En este día de reflexión voy a empezar de frente: no me creo a los ciudadanos del mundo. No me los creo. En realidad, me parece que se mienten a sí mismos. Todos somos de algún sitio. Nos guste más o menos, pertenecemos a algún lugar, a alguna etnia, a alguna clase social, incluso a alguna religión... Podemos borrarnos, renegar, resocializarnos y convertirnos; sí, sin duda tenemos capacidad para mudar de piel, para aprender y cambiar, para mejorar; en ese caso dejamos de ser de un barrio para pasar a ser de otro, pero siempre ubicados estamos. Sin límites no sabemos vivir el espacio.
Tampoco me creo a los apolíticos. En mi opinión, política es todo. Política somos todos.
Igual que no podemos vivir sin respirar, no podemos evitar hacer política todo el tiempo. Cuando compramos, cuando elegimos con quién y dónde estar, cuando comemos, cuando colaboramos en algo o con alguien, cuando protestamos y cuando aceptamos. Cuando nos resignamos y cuando nos vence el hartazgo. Todas esas decisiones individuales tienen consecuencias colectivas. Son políticas.
La campaña electoral se ha dejado sentir en mi casa. En un núcleo tan pequeño de población ha habido de todo: de entusiastas devoradores de debates televisivos a pasotas desengañados de mensajes y programas trillados. Y no podía faltar, porque me ataca siempre en el día de reflexión, el recuerdo romántico y agradecido a las
sufragistas que se lo pelearon para que yo tenga un derecho tan elemental y que no estoy dispuesta a desaprovechar. Me encanta votar. Lo haría más a menudo, si me dieran la oportunidad. Voto con las tripas, con la cabeza y con el corazón. Todo lo pongo yo en la papeleta.
Y animo a todos los que me rodean a participar, porque quien no vota deja que otra persona decida. Y esa también es una actitud política.
(Por cierto, siempre he tenido una duda: ¿De qué mundo son los que se autodenominan ciudadanos del mundo? ¿Del primero? ¿Del tercero? ¿Del mundo mundial?)
sábado, 23 de mayo de 2015
domingo, 10 de mayo de 2015
Ser madre
Se me pasan todos los acontecimientos, noticias y días importantes sin tiempo para comentarlos. Como el 3 de mayo,
Día Mundial de la Libertad de Prensa que suena tan bonito y sugerente, o la dimisión de Monedero que ha sido tema de editoriales periodísticos augurando quebrantos sin solución para Podemos. En fin, que tampoco es que importe mucho lo que pienso de esos asuntos, los nombro sólo para decirme a mí misma que tengo más ideas que tiempo libre.
Con las prisas casi se me olvida felicitar a mi madre en su día. Menos mal que como no se ponen de acuerdo sobre si el primer domingo o el segundo...el Día de la Madre se puede celebrar casi en cualquier fecha. Porque si algo define a las madres y las diferencia del resto de categorías/oficios es que no tienen días libres. Es un trabajo a tiempo completo.
A veces, una es madre contra todo y contra todos, sobre todo contra el mercado laboral y las "generosas" ofertas empresariales de congelar óvulos. Otras, la maternidad es un cruel castigo decidido por los poderes políticos e imposible de entender por una mente sana, como explica Maruja Torres en este artículo: Salvadla. Pero en situaciones de "normalidad", es decir, de maternidad deseada y responsable, ser madre es sinónimo de cuidar. Y aunque a los egocéntricos pueda sonarles fatal, cuidar da satisfacciones y te hace mejor persona. Siempre que sepas aprovechar la oportunidad, claro.
Las cosas sencillas de entender no necesitan de grandes discursos. Los seres humanos cuidamos y nos cuidan. Nadie sobrevive totalmente solo. Fuimos niños y nos ayudaron a crecer. Somos madres y acompañamos a nuestras criaturas hasta que aprenden a ser autónomas. Y en el camino, si se comparten de corazón sus sorpresas, sus emociones, sus descubrimientos y su felicidad por "hacerse grandes" se disfruta enormemente.
