Noviembre comienza con Halloween y acaba con Acción de gracias. Hoy es Thanksgiving en los USA -lo dice el calendario que cuelga de la pared de mi cocina- y yo sospecho que con la globalización las fiestas de EEUU acabarán siendo las de todos.
¿Cuándo se había visto aquí que la noche del 1 de noviembre la gente se vistiera de zombi? Pues ahora se hace. Puestos a copiar podíamos habernos fijado en los mejicanos que esa misma noche beben y comen en los cementerios para acompañar a los muertos, pero en vez de las calaveras de azúcar a este mercado ha llegado el "trato o truco". ¿Es posible que los vascos, que lo celebramos todo comiendo y bebiendo - de las ferias agrícolas hacemos una fiesta (Santo Tomás, último lunes de Gernika...)- acabemos cenando pavo relleno y pastel de calabaza para agradecer que los pioneros sobrevivieran al crudo invierno en el nuevo mundo? Todo depende del negocio que le vean a explotar el lado comercial. ¿Qué no me creeis? San Valentín va cuajando...
El día después de Acción de gracias, o sea mañana, es la fecha en que comienzan las compras navideñas en EEUU. Se rebajan los precios en los centros comerciales y los estadounidenses tienen fiesta para dedicarse a lo que mejor sabemos hacer en la sociedad actual: consumir. A ese día le llaman Viernes negro pero, por una vez, lo del color no tiene nada que ver con la negatividad ya que la caja en los grandes almacenes y tiendas supera las cifras de cualquier otra fecha. Es la gran fiesta del consumo.
Menos mal que el relato oficial también suele contar con una respuesta alternativa. Coincidiendo con Acción de gracias los pueblos indígenas de Norteamérica celebran, desde el año 1970, el Native's National Day of Mourning (Día Nacional de luto de los indios nativos americanos). No es difícil imaginar porqué los descendientes de aquellos indios que ayudaron a los peregrinos han denominado así esta fecha.
Y la borrachera de consumo también tiene su respuesta. Mañana, 26 de noviembre, se celebrará en los EEUU el Buy Nothing Day (Día Mundial sin Compras). En otros países la convocatoria es para el sábado día 27. Esta jornada de protesta se organizó por primera vez en Vancouver en 1992. Se invita a toda la población a no acudir a comercios y grandes almacenes, reducir al máximo las compras de esa jornada limitándolas a lo realmente necesario, o incluso anularlas, y salir a la calle para denunciar un sistema socioeconómico injusto, alienante y ambientalmente insostenible. !Toda una idea!
jueves, 25 de noviembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
Dancing in the Basque Country
Este vídeo de Iñaki Goikoetxea Arrufat está siendo muy visitado en Youtube. El y sus amigos han pasado por más de 100 localizaciones bailando. 21 meses que se resumen en siete minutos gozosos.
Eskerrik asko Iñaki ta konpania.
sábado, 30 de octubre de 2010
Miremos a Francia
A ratos, estoy leyendo un libro de esos de consumo rápido, ideal para los trayectos de metro. Son las confidencias de un camarero yankee que abrió un blog (WaiterRant) para desahogarse y soltar allí sus frustraciones laborales y, gracias al éxito de la página, acabó convirtiendo en libro sus entradas sobre clientes estúpidos, colegas desequilibrados y jefes déspotas.
No he encontrado, entre las confesiones del camarero, ni una sola palabra de queja sobre un sistema laboral que se sustenta en trabajadores sin contrato, sin ninguna cobertura sanitaria, obligados a soportar las humillaciones del dueño y de los clientes maleducados, sin más derecho que aguantar o marcharse. En tono humorístico, el camarero derivado a escritor habla de jornadas interminables a cambio únicamente de la propina. Se trasluce mucha filosofía del “esto es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. Ni se te ocurra pensar en cambiarlo”.
