho-ya ha llegado también ese día- lo joven que se me ve en las fotos de hace una década y he comprobado que mi caligrafía es cada vez peor y tampoco escribo cosas más interesantes ahora...

En fin, que en medio de un repaso sereno de los años pasados de mi vida - !tenía guardados apuntes del año 2000 !- me llega la noticia de que las cabinas telefónicas tienen sus días contados y ahí ya sí, me he sentido prehistórica. Porque llamar desde una cabina era algo usual antes de que llegaran los móviles -que no han estado siempre- y a ver cómo haré para explicar a mi sobrina recien nacida que hubo una época en la vivíamos sin el teléfono en el bolsillo y, además, no había aparato en todas las casas. Por eso las cabinas eran importantes. Le va a a sonar tan lejano como a mí los lavaderos municipales.

Me despido del año viejo y recibo el nuevo asumiendo que solo tenemos el presente y la juventud es un estado de ánimo (para los mayores de 35 básicamente; los otros no lo ven así) y los recuerdos pueden resultar un cálido cobijo en días de frío pero no conviene abusar.

Os deseo que acertéis en la elección de qué tirar y qué conservar para seguir caminando con un equipaje ligero de obligaciones y repleto de afectos.

 Y de regalo: un poema de Sarrionandia, musicado por MICE.





domingo, 4 de febrero de 2018

Itsasoan euria

Igande honetako kanta. Gerardo Markuletaren hitzak Mikel Urdangarinen ahots zoragarrian.



sábado, 3 de febrero de 2018

Si Woddy Allen fuera mi amigo...

A raíz de las denuncias de agresiones sexuales en Hollywood (primero contra el poderoso productor Harvey Weinstein y a continuación contra muchas otras celebridades) y del sonoro movimiento  #MeToo  creado por las valientes actrices ha surgido una potente ola que visibiliza el acoso y la impunidad de esos depredadores pero también se está llevando consigo la presunción de inocencia de todos los hombres.

Son contadas las voces que se atreven a defender a los señalados por el dedo acusador. Diane Keaton ha sido la excepción al declarar que Woddy Allen es su amigo y sigue creyendo en él. Mientras todos le repudian ella confía en su versión.

La apreciación sobre la maldad intrínseca de los hombres en la cultura patriarcal divide a las feministas a menudo, quizá no públicamente, pero sí en debates y discusiones internas. Y se puede simplificar en una toma de postura ante dos interrogantes: a priori y hasta que se demuestre lo contrario, ¿hay que creer siempre a las mujeres? ¿hay que condenar siempre a los hombres?

Lo que voy a relatar ocurrió realmente y solo tiene la importancia que cada cual le quiera dar.  Eran  los primeros años de la década de los 80. El aborto estaba penalizado pero había maneras de salir del apuro sin jugarse la vida. Solo había que saber dónde y a quién acudir. En ese contexto, feminista A pide ayuda a feminista B -que trabajaba en un centro de planificación familiar y era suficientemente conocida-. Feminista B le suelta la primera pregunta a la embarazada, sin aviso ni excusa: "¿Quién ha sido el agresor?". Feminista A, sorprendida y enojada al cincuenta por ciento, se escucha a sí misma justificando que agresor ninguno, que ha tenido sexo con su pareja, que lo hacen a menudo y disfrutan mucho los dos, pero esta vez han tenido un problema con el condón...

Feminista A salió muy molesta de la conversación y convencida de que feminista B tenía una idea muy negativa sobre todos los hombres que en el mundo habitan. Una idea muy diferente de la suya y de su experiencia. Donde una veía "mujer amada" la otra veía "mujer agredida".

Yo he conocido y conozco a hombres buenos. Mi padre lo era. Machista sin duda, condicionado por su tiempo y su educación, pero respetuoso con las mujeres. Siempre. Con todas las mujeres. He tenido y tengo parejas y amigos que me han acompañado y me acompañan en la vida sin agredirme ni acosarme. A ninguno de ellos me los puedo imaginar como abusadores y violadores.

No soy amiga de Woddy Allen y no tengo opinión fundada sobre el caso, pero si Allen fuera mi amigo habría dicho lo mismo que Keaton.

Porque todos los hombres no son iguales. Y todas las mujeres tampoco.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Mis sueños me hablan

Tengo una amiga, A, que cree ciegamente en que las cosas pasan por algo y en que atraemos nuestra suerte. Se leyó entusiasmada El secreto y habla del destino como consuelo a muchas de las contrariedades de su vida -que por otra parte, no han sido tantas- . Yo observo una contradicción entre defender, al mismo tiempo, que el pensamiento positivo lo consigue todo y que lo que tiene que suceder sucederá. Le animé a leer Sonríe o muere, pero me dijo, con indulgencia, que no tengo arreglo, que siempre he sido una descreida y además ahora soy una aguafiestas.