Amor de madre. Gabinete Caligari
Día Mundial de la Libertad de Prensa que suena tan bonito y sugerente, o la dimisión de Monedero que ha sido tema de editoriales periodísticos augurando quebrantos sin solución para Podemos. En fin, que tampoco es que importe mucho lo que pienso de esos asuntos, los nombro sólo para decirme a mí misma que tengo más ideas que tiempo libre.
Con las prisas casi se me olvida felicitar a mi madre en su día. Menos mal que como no se ponen de acuerdo sobre si el primer domingo o el segundo...el Día de la Madre se puede celebrar casi en cualquier fecha. Porque si algo define a las madres y las diferencia del resto de categorías/oficios es que no tienen días libres. Es un trabajo a tiempo completo.
A veces, una es madre contra todo y contra todos, sobre todo contra el mercado laboral y las "generosas" ofertas empresariales de congelar óvulos. Otras, la maternidad es un cruel castigo decidido por los poderes políticos e imposible de entender por una mente sana, como explica Maruja Torres en este artículo: Salvadla. Pero en situaciones de "normalidad", es decir, de maternidad deseada y responsable, ser madre es sinónimo de cuidar. Y aunque a los egocéntricos pueda sonarles fatal, cuidar da satisfacciones y te hace mejor persona. Siempre que sepas aprovechar la oportunidad, claro.
Las cosas sencillas de entender no necesitan de grandes discursos. Los seres humanos cuidamos y nos cuidan. Nadie sobrevive totalmente solo. Fuimos niños y nos ayudaron a crecer. Somos madres y acompañamos a nuestras criaturas hasta que aprenden a ser autónomas. Y en el camino, si se comparten de corazón sus sorpresas, sus emociones, sus descubrimientos y su felicidad por "hacerse grandes" se disfruta enormemente.
Amor de madre. Gabinete Caligari
viernes, 1 de mayo de 2015
Me gusta ser una ... turista
Creo que hoy, 1 de mayo, es el mejor día para hablar de vacaciones, ya que las vacaciones pagadas para los trabajadores son -además de un indicador de la salud de los derechos laborales de una sociedad- el punto de apoyo sobre el que se desarrolla el turismo.
Parece que lo hemos olvidado, pero hasta hace unas décadas aquí sólo viajaban los ricos. Si hacemos un repaso a los países que visitaron nuestros padres, los que hemos visitado nosotros y los que han visitado nuestros hijos queda claro el cambio. La respuesta a la pregunta: ¿a qué edad te subiste por primera vez a un avión? da muchas pistas.
Todo esto es para contar que he tenido vacaciones, he estado de viaje y me he percatado, una vez más, de lo mucho que me gusta ser turista. Al contrario de alguna gente cercana a mí que se avergüenza si le descubren como integrante de una excursión de "guiris", yo tengo asumido que todos somos "guiris" para otros y no me parece deshonroso hacer turismo. Es la forma que tengo para saciar -aunque sea superficialmente- mi curiosidad sobre otros lugares y realidades.
Así que en abril he sido turista y, como tantas otras veces, he sido feliz.
La sorpresa ha sido descubrir el desdén y superioridad con que algunos trabajadores de la industria del turismo tratan a los "nuevos" turistas - o sea, a la gente como yo, con limitaciones de tiempo y dinero para viajar-. Al parecer, antes -del inicio de los vuelos baratos, del turismo de masas, de la "crisis"- todo era mejor. Según mi informante (un guía italiano cercano a la jubilación y con mucha jeta, puestos a decirlo todo) "antes" un turista se gastaba 3.000 euros en unas vacaciones y ahora por esa misma cantidad pretende hacer 3 viajes de 1.000 euros cada uno. !Inaudito!
