jueves, 18 de octubre de 2012
Orekak ez du balio
Orekak ez du balio lurrean zaudenean... Me gusta esta canción.
Así estamos todos. No nos damos cuenta de que equilibrio es encontrarse en el punto en el que no caigo ni adelante ni atrás. Y no es el caso.
Hace unos días desperté con una idea fija: ¿para qué necesitamos a los bancos? Desde luego no es para que nos guarden el dinero. No tenemos tanto como para no poder dejarlo en casa. Entonces, debe ser para que nos den crédito. De hecho, creo que para eso se inventaron. Pero ya hace tiempo que no lo dan. Entonces ¿para qué los rescatamos? ¿Por qué tenemos que esforzarnos tanto en mantener algo que no nos da nada a cambio?
Nos han hecho creer que nuestro equilibrio depende de este sistema e hipotecamos hasta nuestro aliento con tal de no reconocer que estamos a ras de suelo.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Lo que todos queremos
Desde hace cinco años, el Instituto Coca Cola de la Felicidad se dedica a investigar los factores y mecanismos que la hacen posible -la felicidad, no la coca cola-. (Aprovecho para señalar que éste es un estupendo ejemplo de cómo vender la marca sin hablar del producto. Observad que no piden nuestra atención para tratar de las características de una bebida gaseosa refrescante sino de la FELICIDAD, eso que todos los habitantes del primer mundo anhelamos -en otros mundos peor clasificados están más preocupados por lograr comer todos los días-).
Este instituto creado por la empresa fabricante de refrescos y una universidad de verano, de las de renombre, han dedicado un curso a tratar sobre la influencia de la felicidad en el estado de la salud. Está claro que la búsqueda de la felicidad es una industria en alza. A todos nos tienta eso de ser dichosos, y si hay alguna manera de aprender a conseguirlo nos apuntamos de cabeza.
A mí me parece bien lo de que ofrezcan consejos y ayuda para estar más a gusto y no ir por la vida con cara de ajo. Por ejemplo, una recomendación que me agrada y practico es la de no convertir una emoción negativa en un estado de ánimo permanente. Si algo te cabrea, te entristece, te duele, te pica…, reacciona y luego suéltalo, déjalo irse. Los rencores estropean el cutis, eso seguro.
Pero lo de mezclar la capacidad de ser feliz con la salud de cada uno y, directamente, pasar a sacar conclusiones “científicas" sobre dicha relación me hace pensar en la gallina y el huevo. ¿Qué fue primero? ¿Una persona está sana porque es feliz o es feliz porque está sana? ¿Los enfermos lo son porque previamente a su enfermedad se sentían desgraciados o se sienten desgraciados cuando pierden la salud? ¿Tengo que creer que en el Alzheimer de mi padre tuvo algo que ver su grado de satisfacción con la vida? Era un hombre bastante feliciano…
Hay un tufillo perverso en esa simplificación. Desde el bienestar es fácil decir al desdichado que se aplique más. Desde la salud se puede tontear con la idea de que la enfermedad es consecuencia de la negatividad mental. Pero esto sólo se da cuando estás en la parte buena del discurso. Es como decirle a los parados que se esmeren un poquito en encontrar trabajo... cuando tú nunca has pisado una oficina de empleo.
Yo diría que tener salud y/o que estén sanos aquellos a los que amamos es una condición para ser feliz, como lo es tener el estómago lleno para poder ocuparte de otros asuntos más filosóficos. Pero es sólo una intuición. No tenéis que creerlo. Ningún instituto me ha pagado para demostrarlo, ni me patrocina ninguna marca.
Este instituto creado por la empresa fabricante de refrescos y una universidad de verano, de las de renombre, han dedicado un curso a tratar sobre la influencia de la felicidad en el estado de la salud. Está claro que la búsqueda de la felicidad es una industria en alza. A todos nos tienta eso de ser dichosos, y si hay alguna manera de aprender a conseguirlo nos apuntamos de cabeza.
A mí me parece bien lo de que ofrezcan consejos y ayuda para estar más a gusto y no ir por la vida con cara de ajo. Por ejemplo, una recomendación que me agrada y practico es la de no convertir una emoción negativa en un estado de ánimo permanente. Si algo te cabrea, te entristece, te duele, te pica…, reacciona y luego suéltalo, déjalo irse. Los rencores estropean el cutis, eso seguro.