Tengo un amigo, B,  al que le gustaría prohibir las referencias a los Reyes Magos en la televisión. Le parece muy grave que se engañe a las criaturas con figuras como el Ratoncito Pérez o Maritxu Teilatukoa en vez de explicarles, simplemente, que los dientes de leche se caen para ser sustituidos por los dientes permanentes. Lleva una cruzada personal contra el Reiki y otras pseudociencias: va arrancando y tirando a la basura cada cartel que se encuentra sobre el tema. Solo acepta lo que la Ciencia defiende. Yo le digo que su fe inquebrantable se ve reforzada por dos circunstancias: es hombre y no tiene hijos. A las mujeres la Ciencia nos ha tildado de histéricas y nos ha agredido de mil formas. Las mentiras científicas sobre las mujeres forman parte del acervo cultural y no desaparecen al mudar de dentadura.

Tengo que decir que soy amiga de ambos, con esa amistad de años de roce y cariño, pero no convivo con ninguno de los dos. Seguramente, no podría. Es factible discutir sobre las opiniones pero las creencias no se negocian. Lo vemos cada día.

Entre el pensamiento positivo como forma de control social y la Ciencia como nueva religión yo me quedo con mis sueños. Mis sueños me hablan, me dan consejos y me muestran el camino por el que transitar para deshacer mis preocupaciones o, al menos, aligerarlas. No voy a escribir un libro sobre ello ni intento convencer a nadie de las ventajas que supone dormir más y mejor para soñar suficiente, pero os aseguro que nada me aclara tanto las ideas como pegar la cabeza a la almohada y ponerme a soñar sin premeditación. Me acuesto con la pregunta y me levanto con la respuesta.

Seguramente, A y B tendrán su propia teoría sobre mi experiencia y llevarán la explicación a su terreno. Yo les pondría juntos a discutir sobre el asunto, mientras me echo una siesta.

domingo, 9 de julio de 2017

¿La nostalgia es un error?





 !Cuánta belleza en la voz de Yves Montand! Como diría un amigo italiano, si al escucharla no te estremeces es que no eres humano.

La he buscado en el cajón de las canciones perennes para provocarme a mí misma una nostalgia suave, una tristeza bonita -que las hay-.  Y eso porque en una quedada con viejos amigos salió el tema de la nostalgia (ya sabéis, se empieza enseñando fotos antiguas, hablando de conocidos olvidados y se concluye con la evidencia de que el tiempo pasa y las relaciones cambian...).

Yo mantenía, y mantengo, que las amistades verdaderas -no confundir con los amores- no se pierden. Si acaso, se transforman. Pero si una persona no ha pasado por tu vida en décadas porque ni la has buscado ni te ha buscado... era prescindible. No forma parte de tu paisaje o porque ella no ha querido o porque tú no has querido, pero no por casualidad.

Elegimos continamente, día a día, cómo relacionarnos con nuestros compañeros de vida. En los extremos están los obligados y los deseados. Y en el medio, un montón de personas con más o menos importancia. Los recordamos o los olvidamos, con intención.

Por eso, opino que el sentimiento nostálgico, esa melancolia delicada originada por la añoranza de una dicha que fue y ya no es, queda muy bien en las letras de los boleros y los tangos, pero en la vida real puede ser un incordio.

Si el recuerdo del sabor irrecuperable de los melocotones de la infancia impide disfrutar de la fruta actual es mejor borrarlo o escribir sobre él,- disfrutar y paladear ese estado de ánimo a solas-, guardar una copia de seguridad, y resetear el disco duro antes de salir a la calle. Eso o aceptar sufrir el desencuentro de que nosotros vivamos en el ayer cuando el resto está en el hoy.

jueves, 13 de abril de 2017

Hoy va de besos

Acabo de enterarme de que hoy es el día internacional del beso. Me ha parecido una excusa estupenda para retomar las entradas en este blog que he tenido en reposo desde el inicio del año. Escribir, he escrito, pero todas los textos se quedaban en borrador. No encontraba ánimo o razón para hacer públicos mis pensamientos.

Pero que se le dedique un día internacional al beso me motiva. Quizá porque, al no estar aún mezclada con intereses comerciales, en esta festividad nadie propone la obligatoriedad del regalo. ¿Dé dónde nos viene la costumbre de besar? ¿Somos conscientes de las diferencias culturales en este asunto de mostrar el afecto? No hay que ir muy lejos para sentirse bajo la mirada que se regala al diferente. Yo nunca me he considerado besucona, ni creo que, en general, la gente vasca lo sea, pero a mis conocidos italianos les asombra la alegría con que reparto besos en la mejilla a la primera persona que me presentan -allí no se saluda a los desconocidos con tanta cercanía-.