Que el grupo de italianos y alemanes que custodiaba no era de su agrado se notaba, podéis creerme. Su baja consideración para con los viajeros con un ajustado poder adquisitivo me recordó a esos trabajadores que nunca hacen huelga, ni apoyan ninguna reivindicación laboral, ni siquiera asisten a asambleas, porque se creen que la cosa no va con ellos. Pasan como levitando para no enfrentarse a la realidad: sólo hace un siglo que llevamos zapatos y en muchos lugares la mayoría aún camina descalzo.
Según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), dependiente de Naciones Unidas, en 2014 hubo 1.138 millones de turistas internacionales que traspasaronn alguna frontera. En 1950 fueron 22 millones. En mi opinión, es un indicador de bienestar.
Parece que lo hemos olvidado, pero hasta hace unas décadas aquí sólo viajaban los ricos. Si hacemos un repaso a los países que visitaron nuestros padres, los que hemos visitado nosotros y los que han visitado nuestros hijos queda claro el cambio. La respuesta a la pregunta: ¿a qué edad te subiste por primera vez a un avión? da muchas pistas.
Todo esto es para contar que he tenido vacaciones, he estado de viaje y me he percatado, una vez más, de lo mucho que me gusta ser turista. Al contrario de alguna gente cercana a mí que se avergüenza si le descubren como integrante de una excursión de "guiris", yo tengo asumido que todos somos "guiris" para otros y no me parece deshonroso hacer turismo. Es la forma que tengo para saciar -aunque sea superficialmente- mi curiosidad sobre otros lugares y realidades.
Así que en abril he sido turista y, como tantas otras veces, he sido feliz.
La sorpresa ha sido descubrir el desdén y superioridad con que algunos trabajadores de la industria del turismo tratan a los "nuevos" turistas - o sea, a la gente como yo, con limitaciones de tiempo y dinero para viajar-. Al parecer, antes -del inicio de los vuelos baratos, del turismo de masas, de la "crisis"- todo era mejor. Según mi informante (un guía italiano cercano a la jubilación y con mucha jeta, puestos a decirlo todo) "antes" un turista se gastaba 3.000 euros en unas vacaciones y ahora por esa misma cantidad pretende hacer 3 viajes de 1.000 euros cada uno. !Inaudito!
Que el grupo de italianos y alemanes que custodiaba no era de su agrado se notaba, podéis creerme. Su baja consideración para con los viajeros con un ajustado poder adquisitivo me recordó a esos trabajadores que nunca hacen huelga, ni apoyan ninguna reivindicación laboral, ni siquiera asisten a asambleas, porque se creen que la cosa no va con ellos. Pasan como levitando para no enfrentarse a la realidad: sólo hace un siglo que llevamos zapatos y en muchos lugares la mayoría aún camina descalzo.
Según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), dependiente de Naciones Unidas, en 2014 hubo 1.138 millones de turistas internacionales que traspasaronn alguna frontera. En 1950 fueron 22 millones. En mi opinión, es un indicador de bienestar.
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miércoles, 1 de abril de 2015
Sólo se trata de vivir
Bella canción interpretada por la hermosa voz de Silvia Pérez Cruz
"...creo que nadie puede dar una respuesta, ni decir en qué puerta hay que tocar...creo que a pesar de tanta melancolía, tanta pena y tanta herida sólo se trata de vivir"
"...creo que nadie puede dar una respuesta, ni decir en qué puerta hay que tocar...creo que a pesar de tanta melancolía, tanta pena y tanta herida sólo se trata de vivir"
domingo, 29 de marzo de 2015
8 minutos
Si cualquiera de nosotros fuera consciente de que solamente ocho minutos le separan de la muerte ¿qué haría? Gritar, rezar, llorar, nada... Se habla mucho -demasiado, quizá- del copiloto del avión estrellado, el pasado martes, en los Alpes franceses. Es tan estremecedor e incomprensible lo que ocurrió... En el periodismo debería haber un límite ético. Un "ya está, no vamos a darles más espacio a los detalles que sólo alimentan el morbo".