Curiosamente, las críticas más ácidas son contra los clientes que, según afirma y yo no tengo razones para dudarlo, “están casi al borde de necesitar tratamiento psiquiátrico”. Como no pueden expresar su ira contra la gente responsable de sus arrebatos –el jefe o alguien con más poder- se despachan a gusto contra el camarero, a fin de cuentas un criado barato. Y todo se resquebraja si no dejan una buena propina. Porque mientras el cliente cumpla con su parte, el camarero aguanta. Si no, la próxima vez escupirá en su sopa.
Lo que yo veo en esos relatos son pringados cabreados contra otros pringados. Lo que los amos del mundo quieren para todos los trabajadores. Es lo que están promoviendo escudados tras el mantra de la crisis, crisis, crisis. Contratos flexibles, despido barato, salarios a la baja, paro elevado, pocas prestaciones sociales. Y la rabia dirigida hacia abajo, nunca hacia arriba (¿por qué el “waiter” de New York nunca ensucia la comida de su patrón?)
Miremos a Francia. Al menos, hay alguien que no se ha creído el cuento. (Si es que a algunos medios sólo les falta titular con que los ancianos amenazan el estado de bienestar). La verdad resumida es que el déficit público y la deuda generada por los millones dedicados al rescate de los bancos se van a resolver con planes de ajuste que implican una pérdida de derechos laborales. Ahora son las jubilaciones, luego serán las vacaciones.
Y la batalla la están librando los franceses, mientras otros nos enredamos con la propina.
No he encontrado, entre las confesiones del camarero, ni una sola palabra de queja sobre un sistema laboral que se sustenta en trabajadores sin contrato, sin ninguna cobertura sanitaria, obligados a soportar las humillaciones del dueño y de los clientes maleducados, sin más derecho que aguantar o marcharse. En tono humorístico, el camarero derivado a escritor habla de jornadas interminables a cambio únicamente de la propina. Se trasluce mucha filosofía del “esto es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. Ni se te ocurra pensar en cambiarlo”.
Curiosamente, las críticas más ácidas son contra los clientes que, según afirma y yo no tengo razones para dudarlo, “están casi al borde de necesitar tratamiento psiquiátrico”. Como no pueden expresar su ira contra la gente responsable de sus arrebatos –el jefe o alguien con más poder- se despachan a gusto contra el camarero, a fin de cuentas un criado barato. Y todo se resquebraja si no dejan una buena propina. Porque mientras el cliente cumpla con su parte, el camarero aguanta. Si no, la próxima vez escupirá en su sopa.
Lo que yo veo en esos relatos son pringados cabreados contra otros pringados. Lo que los amos del mundo quieren para todos los trabajadores. Es lo que están promoviendo escudados tras el mantra de la crisis, crisis, crisis. Contratos flexibles, despido barato, salarios a la baja, paro elevado, pocas prestaciones sociales. Y la rabia dirigida hacia abajo, nunca hacia arriba (¿por qué el “waiter” de New York nunca ensucia la comida de su patrón?)
Miremos a Francia. Al menos, hay alguien que no se ha creído el cuento. (Si es que a algunos medios sólo les falta titular con que los ancianos amenazan el estado de bienestar). La verdad resumida es que el déficit público y la deuda generada por los millones dedicados al rescate de los bancos se van a resolver con planes de ajuste que implican una pérdida de derechos laborales. Ahora son las jubilaciones, luego serán las vacaciones.
Y la batalla la están librando los franceses, mientras otros nos enredamos con la propina.
domingo, 17 de octubre de 2010
Los 33 mineros y la felicidad
Fueron sacados de uno a uno. Los 33 hombres que desde el 5 de agosto compartían encierro salían de la cápsula que los devolvía a la superficie, y a la vida, y todo el mundo se contagiaba de su felicidad. El mayor, 63 años, es hijo, nieto y hermano de mineros y lleva desde los 12 en el tajo. El menor, con sólo 19, había pisado por primera vez un yacimiento.
Los medios de comunicación de todo el mundo han cubierto la noticia en directo, especialmente cuando se acercaba la fecha del rescate. Ha habido entrevistas con familiares, fotos y retratos sicológicos ofrecidos por sus allegados y declaraciones o extractos de cartas que los mineros hacían llegar al mundo exterior.
