domingo, 12 de agosto de 2012

Mi postura favorita


Esta foto es, para mí, una representación de la felicidad. Los pies en alto, la compañía de una buena novela y las olas como música de fondo. Mejor si hace calor. Las vacaciones son para vivir sin reloj, pero la pereza ralentiza, aleja la realidad. Se diría que todo el mundo está bien. Y no.

En medio de este aturdimiento dos sucesos me conmueven: la perfección de las gimnastas olímpicas (Kanayeva me deja sin aliento) y el discurso del alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo, explicando cómo los sindicalistas andaluces se llevaron alimentos del supermercado para comedores sociales. Tiene toda la razón cuando dice que "Los gatos, sean del color que sean, comen ratones, y nosotros somos ratones".

Son ya cinco años del inicio de la crisis financiera y parecemos anestesiados. Preocupados sí que estamos, cabreados incluso, pero un poco perdidos. No viene mal que nos despierten del sopor con un humilde carro de la compra. Lección de marketing directo para políticos. Menos hablar de deudas, bancos, primas de riesgo y mercados invisibles; la clave está en el carrito. Al final, todo se reduce a lo básico: nos organizamos para que todo el mundo pueda comer o nos conformamos con que algunos pasen hambre.


domingo, 29 de julio de 2012

Fraggel Rock y los homosexuales


Siempre he sido fan de los fraggles (fraguels en castellano). No sólo me divertía verlos y seguir sus aventuras es que quería ser una de ellos. Para los que no saben de qué hablo, aquí tienen una presentación.

“Vamos a jugar, tus problemas déjalos. Para disfrutar, ven a Fraggle Rock”.



Los fraggles viven una vida muy despreocupada, emplean la mayor parte de su tiempo en jugar, explorar y disfrutar. La serie se centraba en un grupo de cinco amigos: Gobo, Musi, Rosi, Dudo y Bombo; cada uno con una personalidad bien definida. El líder, la artista, el indeciso… era muy entretenido ver cómo se enfrentaban a los dilemas desde su identidad específica. Y el tío Matt, el explorador, que enviaba las postales desde el mundo exterior –el de los humanos como nosotros-. ¡Qué buenos ratos!

Recupero mi cariño por los fraggle cuando leo que la compañía de su creador, Jim Henson Co, ha roto relaciones con una cadena de comida rápida estadounidense porque el presidente se había posicionado contra el matrimonio homosexual y reconocía que contribuía económicamente con organizaciones homófonas. Se acabó lo de regalar muñequitos fraggles a las criaturas que se zampan una hamburguesa. Divorcio por incompatibilidad de caracteres.

Los gays dan mucho juego. No hay manera de que les dejen vivir su vida. Imaginemos que a un grupo de trabajo se incorpora un homosexual de esos que no se esconde sino que milita. Con novio y comprometido con la causa. Es como la prueba del algodón de la intolerancia. Su sola presencia pone en evidencia muchas actitudes intransigentes que van desde el chiste a la crítica más o menos grosera. Todo eso aderezado con la muletilla “pero yo no tengo nada en contra, eh!”. Hay un tipo de gente –sobre todo hombres- a la que le pone muy nerviosa la proximidad de un gay. ¿Por qué será?

Así que me parece genial que los fraggles tomen postura. Veo necesario dejarlo claro. Algo así como decir “si a ti no te gustan los homosexuales a mí no me gustas tú”.

Recuerdo que en Fraggle Rock también vive otra especie de pequeñas criaturas humanoides, de color verde y que visten casco. Se la pasan trabajando. Levantan estructuras de una sustancia que es pura golosina para los fraggle. Mientras la legión de curris trabaja sin descanso, unos pocos fraggles holgazanean, se alimentan del esfuerzo de los pequeños curris y consultan sus problemas con una montaña de basura. ¡Madre mía! Ahora que lo pienso, ya vivo en Fraggel Rock sólo que me ha tocado ser curri…

Aquí un trocito del primer episodio de Fraggel Rock. Otro día hablaremos de Pippi Calzaslargas.




domingo, 15 de julio de 2012

"Cosa de funcionarios"



Me gustan las amapolas. Me produce alegría encontrármelas en los caminos. Es el mío un entusiasmo infantil que me lleva a exclamar lo bonitas que son una y otra vez, aburriendo a los de mi entorno. Escucho pero no atiendo a sus objeciones de que son flores frágiles, poco duraderas, sencillas... Sí, pero su vistosidad me anima la vida.