Pero lo de mezclar la capacidad de ser feliz con la salud de cada uno y, directamente, pasar a sacar conclusiones “científicas" sobre dicha relación me hace pensar en la gallina y el huevo. ¿Qué fue primero? ¿Una persona está sana porque es feliz o es feliz porque está sana? ¿Los enfermos lo son porque previamente a su enfermedad se sentían desgraciados o se sienten desgraciados cuando pierden la salud? ¿Tengo que creer que en el Alzheimer de mi padre tuvo algo que ver su grado de satisfacción con la vida? Era un hombre bastante feliciano…
Hay un tufillo perverso en esa simplificación. Desde el bienestar es fácil decir al desdichado que se aplique más. Desde la salud se puede tontear con la idea de que la enfermedad es consecuencia de la negatividad mental. Pero esto sólo se da cuando estás en la parte buena del discurso. Es como decirle a los parados que se esmeren un poquito en encontrar trabajo... cuando tú nunca has pisado una oficina de empleo.
Yo diría que tener salud y/o que estén sanos aquellos a los que amamos es una condición para ser feliz, como lo es tener el estómago lleno para poder ocuparte de otros asuntos más filosóficos. Pero es sólo una intuición. No tenéis que creerlo. Ningún instituto me ha pagado para demostrarlo, ni me patrocina ninguna marca.
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lunes, 20 de agosto de 2012
La alegría de vivir
Hoy es mi cumpleaños y me han regalado una declaración de amor.
No diré quién para no molestar –es una persona tímida-, pero sí cómo: de manera clara y sin vergüenza. Me ha escrito que me quería, que se siente dichosa por compartir tiempo y espacio conmigo, y que piensa que tiene mucha suerte.
Hoy celebro que nací hace unos cuantos años –pocos, teniendo en cuenta todos los que tengo intención de vivir- y he despertado con la constatación de lo que siempre he sabido: el cariño es el latido que nos mantiene vivos, -aún en los malos momentos, cuando parece que todo falta-, es el verdadero aliento del alma.
Los vascos tenemos fama de ser secos, contenidos, poco expresivos con los afectos. Son estereotipos, ya sé, pero algo de cierto hay. Deberíamos cambiar; aprender de otros que son más efusivos. No digo yo que haya que andar repartiendo abrazos a desconocidos, ni haciendo demostraciones de júbilo por cualquier cosa. No hablo de pasarse a las lisonjas melosas, pero si convendría soltarse un poco un pelo. Entender claramente que el amor que no se expresa se pierde. ¿De qué sirve querer si no se demuestra?
Soy una mujer afortunada. Hoy me han ofrecido motivos para sentir intensamente la alegría de vivir. Y me gustaría compartirla. Que os llegue un poco de esta voglia di vivere, joie de vivre, joy of living, bizipoza que me inunda.
No conozco mejor regalo.
(J. me pide que aclare que no ha sido él el de la declaración. No vayan a pensar sus conocidos que es un blandengue sentimental. Dicho queda).
sábado, 18 de agosto de 2012
domingo, 12 de agosto de 2012
Mi postura favorita
Esta foto es, para mí, una representación de la felicidad. Los pies en alto, la compañía de una buena novela y las olas como música de fondo. Mejor si hace calor. Las vacaciones son para vivir sin reloj, pero la pereza ralentiza, aleja la realidad. Se diría que todo el mundo está bien. Y no.
En medio de este aturdimiento dos sucesos me conmueven: la perfección de las gimnastas olímpicas (Kanayeva me deja sin aliento) y el discurso del alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo, explicando cómo los sindicalistas andaluces se llevaron alimentos del supermercado para comedores sociales. Tiene toda la razón cuando dice que "Los gatos, sean del color que sean, comen ratones, y nosotros somos ratones".
