Están siendo unos días terribles para cualquiera que tenga un mínimo de relación con la actualidad. Vamos, que a nada que leas un periódico o veas un informativo te asaltan los monstruos. Esas tarjetas negras, negrísimas, de personas que se dedican a decir una cosa y hacer otra, nos dejan desarmados ante tanta hipocresía y tanto egoísmo. La sanitaria contagiada de ébola que pone en evidencia -totalmente desnudos- a esos gestores políticos, tan incompetentes e irresponsables que, en medio de la crisis, se comportan como los protagonistas de un chiste (... "yo de esto no sé más que lo que cuentan los medios"...). Y "Excalibur", el perro sacrificado que ha conmovido a miles de personas.
Pero a mí, reconozco que nada me parece tan preocupante como la lucha desigual que se está llevando a cabo en Kobani. Los kurdos, abandonados a su suerte, están defendiendo a Occidente frente al avance del Estado Islámico. Y ninguna de las democracias de pedigrí hace nada por ayudarles.
Por si alguien anda despistado, cabe recordar que el Estado Islámico, el que se ha hecho famoso por grabar y difundir las decapitaciones de algunas de sus víctimas, ha conseguido ya un territorio equivalente en extensión a Gran Bretaña (que va desde la frontera con Turquía hasta Bagdag), tiene muy claro su objetivo (implantar la sharia) y dispone de medios para conseguirlo (petróleo, financiación, armamento y capacidad de captación). Amnistía Internacional ha denunciado homicidios y secuestros masivos de la población. Y visto como se las gastan con los periodistas, no cuesta imaginar lo que pueden hacer cuando nadie les ve.
Realmente, si no estuviéramos tan anestesiados por las barbaries cercanas podríamos entender que nuestra libertad, en este momento, la están defendiendo los kurdos -hombres y mujeres-, en Kobani. Y algún día, quizá no lejano, sentiremos no haberles ayudado.
domingo, 12 de octubre de 2014
lunes, 29 de septiembre de 2014
El cumpleaños de Mafalda
"¡Es terrible ver que a la gente le importa más cualquier serie de T.V. que el lío de Vietnam!", son palabras de Mafalda, la niña filósofa que hacía su aparición tal día como hoy, hace cincuenta años.
Es parte de mi vida. Sus viñetas me han hecho sonreír infinidad de veces. Tengo todas las tiras cómicas y hasta una muñeca de trapo con su figura, - a la que le faltan el lazo y un ojo- y que ha sobrevivido a todos mis traslados, a todas las limpiezas generales del tipo "esta vez sí que vacío los armarios y me quedo con lo indispensable". Es una imprescindible mi pequeña Mafalda. Además, los regalos hechos y recibidos con amor no se tiran.
La precoz e inconformista niña argentina publicó por última vez sus pensamientos en 1973, pero todo lo que dejó dicho sigue teniendo sentido. Para muestra, esta acertada sentencia:
"¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fueran más importantes que los bancos?".
Es parte de mi vida. Sus viñetas me han hecho sonreír infinidad de veces. Tengo todas las tiras cómicas y hasta una muñeca de trapo con su figura, - a la que le faltan el lazo y un ojo- y que ha sobrevivido a todos mis traslados, a todas las limpiezas generales del tipo "esta vez sí que vacío los armarios y me quedo con lo indispensable". Es una imprescindible mi pequeña Mafalda. Además, los regalos hechos y recibidos con amor no se tiran.
La precoz e inconformista niña argentina publicó por última vez sus pensamientos en 1973, pero todo lo que dejó dicho sigue teniendo sentido. Para muestra, esta acertada sentencia:
"¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fueran más importantes que los bancos?".
Etiquetas:
aliento,
apariencias,
aprendizaje,
felicidad,
política,
vida
domingo, 28 de septiembre de 2014
Un verano más...
Cada uno de nosotros tiene su propio calendario personal, con fechas señaladas en rojo festivo, negro duelo o verde esperanza. Con inicios y finales. Con picos y valles. Yo siempre empiezo mis agendas en septiembre. No sólo la de papel, también la mental. Es al inicio del otoño cuando pongo el cronómetro a cero -como si fuera posible no cargar con el cansancio acumulado por la experiencia- y me apunto a nuevas vidas dentro de la misma vida. No es casualidad. Nací en agosto. Es del sol de quien tomo la fuerza.
Para algunas personas es el retorno de las competiciones de fútbol, para otras, la vuelta a la escuela, para mí lo que marca verdaderamente el final del verano es la gala de clausura del Festival de Cine de Donostia. Es inconsciente. En ese momento me sale buscar en el armario las camisetas más gruesas y los zapatos de invierno, porque el entretiempo es un concepto que no entiendo (yo tengo frío o tengo calor).
Ha sido un verano intenso. Con demasiadas cosas para contarlas en un post.
!Si hasta se ha casado George Clooney!
Etiquetas:
feminismo,
música,
relaciones,
verano,
vida
sábado, 19 de julio de 2014
viernes, 11 de julio de 2014
Siempre queda protestar...
Ya lo decía la canción de Kortatu "...aunque esté todo perdido, siempre queda molestar·. A veces, hasta da frutos. La Federación europea debería hacer lo mismo.
Disfrutemos. At home. Crystal Fighters.