Se repetían las caras curtidas, envejecidas por el esfuerzo de “ganarse el pan" en condiciones penosas, y los mensajes de rectificar o cambiar según qué actitudes si la vida les daba esa segunda oportunidad.
“Jamás me había dicho que me amaba y ahora, sí" - confesaba la mujer de uno. (¿Por qué tardamos tanto en expresar el amor?). “Cuando salga me hago panadero” declaraba otro de los encerrados. "Quiero estar libre, quiero ver el sol" era el deseo de otro de los mineros. Y al salir, un ejemplo de sensatez: "Que esto no se repita". Porque claro, salvamos a 33 pero ¿qué es de todos los demás mineros que trabajan en condiciones de seguridad insuficientes?
Ya están a la luz del sol. Ya pueden abrazar a los que aman. Ahora la felicidad, tan resbaladiza, se desplaza a otro lugar. La fama. El dinero. Según La Tercera han creado una asociación comercial, -con fines lucrativos para entendernos-, y han firmado un pacto ante notario para repartirse los ingresos de sus apariciones en prensa. El mismo periódico informa de una Asociación Chilena de la Seguridad que, con un experto en oratoria a la cabeza, les ha dado un curso intensivo sobre cómo comportarse ante los medios. Parece que a partir de ahora se van a preocupar por sus derechos de imagen más que por los derechos laborales. ! Miedo me da pensar en qué pueden convertirse los 33 de la mina!
A veces, la felicidad económica de algunos es un tormento para otros. Me pregunto si hablarán de ello esta próxima semana en Madrid donde se celebra el Primer Congreso de la Felicidad promovido por el -atentos al nombre- Instituto Coca-Cola de la Felicidad. Debe ser que "la chispa de la vida" también está en crisis y necesita una buena dosis de marketing.
Los medios de comunicación de todo el mundo han cubierto la noticia en directo, especialmente cuando se acercaba la fecha del rescate. Ha habido entrevistas con familiares, fotos y retratos sicológicos ofrecidos por sus allegados y declaraciones o extractos de cartas que los mineros hacían llegar al mundo exterior.
Se repetían las caras curtidas, envejecidas por el esfuerzo de “ganarse el pan" en condiciones penosas, y los mensajes de rectificar o cambiar según qué actitudes si la vida les daba esa segunda oportunidad.
“Jamás me había dicho que me amaba y ahora, sí" - confesaba la mujer de uno. (¿Por qué tardamos tanto en expresar el amor?). “Cuando salga me hago panadero” declaraba otro de los encerrados. "Quiero estar libre, quiero ver el sol" era el deseo de otro de los mineros. Y al salir, un ejemplo de sensatez: "Que esto no se repita". Porque claro, salvamos a 33 pero ¿qué es de todos los demás mineros que trabajan en condiciones de seguridad insuficientes?
Ya están a la luz del sol. Ya pueden abrazar a los que aman. Ahora la felicidad, tan resbaladiza, se desplaza a otro lugar. La fama. El dinero. Según La Tercera han creado una asociación comercial, -con fines lucrativos para entendernos-, y han firmado un pacto ante notario para repartirse los ingresos de sus apariciones en prensa. El mismo periódico informa de una Asociación Chilena de la Seguridad que, con un experto en oratoria a la cabeza, les ha dado un curso intensivo sobre cómo comportarse ante los medios. Parece que a partir de ahora se van a preocupar por sus derechos de imagen más que por los derechos laborales. ! Miedo me da pensar en qué pueden convertirse los 33 de la mina!
A veces, la felicidad económica de algunos es un tormento para otros. Me pregunto si hablarán de ello esta próxima semana en Madrid donde se celebra el Primer Congreso de la Felicidad promovido por el -atentos al nombre- Instituto Coca-Cola de la Felicidad. Debe ser que "la chispa de la vida" también está en crisis y necesita una buena dosis de marketing.
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domingo, 26 de septiembre de 2010
Daños colaterales
¿Se imagina alguien hace unos años una manifestación de verdugos -por ejemplo, de los que daban garrote vil, tan del gusto de la dictadura española- quejándose amargamente de la prohibición de la pena de muerte? Para los que vivían de ello tuvo que ser todo un drama cuando arrinconaron la guillotina o disolvieron la Inquisición.
