sábado, 20 de noviembre de 2021

Treinta y tres cajas grandes


Algunos deseos infantiles se nos olvidan. Surgen otros, más importantes en apariencia, y los van desplazando. Yo de pequeña quería tener muchos libros. Dinero para comprarlos, una estancia propia donde guardarlos y tiempo para leer, y leer, y leer. “Esta niña abre un libro y se le olvida comer” decía mi madre, en tono de reproche.

Un percance doméstico con fuga de agua incluida nos ha obligado a vaciar la sala y a vivir algo incómodos durante semanas. El mayor problema ha sido la recolocación, en un lugar seguro, de los libros que hemos ido acumulado en una vida –no somos jóvenes;  el Servicio de Salud se encarga de recordárnoslo a menudo-.

Ha habido que alquilar un trastero para guardar el contenido de dos largas estanterías que ocupaban las paredes. Treinta y tres cajas grandes de libros. Lo de grandes no es exagerado. Miles de ejemplares. Ordenados por idioma y apellido.

Nunca habría imaginado que les tenía, les tengo, tanto apego.  De algunos pocos, recuerdo cuándo los compre o quién me los regaló, en qué situación los leí. Cuánto me ayudaron.

Cuando se los llevaron supe lo mucho que los apreciaba. Ha quedado un extraño eco en la estancia. Un vacío inquietante. Faltan las palabras de tanta gente talentosa que escribió para que otros disfrutaran.

Como dice Coque Malla en esa preciosa canción, vivimos solo una vez  y todo es fugaz. Yo he pasado muchas horas buscando, comprando y leyendo.  Puedo decir que aquel anhelo infantil se ha cumplido.

Estoy deseando que vuelvan a casa mis libros. Con ellos me siento acompañada.

 

 


lunes, 6 de septiembre de 2021

Reiniciarnos


Me ha entristecido mucho la muerte de Olatz Vázquez. No la conocía más allá de las redes sociales, pero el relato de sus vivencias en instagram, la manera de narrar su día a día, era tan íntimo y artístico... Tocaba muy dentro. 

Deseaba un final feliz para la enfermedad de Olatz. Y a la tristeza se ha sumado la rabia, porque no hubo diagnóstico a tiempo. Nunca sabremos si de haberla atendido antes el desenlace hubiera sido otro. 

Lo que sí sabemos es que la atención sanitaria pública está muy resentida y que el coronavirus es la excusa para todo. Pero hay otras enfermedades, otros dolores, otras tragedias... ¿No os parece que el covid-19 está ocupando demasiado espacio y tiempo en nuestras vidas? Se ha convertido en un bucle sin final. 

Encaramos un nuevo inicio de estación y es momento de marcar prioridades, personales y colectivas. No podemos aceptar perder servicios y derechos que teníamos en 2019; hay que sacudirse el síndrome sicológico de la pandemia y recuperar lo que éramos.

Tenemos la posibilidad de reiniciarnos con cada despertar. 

Quiero veros bailar. 

viernes, 25 de junio de 2021

A cara descubierta


Nos quedan muchos más

regalos por abrir.

Monedas que, al girar,

descubran un perfil

que empieza en celofán

y acaba en eco. 


He elegido una canción que me emociona -sobre todo la percusión final- para dar la bienvenida al tiempo sin mascarilla. 

Han sido meses de perdernos muchas sonrisas. Echaba de menos sentir el viento en la cara cuando camino -hoy retorno a las escaleras hacia el acantilado-, y, aunque sea provisional, este relajamiento de las medidas lo voy a disfrutar. Vaya que sí. 

Yo no suelto la mascarilla - he comprado una cinta para llevarla colgando-, pero quiero acostumbrarme de nuevo a las caras con dientes y papadas. Puede que os vea a todos más flácidos y viejos, puede que me encontréis menos guapa, pero lo asumo; es preferible la fealdad a la asepsia. 