Disfrutemos. At home. Crystal Fighters.
miércoles, 9 de julio de 2014
Mejor en tanga
Siempre, desde niña, ha habido una escena de las películas de vaqueros que he odiado. Es esa de la persecución, cuando el chico y la chica están huyendo de los malos y ella tropieza y se cae, obligando al galán a retroceder para ayudarle. “Claro- pensaba yo con mi infantil inocencia- con esas faldas tan largas tiene que ser muy difícil correr”. Más tarde, me percaté de dos cosas importantes: de que las mujeres ni con falda larga nos caemos tanto, a no ser que nos empujen, y de que la ropa tiene un significado social añadido, y a veces perverso, al de protegernos del frío o del calor.
Viene esto al hilo de la obligación impuesta por la Federación Española a las jugadoras de balonmano playa para que compitan vistiendo braguita y top. El uniforme que llevaban hasta ahora, - pantalón corto y camiseta-, con el que se sienten a gusto y les permite jugar sin problemas, no les parece adecuado a los burócratas de la Federación y amenazan con prohibirles competir si no enseñan el ombligo. Y digo yo: no hay en la Federación una comisión, grupo o consultoría en temas de Igualdad que les frene…, porque se les está viendo el plumero.
No es sólo que la norma atufe a sexismo es que el mensaje subliminal es como una zancadilla en plena carrera: lo que hacen las mujeres no es deporte sino espectáculo. Todas están chicas tienen que sentir que no se las considera atletas sino actrices de revista. ¿Se plantea algo parecido con los hombres? Por ejemplo, que los futbolistas del Mundial –por citar un deporte de masas que mueve cifras estratosféricas- compitan en slip, cuanto más pequeño mejor. Evidentemente, no. Y no se disolvería la ridiculez de la propuesta si lo hicieran, porque una mala idea no mejora por hacerla extensiva a los dos sexos.
Me gustaría ver a los pensadores de despacho que han decidido semejante estupidez jugando un partido en esas condiciones. Si les parece tan adecuado, que se liberen de la corbata y el traje y salgan ellos al campo cubiertos sólo con tanga tipo hilo dental, para poder observar bien el movimiento de sus glúteos.
En serio: hay que defenderse. En cuanto nos ven con los brazos bajados se aprovechan.
Viene esto al hilo de la obligación impuesta por la Federación Española a las jugadoras de balonmano playa para que compitan vistiendo braguita y top. El uniforme que llevaban hasta ahora, - pantalón corto y camiseta-, con el que se sienten a gusto y les permite jugar sin problemas, no les parece adecuado a los burócratas de la Federación y amenazan con prohibirles competir si no enseñan el ombligo. Y digo yo: no hay en la Federación una comisión, grupo o consultoría en temas de Igualdad que les frene…, porque se les está viendo el plumero.
No es sólo que la norma atufe a sexismo es que el mensaje subliminal es como una zancadilla en plena carrera: lo que hacen las mujeres no es deporte sino espectáculo. Todas están chicas tienen que sentir que no se las considera atletas sino actrices de revista. ¿Se plantea algo parecido con los hombres? Por ejemplo, que los futbolistas del Mundial –por citar un deporte de masas que mueve cifras estratosféricas- compitan en slip, cuanto más pequeño mejor. Evidentemente, no. Y no se disolvería la ridiculez de la propuesta si lo hicieran, porque una mala idea no mejora por hacerla extensiva a los dos sexos.
Me gustaría ver a los pensadores de despacho que han decidido semejante estupidez jugando un partido en esas condiciones. Si les parece tan adecuado, que se liberen de la corbata y el traje y salgan ellos al campo cubiertos sólo con tanga tipo hilo dental, para poder observar bien el movimiento de sus glúteos.
En serio: hay que defenderse. En cuanto nos ven con los brazos bajados se aprovechan.
sábado, 24 de mayo de 2014
Vasco malo o vasco tonto
Lo dejo claro desde el principio: he visto “8 apellidos vascos” y no me ha gustado.
Ya sé que es la más taquillera de la historia y ha conseguido que las salas se llenen de carcajadas, tan necesarias en estos tiempos de crisis y bla, bla, bla, bla, bla, bla.
A mí no me ha gustado.
Y no me voy a escudar en que sea una película de baja calidad, con un guión previsible… Esa valoración se la dejo a la crítica. No me ha gustado porque soy vasca.
Que mi opinión importa poco. Ya. Es lo que tiene ser minoría. Imagino que les pasa igual a los gangosos o a los homosexuales; estarán hartitos de los chistes de mariquitas y de los sobraos que se ríen de las minusvalías físicas. Yo, como parte implicada, puedo opinar. No me ha hecho gracia la imagen que se da de los vascos y las vascas. O sea, de mí.
Conozco la importancia de no tomarse muy en serio y lo sano que resulta reírse de uno mismo. Y que los tópicos son sólo eso. Pero cuando alguien saca a colación lugares comunes como, por ejemplo, que las mujeres somos peores conductoras que los hombres, me defiendo de la mentira. No me río.
Porque una cosa es tomarse la vida con humor y otra es ser gilipollas y machacarse a uno mismo.
Pero claro, no se puede esperar otra cosa: soy vasca, o sea, borde. A eso se reduce: o somos malos o somos tontos. Tan descerebrados que cualquier pringao con un megáfono nos engaña; tan lerdos como la chavala de la peli, que empieza sacando las uñas y a los dos días de roce ya le da igual Antxon que Rafa.
Recuerdo a mi padre –admirador de John Wayne- diciendo en voz alta que a los indios norteamericanos, recluidos en reservas, no debía gustarles nada cómo los pintaban en las películas del Oeste: siempre malencarados y salvajes.
Yo debo ser india. Digo, vasca. O sea, borde (mejor que tonta).
Etiquetas:
aliento,
apariencias,
cine,
mujeres,
política
Suscribirse a:
Entradas (Atom)