Son ya cinco años del inicio de la crisis financiera y parecemos anestesiados. Preocupados sí que estamos, cabreados incluso, pero un poco perdidos. No viene mal que nos despierten del sopor con un humilde carro de la compra. Lección de marketing directo para políticos. Menos hablar de deudas, bancos, primas de riesgo y mercados invisibles; la clave está en el carrito. Al final, todo se reduce a lo básico: nos organizamos para que todo el mundo pueda comer o nos conformamos con que algunos pasen hambre.
domingo, 29 de julio de 2012
Fraggel Rock y los homosexuales
Siempre he sido fan de los fraggles (fraguels en castellano). No sólo me divertía verlos y seguir sus aventuras es que quería ser una de ellos. Para los que no saben de qué hablo, aquí tienen una presentación.
“Vamos a jugar, tus problemas déjalos. Para disfrutar, ven a Fraggle Rock”.
Los fraggles viven una vida muy despreocupada, emplean la mayor parte de su tiempo en jugar, explorar y disfrutar. La serie se centraba en un grupo de cinco amigos: Gobo, Musi, Rosi, Dudo y Bombo; cada uno con una personalidad bien definida. El líder, la artista, el indeciso… era muy entretenido ver cómo se enfrentaban a los dilemas desde su identidad específica. Y el tío Matt, el explorador, que enviaba las postales desde el mundo exterior –el de los humanos como nosotros-. ¡Qué buenos ratos!
Recupero mi cariño por los fraggle cuando leo que la compañía de su creador, Jim Henson Co, ha roto relaciones con una cadena de comida rápida estadounidense porque el presidente se había posicionado contra el matrimonio homosexual y reconocía que contribuía económicamente con organizaciones homófonas. Se acabó lo de regalar muñequitos fraggles a las criaturas que se zampan una hamburguesa. Divorcio por incompatibilidad de caracteres.
Los gays dan mucho juego. No hay manera de que les dejen vivir su vida. Imaginemos que a un grupo de trabajo se incorpora un homosexual de esos que no se esconde sino que milita. Con novio y comprometido con la causa. Es como la prueba del algodón de la intolerancia. Su sola presencia pone en evidencia muchas actitudes intransigentes que van desde el chiste a la crítica más o menos grosera. Todo eso aderezado con la muletilla “pero yo no tengo nada en contra, eh!”. Hay un tipo de gente –sobre todo hombres- a la que le pone muy nerviosa la proximidad de un gay. ¿Por qué será?
Así que me parece genial que los fraggles tomen postura. Veo necesario dejarlo claro. Algo así como decir “si a ti no te gustan los homosexuales a mí no me gustas tú”.
Recuerdo que en Fraggle Rock también vive otra especie de pequeñas criaturas humanoides, de color verde y que visten casco. Se la pasan trabajando. Levantan estructuras de una sustancia que es pura golosina para los fraggle. Mientras la legión de curris trabaja sin descanso, unos pocos fraggles holgazanean, se alimentan del esfuerzo de los pequeños curris y consultan sus problemas con una montaña de basura. ¡Madre mía! Ahora que lo pienso, ya vivo en Fraggel Rock sólo que me ha tocado ser curri…
Aquí un trocito del primer episodio de Fraggel Rock. Otro día hablaremos de Pippi Calzaslargas.
domingo, 15 de julio de 2012
"Cosa de funcionarios"
Me gustan las amapolas. Me produce alegría encontrármelas en los caminos. Es el mío un entusiasmo infantil que me lleva a exclamar lo bonitas que son una y otra vez, aburriendo a los de mi entorno. Escucho pero no atiendo a sus objeciones de que son flores frágiles, poco duraderas, sencillas... Sí, pero su vistosidad me anima la vida.
Estos días necesito de las amapolas para huir de tanta mala noticia, de tanto desprecio, de tanto insulto a la inteligencia. Las amapolas se utilizan como sedante para el sistema nervioso pero a mí me tranquilizan sin infusión. Me basta con mirarlas.
Para la próxima semana hay convocatorias diversas de movilización contra los recortes anunciados por el Gobierno de Rajoy. Escucho en el tren que eso es "cosa de funcionarios". Por lo visto, la defensa de la sanidad para todos hay que dejársela a los médicos y la educación gratuita sólo tienen que reivindicarla los maestros. Pensionistas y parados, sobran. ¿Cómo hace la gente para creerse al margen de los problemas sociales?
Las amapolas nacen espontáneamente al borde del camino y en terrenos baldíos. Quiero creer que en este erial surgirán miles de amapolas rojas.
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