En nuestra sociedad actual cada vez nos cuesta más aceptar la fatalidad como motivo. Buscamos de manera desesperada razones, responsables, culpables en quien descargar la insoportable idea de que la muerte siempre está al acecho. Se puede retrasar -felizmente cada vez la alejamos más en el tiempo - pero nadie puede evitarla. Es humano buscar razones, si bien habría que aceptar que los porqués definitivos de ésta y tantas otras cosas nunca los sabremos.
En nuestra sociedad actual cada vez nos cuesta más aceptar la fatalidad como motivo. Buscamos de manera desesperada razones, responsables, culpables en quien descargar la insoportable idea de que la muerte siempre está al acecho. Se puede retrasar -felizmente cada vez la alejamos más en el tiempo - pero nadie puede evitarla. Es humano buscar razones, si bien habría que aceptar que los porqués definitivos de ésta y tantas otras cosas nunca los sabremos.
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martes, 17 de marzo de 2015
Incertidumbres y certezas (I)
La angustia del parado que desconoce si encontrará trabajo, el temor del enfermo a la espera de diagnóstico, la duda del enamorado que no sabe si será correspondido... son situaciones de incertidumbre que desgastan. Quien las ha conocido lo sabe. Los humanos ansiamos la certeza. Queremos algo seguro a lo que agarrarnos, una verdad que nos sujete.
Cuando murió mi padre, con 77 años, mi sobrino, un niño de 5, -aficionado a los números- preparó una lista con las nombres de sus allegados (madre, padre, hermana, tíos...) y la edad de cada uno. Tras analizarla, le dijo a su madre que podían estar tranquilos, había muchos números entre esas cifras y el 77. Quedaba mucho hasta la muerte. Encontró su certeza y se quedó satisfecho.
Personales o sociales, las incertidumbres hacen daño y hay que aprender a gestionarlas. Me da que la comunicación política juega con esas dos ideas (incertidumbre y certeza) para llevarnos al huerto. Aunque vayamos de racionales, votamos con las tripas. Sólo hay que leer el famoso discurso de Obama en el acto de celebración de su victoria electoral (Chicago 04/11/2008) para entender que la emotiva historia de Ann Nixon Cooper, con la que finaliza el relato, tiene el objetivo de conmover y llegar al corazón.
Seguiremos.
Che sarà della mia vita, chi lo sa...
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domingo, 15 de marzo de 2015
Me han regalado un Moleskine
El viernes me regalaron un Moleskine. La libreta de culto de Bruce Charles Chatwin, el escritor que puso fin a su contrato laboral con un telegrama: "Me he ido a la Patagonia". Hermosa manera de cambiar de vida.
En invierno los días son cortos y las noches largas. Yo la oscuridad y el frío los combato durmiendo. El cuerpo me pide hibernar. Pero no puedo, así que quito energía de donde no debo y como resultado las obligaciones se comen el tiempo de mis devociones. No hago otra cosa que trabajar y recuperar fondo para seguir trabajando.
Sé que no se puede abandonar por tres meses a los lectores y esperar que sigan ahí, pero he vuelto. Tengo un Moleskine, una clara invitación a seguir escribiendo. Llega la primavera. El letargo se acaba.
En invierno los días son cortos y las noches largas. Yo la oscuridad y el frío los combato durmiendo. El cuerpo me pide hibernar. Pero no puedo, así que quito energía de donde no debo y como resultado las obligaciones se comen el tiempo de mis devociones. No hago otra cosa que trabajar y recuperar fondo para seguir trabajando.
Sé que no se puede abandonar por tres meses a los lectores y esperar que sigan ahí, pero he vuelto. Tengo un Moleskine, una clara invitación a seguir escribiendo. Llega la primavera. El letargo se acaba.
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