El año pasado, en Siracusa, en un pequeño autobús urbano repleto de lugareños, el espontáneo beso que di a mi pareja, fruto de la dicha simple y gratuita que sentía porque hacía un día precioso y estaba sencillamente feliz, causó un pequeño revuelo entre los pasajeros, que nos sonreían como si tal efusividad no se correspondiera con nuestra edad o condición.

La evidencia más clara de que besar es un acto importante y que fija los límites de nuestra intimidad me la han dado los niños. Mi hija, con seis años, me dijo que en la calle ya no quería recibir más besos; ella era mayor y no deseaba que la gente nos viera tan cariñosas; y mi sobrino de tres años, dulce y zalamero donde los haya, es reacio a besarme porque los besos de amor los guarda para su madre y no quiere que se le acaben.

En estos tiempo en que la violencia ocupa tanto espacio, me parece importante reivindicar las muestras de cariño y el derecho a mostrarse besucón en público; con libertad y sin miedo. Que nadie tenga que reprimir sus besos.

Os traigo aquí el beso del reencuentro entre los protagonistas de Brokeback Mountain, una de las historias de amor más tristes que nos ha regalado el cine.


domingo, 15 de marzo de 2015

Me han regalado un Moleskine

El viernes me regalaron un Moleskine. La libreta de culto de Bruce Charles Chatwin, el escritor que puso fin a su contrato laboral con un telegrama: "Me he ido a la Patagonia". Hermosa manera de cambiar de vida.

En invierno los días son cortos y las noches largas. Yo la oscuridad y el frío los combato durmiendo. El cuerpo me pide hibernar. Pero no puedo, así que quito energía de donde no debo y como resultado las obligaciones se comen el tiempo de mis devociones. No hago otra cosa que trabajar y recuperar fondo para seguir trabajando.

Sé que no se puede abandonar por tres meses a los lectores y esperar que sigan ahí, pero he vuelto. Tengo un Moleskine, una clara invitación a seguir escribiendo. Llega la primavera. El letargo se acaba.

martes, 9 de diciembre de 2014

Y a ti, ¿qué te hace sentir bien?

Ver a mi hija disfrutar tocando la batería; el brazo que rodea mi cintura al despertarme; hablar, escuchar, leer; bailar; la sonrisa de mi sobrino; conversar y reir con mis amigas/os; tumbarme en el suelo y respirar; lavarme el pelo; mirar el mar; hablar en italiano y ver que me entienden y que yo les entiendo y que todo fluye; caminar; encontrarme con personas a las que quiero o he querido y saber conectar con ellas como ayer; el chocolate; sentir profundamente que soy una mujer afortunada porque tengo la capacidad de gozar, y de perdonar y de olvidar los agravios; y no vivo en el rencor.

sábado, 19 de julio de 2014

La reina del baile

Siempre que veo está escena de la película me emociono.

Todas esas mujeres bailando juntas. Da buen rollo.


domingo, 6 de abril de 2014

...y en la mano un rayo de sol para ti






Y aquí estoy otra vez,
sin nada que ofrecerte,
sólo ganas de verte,
y en la mano un rayo de sol para ti.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Estación: enfermedad

En este viaje en que estamos metidos hay estaciones que quedarían desiertas si no fueran de parada obligatoria. Si pudiéramos elegir no querríamos vivir ciertas cosas, pero nos suceden.

Una persona importante en mi vida está enferma de cáncer. Con esa clarividencia que, a veces, otorga la enfermedad me ha dicho lo siguiente: "La gente huye de mí. Les doy miedo”. Y lo he entendido perfectamente. Somos así de pequeños. Nos asustamos y nos incomoda todo lo que nos recuerda nuestra vulnerabilidad.

Se diría que en nuestra sociedad, entregada al culto del mejoramiento físico, sólo hay sitio para los sanos, listos y guapos. ¡Si una vulgar gripe produce rechazo! Yo sé bien lo penosa que resulta la mirada de mi entorno -bastante hipocondríaco-, cuando el virus me convierte en un manantial de mucosidad.

Susan Sontag también tuvo cáncer y lo que más le enfurecía era ver hasta qué punto la propia reputación de la enfermedad aumentaba su sufrimiento. Escribió un libro sobre las metáforas que rodean al cáncer, al que años después añadió otro apartado sobre el SIDA, que es una espléndida reflexión sobre la segregación, la discriminación que provocan ésta y otras enfermedades. La autora se posiciona claramente contra las teorías psicológicas de la enfermedad, a las que considera “maneras poderosísimas de culpabilizar al paciente”.

