lunes, 8 de marzo de 2021
De pronto, hace un año de todo
domingo, 14 de febrero de 2021
Mantieni il bacio
Es el amor el que nos salva de la herida del mundo
È l'amore che ci salva dalla ferita del mondo. Mantieni il bacio letra traducida. Michele Bravi.
domingo, 20 de diciembre de 2020
Nueve meses sin veros sonreír
Para empezar hay que aclarar que estamos bien _ ¿En casa todos bien?_ es la pregunta obligada, _ Sí, sí, de momento, bien_ respuesta que indica que no ha habido contagios o, si ha ocurrido, los daños no han sido irreparables.
Así que tenemos mucha suerte, porque de las tres cosas de la vieja canción (salud, dinero y amor) mantenemos saldo positivo en todas. Justito, quizá, pero sin números rojos.
Una vez dicho esto, -los suertudos que somos-, entramos en la zona de la queja, el malestar y el resentimiento contra este tiempo -nueve meses ya- de vida con restricciones, en alerta, del trabajo a casa y de casa al trabajo...
La anormalidad de no relacionarnos, de no tocarnos, de no besarnos, nos ha convertido en seres frágiles y tristes. Afortunados y, sin embargo, taciturnos y temerosos.
Espero que este año extraño haya servido, al menos, para entender cuánto significamos los unos para los otros.
Os he echado de menos. Cuidaos y seguid resistiendo. Nos vemos en el 2021.
viernes, 23 de octubre de 2020
Ellos, nosotras, todos
Ellos, líderes mediocres y feroces, tienen un discurso: hay que aprender a convivir con el virus. Lo que se traduce en: hay que acostumbrarse y aceptar la muerte y el sufrimiento causados por el covid-19. Y nos instan a seguir impulsando la rueda. Que no pare. Es responsabilidad individual no infectarse. Nos dan recomendaciones para luego abroncarnos por no cumplir. "Te lo dije. La culpa es tuya, por ser débil, viejo, pobre...". Selección natural.
Nosotras, personas afectadas y perplejas, sentimos rabia y miedo. Nos creíamos a salvo. Protegidas por un sistema eficaz, que se ha desvelado insuficiente, incapaz, lleno de fallos. Entre la incredulidad y la negación, no acabamos de asumir la realidad: nuestras vidas de caramelo, dulces, brillantes, frágiles, no nos aseguran un mañana. El futuro nunca fue una certeza. Para nadie.
Todos, parte de esta mierda de sociedad, deberíamos reflexionar sobre la ausencia de ética, exacerbada por el egoísmo al alza, que nos anima a pensar, a creer, a decir que los que sucumben son mayores y enfermos, previamente tocados por otras dolencias. Son los otros, los excedentes. No productivos demandantes de recursos. Ausencias asumibles, mientras no caigan cerca.
Todas nosotras, personas anónimas, somos la causa de que ellos sean los líderes. Les hemos puesto ahí. Seamos x o y, formamos parte de la ecuación. La incógnita no se despejará sin nuestra participación. !Hagamos algo! Algo que nos humanice, algo que cuando todo pase -siempre pasa- los que queden -siempre queda alguien- puedan contar sin avergonzarse.
Somos mortales. Tenemos final. Pero el cómo y el cuándo importan. Demostremos que importa. Que nos importan.
domingo, 21 de junio de 2020
Tres meses, el pensamiento mágico y la anormalidad
jueves, 14 de mayo de 2020
Desconfinamiento: LA CONFUSIÓN
Dulcifican el mensaje, para intentar agradar supongo, y acaba pasando que nos enredamos en si las franjas horarias son buenas o malas para nuestros intereses personales, si la mascarilla es más o recomendable y/o soportable, que si las terrazas, que si las fiestas patronales...
Todo se simplificaría si dijeran alto y claro cuál es la diferencia entre ahora y hace dos meses.
Repasemos: el virus es el mismo - igual de contagioso y desconocido-, tratamiento no tenemos; vacuna, tampoco. Lo distinto es que gracias al confinamiento se ha reducido de manera considerable la velocidad de contagio y, en caso de enfermar, tendremos una cama en el hospital. O sea, hemos superado la fase de colapso del sistema sanitario.
Eso es todo. Igualmente podemos enfermar, pero, al ser menos, nos pueden cuidar mejor.
La tan anhelada normalidad es una ilusión. El riesgo no ha bajado. Si suben los contagios volveremos a la casilla de inicio.
A no ser que queramos aceptar como normal al COVID-19, sus cifras diarias de mortalidad y una asistencia sanitaria selectiva, atendiendo a las personas según criterios de productividad.
Algunas voces ya han perdido la vergüenza y lo declaran sin pudor: que se mueran los viejos. Y si la cifra final resulta poco estética, dejamos de contarlos.
Ellos hablan, y el resto ¿cuándo pasaremos de aplaudir a reivindicar?
domingo, 3 de mayo de 2020
Confinamiento día 50: NI SÍ NI NO
Durante estas cincuenta jornadas especiales, he tenido días pesimistas y días optimistas, pero en ninguno de ellos he creído que fuéramos a salir de esta emergencia siendo mejores.
No quiero ser aguafiestas; me gustaría creer que las situaciones dramáticas sacan lo bueno de la gente, pero confundir los deseos con la realidad no es un buen punto de partida para ningún análisis. ¿En que se basan los que dicen que vamos a salir cambiados? ¿Los aplausos van a conseguir mejores condiciones laborales para el personal de la Sanidad? ¿El cierre de la hostelería va a cambiar la relación alcohol-ocio? ¿La mortalidad en las residencias de mayores va a poner en cuestión el modelo actual de cuidado?
!Ojalá fuera tan sencillo! Los cambios hay que provocarlos, y me temo que la mayoría de la sociedad quiere volver a lo de antes.
Un virus puede enfermarnos, incluso matarnos, pero no nos transforma. Después de esto, seguirá habiendo quien colabore y quien se dedique a fastidiar. Quien solo piense en sí mismo y quien ayude a la colectividad.
No conocemos el camino de salida; avanzamos entre la incertidumbre.
!Pero siempre nos quedará París!