Porque necesitamos ver el final de los días raros. Reencontrarnos. Y vivir el verano. 

domingo, 9 de mayo de 2021

La patria era el bar



Lo siento por el personal sanitario. Tanta admiración y aplauso, y ahora les dejamos a su suerte. Son los mayores damnificados de esta lucha entre poderes: el político, el judicial, el económico...

El mensaje fue claro desde el inicio, pero con el shock del confinamiento no supimos, o no quisimos, interpretarlo: había que aprender a convivir con el virus. O sea, acostumbrarse. Se nos exhortaba  a hacer hueco en nuestra vida cotidiana para las mascarillas, la distancia personal, las cifras de contagios, los confinamientos por contacto, los ingresos en UCI y la muerte. A cambio, nos han ofrecido desinformación y regañinas, junto con promesas de una mejora a plazos que, como el mar, funciona por mareas: ola arriba, ola abajo.

El reforzamiento y la mejora del sistema público de salud quedaban aplazados para tiempos mejores. 

Y así  hemos llegado hasta aquí, mentalmente exhaustos, cada cual aferrado a su argumento, para descubrir que el terreno a defender era el bar. La libertad de consumir y hacer caja le ha ganado la batalla a la solidaridad. 

A partir de ahora, que se mueran los feos que ya tenemos nueva diana: las personas que voluntariamente decidan no vacunarse van a ser señaladas como apestadas. Porque nada une más que un enemigo común. 





lunes, 8 de marzo de 2021

De pronto, hace un año de todo


A la pantalla de mi móvil saltan imágenes de mi vida hace ahora un año. La víspera de que la pandemía nos mostrara su rostro, tuve un fin de semana de celebraciones familiares y de amistad. Más de 20 personas en torno a una mesa, hablando, comiendo, riendo, tocándonos... 

Las fotos muestran personas ajenas a contagios y cuarentenas. Después llegarían el confinamiento y el teletrabajo. Y la convivencia con una enfermedad que ha puesto la cotidianidad patas arriba y nos ha mostrado, crudamente, las costuras de nuestras certezas.

¿Entonces éramos felices? Visto desde el ahora, sin duda. Y hoy ¿lo somos? Cada cuál tendrá que buscar su respuesta. 

Yo me he hecho una lista de las cosas positivas que, para mí, ha tenido el 2020. Son varias e interesantes. Quizá habría llegado al mismo lugar sin la pandemía, nunca lo sabré.

Lo que sé es que en este periodo extraño y difícil he desarrollado mucho mi capacidad para el disfrute; me he hecho más selectiva en cuanto a las compañías, los lugares y los tiempos; más sensible (el calor me parece más cálido, el aire, más fresco), y aprecio mejor los afectos y el silencio. 

A ratos, diría que todo consiste en resistir. Y en eso las mujeres como yo estamos entrenadas.




domingo, 14 de febrero de 2021

Mantieni il bacio



Es el amor el que nos salva de la herida del mundo 

 È l'amore che ci salva dalla ferita del mondo. Mantieni il bacio letra traducida. Michele Bravi.



domingo, 20 de diciembre de 2020

Nueve meses sin veros sonreír


Para empezar hay que aclarar que estamos bien _ ¿En casa todos bien?_ es la pregunta obligada, _ Sí, sí, de momento, bien_ respuesta que indica que no ha habido contagios o, si ha ocurrido, los daños no han sido irreparables. 

Así que tenemos mucha suerte, porque de las tres cosas de la vieja canción (salud, dinero y amor) mantenemos saldo positivo en todas. Justito, quizá, pero sin números rojos. 

Una vez dicho esto, -los suertudos que somos-, entramos en la zona de la queja, el malestar y el resentimiento contra este tiempo -nueve meses ya- de vida con restricciones, en alerta, del trabajo a casa y de casa al trabajo...

La anormalidad de no relacionarnos, de no tocarnos, de no besarnos, nos ha convertido en seres frágiles y tristes. Afortunados y, sin embargo, taciturnos y temerosos. 

Espero que este año extraño haya servido, al menos, para entender cuánto significamos los unos para los otros. 

Os he echado de menos. Cuidaos y seguid resistiendo. Nos vemos en el 2021.