Estos días necesito de las amapolas para huir de tanta mala noticia, de tanto desprecio, de tanto insulto a la inteligencia. Las amapolas se utilizan como sedante para el sistema nervioso pero a mí me tranquilizan sin infusión. Me basta con mirarlas.

Para la próxima semana hay convocatorias diversas de movilización contra los recortes anunciados por el Gobierno de Rajoy. Escucho en el tren que eso es "cosa de funcionarios". Por lo visto, la defensa de la sanidad para todos hay que dejársela a los médicos y la educación gratuita sólo tienen que reivindicarla los maestros. Pensionistas y parados, sobran. ¿Cómo hace la gente para creerse al margen de los problemas sociales?

Las amapolas nacen espontáneamente al borde del camino y en terrenos baldíos. Quiero creer que en este erial surgirán miles de amapolas rojas.

sábado, 30 de junio de 2012

Sobre emociones, olvidos y el milagro de la economía alemana

Apenas me he acercado al blog durante este mes. He estado ocupada aprendiendo cosas diversas. Como se dice ahora: he estado dedicada a la escucha activa.

Entre otras obligaciones, he asistido a foros donde se disertaba sobre la comunicación política y la importancia de las redes sociales. Todo muy interesante y muy "del momento". Y me han quedado claras un par de cosas que me gustaría compartir aquí.

La primera es que las redes sociales no son revolucionarias. Son un canal más, como el teléfono o la charla en el bar. Con sus peculiaridades y ventajas, por supuesto. Nada despreciables como vía de comunicación, pero los cambios sociales no se consiguen vía Twitter, por mucho que a los blogueros y demás aficionados les cueste aceptar.

La segunda es que lo más importante que gestionan los políticos no son programas ni presupuestos económicos sino emociones. La esencia de la política está en tocar, en llegar, al estado de ánimo de la gente. Si les cuentas lo que quieren oír y consigues que quieran oír lo que tienes que contarles has triunfado.

Y como siempre en comunicación, tan importante como lo que se dice es lo que se calla. Esto vale para todos nosotros, eh! Nadie va enseñando, en una primera cita, su verruga en la espalda. Ninguno intenta seducir a otro hablando de sus ronquidos o su desagradable despertar. Así que engañamos y nos encanta ser engañados. ¿Es aceptable o no? Depende de la medida.

Y ahora es cuando mi hija me preguntaría: "¿Y qué tiene que ver todo esto con el título que has puesto?". Mucho. La crisis económica, el rescate a los bancos, los recortes sociales, todo lo que decían que no iba a ocurrir y está pasando... se está "narrando" en base a las emociones y los olvidos. Escucho hablar a amigas, a la gente que me rodea, y me percato de que se asume la situación como si tuviéramos algo de culpa. Nos están preparando y estamos creyendo que tenemos que aceptar un castigo por un "pecado" algo indefinido e incierto, no sé, como si hubiéramos querido vivir imitando a los ricos sin serlo.

Me irrita profundamente este relato tan extendido que nos anima a despreciar a los griegos y a admirar a los alemanes. Así que os invito a leer este texto, muy clarificador, sobre las bases de la prosperidad alemana. Porque los discursos oficiales son siempre interesados y, a menudo, hábiles en tapar verrugas y ronquidos.

domingo, 10 de junio de 2012

Mariano Rajoy se va al fútbol


¿Y por qué no lo iba a hacer? Si ya puede estar tranquilo. Europa ha dado un crédito a sus bancos en condiciones favorables que pagaremos entre todos. El resultado de una buena gestión. Ese es su relato de la realidad. Don’t panic! Hoy en día, el relato es lo importante, cómo se cuenta; la realidad es lo de menos. Sólo sirve para amargarse.