La enfermedad nos obliga a pararnos. Nos exige tiempo, reposo, y nos da la posibilidad de repensar lo vivido. Para volver a retomar el camino con más ganas.

He recuperado un poema de Lluis Llach que decoraba mi carpeta de estudiante adolescente. Aquella que paseaba en compañía de mi amiga, hoy enferma. Seguimos aprendiendo juntas.




A FUERZA DE NOCHES
(A FORÇA DE NITS)

A fuerza de noches
amo la vida
y la convierto en
mi mejor amiga,
a fuerza de verdades,
a fuerza de mentiras,
un poco me hiere,
un poco me fascina.

A fuerza de noches
invento las albas,
que cada mañana
despiertan la plana
y espero su grito
que me advierta ¡llegó el momento!
para estar a su lado
si sirvo todavía.

Y mientras tanto aprendo
el alfabeto del grito,
el espasmo del llanto,
el precio de un anhelo,
y así consigo que el tiempo
sea mi aliado
y cada segundo me acerca la mañana.

A fuerza de noches
deseo el nuevo día
a pesar de los verdugos
de razones y vidas,
no olvidéis ningún nombre,
será necesario hacer memoria
para no repetir
el paso de una historia.
---


lunes, 20 de agosto de 2012

La alegría de vivir


Hoy es mi cumpleaños y me han regalado una declaración de amor.

No diré quién para no molestar –es una persona tímida-, pero sí cómo: de manera clara y sin vergüenza. Me ha escrito que me quería, que se siente dichosa por compartir tiempo y espacio conmigo, y que piensa que tiene mucha suerte.

Hoy celebro que nací hace unos cuantos años –pocos, teniendo en cuenta todos los que tengo intención de vivir- y he despertado con la constatación de lo que siempre he sabido: el cariño es el latido que nos mantiene vivos, -aún en los malos momentos, cuando parece que todo falta-, es el verdadero aliento del alma.

Los vascos tenemos fama de ser secos, contenidos, poco expresivos con los afectos. Son estereotipos, ya sé, pero algo de cierto hay. Deberíamos cambiar; aprender de otros que son más efusivos. No digo yo que haya que andar repartiendo abrazos a desconocidos, ni haciendo demostraciones de júbilo por cualquier cosa. No hablo de pasarse a las lisonjas melosas, pero si convendría soltarse un poco un pelo. Entender claramente que el amor que no se expresa se pierde. ¿De qué sirve querer si no se demuestra?

Soy una mujer afortunada. Hoy me han ofrecido motivos para sentir intensamente la alegría de vivir. Y me gustaría compartirla. Que os llegue un poco de esta voglia di vivere, joie de vivre, joy of living, bizipoza que me inunda.

No conozco mejor regalo.


(J. me pide que aclare que no ha sido él el de la declaración. No vayan a pensar sus conocidos que es un blandengue sentimental. Dicho queda).





sábado, 18 de agosto de 2012

Amigos, amantes o nada



Friends, lovers or nothing. John Mayer.

domingo, 13 de mayo de 2012

Cuando los hombres lloran

Cuando los hombres lloran las lágrimas se convierten en noticia. En las contadas ocasiones en que los hombres lloran en público su llanto es motivo de debate. ¿Tenían que haberse contenido? ¿Es de recibo que se derrumben así -"como mujeres"- por un fracaso?.

Las emociones varoniles se desatan sin disimulo cuando su equipo de fútbol pierde un partido decisivo o cuando despiden a un histórico. Y todos se deshacen en lágrimas. Los futbolistas, los seguidores y hasta los árbitros se conmueven.

Leí hace tiempo la reseña de una investigación realizada en el Reino Unido sobre los beneficios del fútbol. Decía que un partido era la situación idónea para que los hombres ingleses conectaran con sus emociones. Y que era muy importante para su salud mental. Me pareció una tontada, pero es porque no lo entendí.

Yo sólo había visto llorar a algunos hombres cercanos en funerales. Y sólo si la muerta era su madre. (!Ay las madres! No importa la edad que tengamos, cuando se van dejamos de ser niños para siempre). Me pareció que las lágrimas masculinas son igual de saladas que las nuestras. Si acaso, más silenciosas. Ellos hacen menos ruido.

Menos en el fútbol.

Y en esta semana, tan repleta de pasiones, voy y me encuentro en Internet -dónde va a ser- un poema que me explica lo que me estoy perdiendo por no recordar nunca lo que es un córner. "Poema del fúbol" se llama. Lo escribió un tal Walter Saavedra, locutor argentino de Radio Mitre, y empieza así:

Como vas a saber lo que es el amor
si nunca te hiciste hincha de un club...



viernes, 14 de octubre de 2011