Suena raro, ¿verdad? Pues aquí y ahora todo son inconvenientes. A cualquier intento de avance sólo se le ven las desventajas. Desventajas de los que piensan que el mundo acaba donde lo hace su ombligo.
Si se prohíben las corridas, la televisión nos mostrará a una costurera de trajes de luces defendiendo la continuidad de la "fiesta" en nombre de la libertad. Los trabajadores de Garoña se apuntan a la defensa de la energía nuclear con la condición de que no les cierren "su" central, aunque se pase de vieja. Los empresarios quieren ayudas por el dinero que perderán cuando los fumadores vean prohibido el dar rienda suelta a su adicción en los locales hosteleros.
Y la que más me ha dolido: los guardaespaldas quieren seguir cobrando; les preocupan tanto los protegidos que no quieren dejarlos solos. Se me ocurre que nada les impide organizar una ONG y apuntarse al voluntariado. Hay personas que acuden a Palestina o a Colombia para hacer de escudos humanos...
Sin duda, se nos conoce cuando están en juego nuestros intereses, sobre todo los económicos. Todo esto me recuerda a una estanquera que - preguntada en una encuesta - se quejaba de la publicidad anti-tabaco porque perjudicaba su negocio. “! Qué pesados son! De algo hay que morir" decía. Ella, por si acaso, no fumaba.
Suena raro, ¿verdad? Pues aquí y ahora todo son inconvenientes. A cualquier intento de avance sólo se le ven las desventajas. Desventajas de los que piensan que el mundo acaba donde lo hace su ombligo.
Si se prohíben las corridas, la televisión nos mostrará a una costurera de trajes de luces defendiendo la continuidad de la "fiesta" en nombre de la libertad. Los trabajadores de Garoña se apuntan a la defensa de la energía nuclear con la condición de que no les cierren "su" central, aunque se pase de vieja. Los empresarios quieren ayudas por el dinero que perderán cuando los fumadores vean prohibido el dar rienda suelta a su adicción en los locales hosteleros.
Y la que más me ha dolido: los guardaespaldas quieren seguir cobrando; les preocupan tanto los protegidos que no quieren dejarlos solos. Se me ocurre que nada les impide organizar una ONG y apuntarse al voluntariado. Hay personas que acuden a Palestina o a Colombia para hacer de escudos humanos...
Sin duda, se nos conoce cuando están en juego nuestros intereses, sobre todo los económicos. Todo esto me recuerda a una estanquera que - preguntada en una encuesta - se quejaba de la publicidad anti-tabaco porque perjudicaba su negocio. “! Qué pesados son! De algo hay que morir" decía. Ella, por si acaso, no fumaba.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Ropa vieja
Guardar puede ser un síntoma de esperanza. Conservar algo con el espíritu de volver a usarlo. Eso me pasa a mí con la ropa. Lo guardo todo, por si acaso.
Estos días he estado tirando ropa vieja. Regalándola, más bien, ya que era la talla y no el deterioro lo que la había apartado al fondo del armario. Ha sido como ver pasar mi vida frente a mí. Eso que dicen ocurre en las pelis, pero no al final del camino sino en la puerta del perchero.
El paso del tiempo se me hace visible en diminutos vestidos y colores de otra época. Alguna vez mi hija fue así de chiquitina. ¡Qué vértigo! Los “ no padres” no saben lo que esto…
Luego, entregas lo que te sobra al lugar de reciclaje y te percatas del derroche y la desigualdad. Te obliga a pensar en lo que otros pueden hacer con lo que tú tiras. ¡Qué cantidad de objetos se amontonan a la espera de futuros consumidores! Muebles y juguetes desechados por unos que irán a manos de otros.
Está claro que se puede vivir con menos. Que se viva bien, mal o regular es otra historia. Aquí entraríamos en el debate entre lo suficiente y lo necesario, por otra parte, muy de actualidad en estos días.