Parecemos tontos por no entenderlo. ¿Qué motivos puede tener el presidente de España para estar preocupado? Ya lo explicó hace unos días, que no iba a haber rescate. Y no va a entrar ahora en discusiones nominales. Tiene mayoría absoluta. Una oposición acomplejada y sin rumbo (que no paguen justos por pecadores dice el otro. ¡Anda ya!) Un rey amigo que caza elefantes. Los banqueros le apoyan. Dice públicamente que ha salvado el Reino de España y no le crece la nariz. Sabe que millones de votantes le volverían a apoyar porque, ellos son así, le creen. No importan las evidencias, ni que mienta, ni que engañe.

Los que no estén a gusto pueden seguir entretenidos en el Twitter y hacer del #rescate Trending Topic. Mientras la indignación de los que no se resignan sube enteros él se va a Polonia a ver a la selección. Porque conoce bien a su público y si la Roja gana…

¿Cuánto más vamos a aguantar? ¿A qué estamos esperando?

FORZA ITALIA!

domingo, 13 de mayo de 2012

Cuando los hombres lloran

Cuando los hombres lloran las lágrimas se convierten en noticia. En las contadas ocasiones en que los hombres lloran en público su llanto es motivo de debate. ¿Tenían que haberse contenido? ¿Es de recibo que se derrumben así -"como mujeres"- por un fracaso?.

Las emociones varoniles se desatan sin disimulo cuando su equipo de fútbol pierde un partido decisivo o cuando despiden a un histórico. Y todos se deshacen en lágrimas. Los futbolistas, los seguidores y hasta los árbitros se conmueven.

Leí hace tiempo la reseña de una investigación realizada en el Reino Unido sobre los beneficios del fútbol. Decía que un partido era la situación idónea para que los hombres ingleses conectaran con sus emociones. Y que era muy importante para su salud mental. Me pareció una tontada, pero es porque no lo entendí.

Yo sólo había visto llorar a algunos hombres cercanos en funerales. Y sólo si la muerta era su madre. (!Ay las madres! No importa la edad que tengamos, cuando se van dejamos de ser niños para siempre). Me pareció que las lágrimas masculinas son igual de saladas que las nuestras. Si acaso, más silenciosas. Ellos hacen menos ruido.

Menos en el fútbol.

Y en esta semana, tan repleta de pasiones, voy y me encuentro en Internet -dónde va a ser- un poema que me explica lo que me estoy perdiendo por no recordar nunca lo que es un córner. "Poema del fúbol" se llama. Lo escribió un tal Walter Saavedra, locutor argentino de Radio Mitre, y empieza así:

Como vas a saber lo que es el amor
si nunca te hiciste hincha de un club...



martes, 1 de mayo de 2012

Vivir en presente continuo

Descubro que estoy rodeada de viejos. De viejos, que no de gente con muchos años. Hay personas que no llegan a los 50 y ya comentan más del pasado que del presente.

Recientemente he conocido a una actriz de 84. Empezó a desarrollar su vocación después de jubilarse. A los 65 -cuando ya se había "ganado" la vida-, se apuntó a una escuela de teatro. El retiro le sirvió para comenzar a trabajar en lo que le gustaba. Lucía radiante.

A veces yo también envejezco. Pierdo la vitalidad en cosas que no me interesan nada. Y envidio a los jubilados. Dueños de todo su tiempo.

Pero es un error. Vivir ansiando el futuro es una equivocación igual de extendida que quedarse en lo que fue. Sólo tenemos el hoy. Con 24, con 48, con 60... sólo el ahora. Por eso me ha gustado leer en esta entrevista con una "joven" de 72 que "La edad no debe ser un pretexto para hacerse viejo".

No nos damos cuenta pero, excepto en algún momento trágico o duro, siempre estamos "en los mejores años de nuestra vida". Disfrutad del vídeo.

I migliori anni della nostra vita. Renato Zero & Momix.