Estos días he estado tirando ropa vieja. Regalándola, más bien, ya que era la talla y no el deterioro lo que la había apartado al fondo del armario. Ha sido como ver pasar mi vida frente a mí. Eso que dicen ocurre en las pelis, pero no al final del camino sino en la puerta del perchero.
El paso del tiempo se me hace visible en diminutos vestidos y colores de otra época. Alguna vez mi hija fue así de chiquitina. ¡Qué vértigo! Los “ no padres” no saben lo que esto…
Luego, entregas lo que te sobra al lugar de reciclaje y te percatas del derroche y la desigualdad. Te obliga a pensar en lo que otros pueden hacer con lo que tú tiras. ¡Qué cantidad de objetos se amontonan a la espera de futuros consumidores! Muebles y juguetes desechados por unos que irán a manos de otros.
Está claro que se puede vivir con menos. Que se viva bien, mal o regular es otra historia. Aquí entraríamos en el debate entre lo suficiente y lo necesario, por otra parte, muy de actualidad en estos días.
martes, 31 de agosto de 2010
El verano más corto
Mi verano más corto siempre es el último. Justo ese que acabo de disfrutar. Y es que cada período vacacional se me hace más breve que el anterior. Será que cada vez los aprovecho mejor.
Así es como nos pasamos aquí los meses de verano: aprovechando. Sólo hay que fijarse en las conversaciones de la calle para comprobar que es un verbo que se conjuga sin cesar. "Aprovecha, aprovecha" nos aconsejamos unos a otros. Hay que aprovechar para ir a la playa cuando luce el sol -porque no ocurre todos los días-, y para echar la siesta cuando llueve -la mejor manera de esperar a que escampe-, y aprovechar para comer con los amigos y para darse una vuelta por las fiestas del pueblo -que sólo son una vez al año-.
El cambio de ritmo -a más lento- me hace sentir que el tiempo libre del verano es más ligero y, aunque cunde, se me escapa enseguida. Despedirme del ocio veraniego implica una pérdida de libertad que cada vez me gusta menos. Para mí, el verdadero lujo son los días sin reloj.
Como resistirse no sirve de mucho habrá que adaptarse cuanto antes al retorno del bullicio obligatorio y aprovechar septiembre para cambiar de agenda e iniciar algunos proyectos. Yo, en eso, son estudiante eterna: empiezo lo nuevo con el otoño.
Este año el verano ha sido especialmente corto para los universitarios. Bolonia nos pone a todos a trabajar a primeros de septiembre. Sobre la nueva reforma educativa circula un vídeo con una explicación sin rodeos ofrecida por un decano de la universidad de Vigo. Afirma que es un gran timo. Como una reconversión del sector naval encubierta sumada a una inflación de los títulos.
Así es como nos pasamos aquí los meses de verano: aprovechando. Sólo hay que fijarse en las conversaciones de la calle para comprobar que es un verbo que se conjuga sin cesar. "Aprovecha, aprovecha" nos aconsejamos unos a otros. Hay que aprovechar para ir a la playa cuando luce el sol -porque no ocurre todos los días-, y para echar la siesta cuando llueve -la mejor manera de esperar a que escampe-, y aprovechar para comer con los amigos y para darse una vuelta por las fiestas del pueblo -que sólo son una vez al año-.
El cambio de ritmo -a más lento- me hace sentir que el tiempo libre del verano es más ligero y, aunque cunde, se me escapa enseguida. Despedirme del ocio veraniego implica una pérdida de libertad que cada vez me gusta menos. Para mí, el verdadero lujo son los días sin reloj.
Como resistirse no sirve de mucho habrá que adaptarse cuanto antes al retorno del bullicio obligatorio y aprovechar septiembre para cambiar de agenda e iniciar algunos proyectos. Yo, en eso, son estudiante eterna: empiezo lo nuevo con el otoño.
Este año el verano ha sido especialmente corto para los universitarios. Bolonia nos pone a todos a trabajar a primeros de septiembre. Sobre la nueva reforma educativa circula un vídeo con una explicación sin rodeos ofrecida por un decano de la universidad de Vigo. Afirma que es un gran timo. Como una reconversión del sector naval encubierta sumada a una inflación de los títulos.
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