domingo, 7 de febrero de 2016

Millones de motivos

Hace unos años, un compañero de trabajo me preguntó porqué era feminista. Qué motivo había, qué quería yo reinvidicar si lo tenía todo: derecho a la educación, al voto, trabajo, autonomía... -sólo le faltó añadir que mi pareja no me pegaba...- Para él, lo de la igualdad era una reivindicación superada. No discutí, ni me molesté, porque entendí que lo preguntaba con buena intención; realmente sentía curiosidad. Así que le respondí tranquilamente que era feminista por solidaridad. Porque quería que todas las mujeres de mundo tuvieran, al menos, todo eso que a sus ojos yo tenía. Empezando por el derecho a no ser mutilada en la infancia.

Le dije si había pensado alguna vez que su hija, de haber nacido en otra zona del mundo, habría sido sometida a la tortura de la ablación. No. No podía ni imaginarlo. La palabra en sí misma le resultaba extraña y lejana. A mi, no. Para mí es un vocablo que encierra toda la crueldad que el poder patriarcal, amparándose en la tradición, puede ejercer contra una niña para dejarla marcada, física y sicológica, de por vida. Quizá porque nací con clítoris me siento en la obligación de exijir que todas las mujeres puedan conservar el suyo.

Así que encuentro millones de motivos para ser feminista. Uno por cada niña mutilada.

domingo, 24 de enero de 2016

No renunciaré a mis derechos

"En Europa, los “musulmanes” se ven como víctimas, como minoría oprimida, lo que aparentemente justificaría cualquier comportamiento agresivo y reaccionario de su parte. Pero basta cruzar unas pocas fronteras para apreciar, cuando son mayoría o llegan al poder, la naturaleza de su programa en relación con la democracia, el laicismo, los fieles de otras religiones y las mujeres. La total carencia de análisis político es lo que permite su crecimiento en Europa". Marieme Hélie-Lucas.

Lo acontecido en Alemania en Nocheviaja pasada me indignó tanto que me dejó sin habla. !Sentía tanta rabia! Y el cabreo subía de grado cuando leía y escuchaba las reacciones de algunas feministas y de la "izquierda". Me sentía defraudada con los análisis públicos que escuchaba. Se banalizaban las agresiones diciendo que en otras partes, aquí al lado, la violencia machista mata mujeres. Se acallaba el malestar con la amenaza de un mal mayor: la islamofobia. Y yo me preguntaba que habría pasado si hubieran sido ellos los agredidos. Imaginemos la escena: hombres que atacan a hombres, por cientos, por miles, al mismo tiempo, en varias ciudades de un mismo pais. El motivo: ser diferentes (no llevar barba, beber alcohol) ¿Se aceptaría con tanta ligereza la agresión sólo porque los agresores pudieran formar parte de una sociedad con costumbres culturales diferentes...? Yo diría que no.

Lo que se discute aquí es mi derecho a utilizar el espacio público. Mi derecho -como mujer- a estar en la calle de noche, a participar de la fiesta, a salir sola... No aceptaré que mi derecho puede estar en segundo o tercer lugar, por debajo de los derechos de comunidades religiosas, culturales o de minorías étnicas.

Una buena amiga me ha enviado este texto de Marieme Hélie Lucas, reconocida feminista y luchadora laicista argelina, fundadora de la Red de Mujeres bajo la Ley Musulmana, que nos da una lección de realidad política.

"Que la preocupación principal haya sido la de proteger a los victimarios, y no la de defender a las víctimas, es una variante de la habitual defensa de la violencia masculina contra las mujeres".

Mi madre, que de feminismo sabrà poco pero sentido común le sobra, lo explica de una manera muy rotunda: "Si un hombre intenta agredirte -sea quien sea- primero patada en los huevos, y luego ya hablaremos de sus circunstancias".


jueves, 31 de diciembre de 2015

sábado, 19 de diciembre de 2015

Y la vida más vida será



Cuando sientas que todo se fue, que la estrella su rumbo perdió,
que el espejo no sabe de ti, que el amigo tu nombre olvidó.

Y te digan que ya no hay razón ni belleza por la que morir,
que ese tiempo pasó, que eres ya un extraño en tu propio país,

Las cenizas de un mundo vencido cubren los caminos que no han de volver
y aquel sueño tiempo será un día: la estrella perdida la imposible luz y otro fuego por dentro arderá...

¡Hala, que la luz de la mañana azules pone las ramas!, ¡Pajaritos a volar!
¡Hala! ¡Abrid que la vida llama, que le están saliendo alas que no las derrite el sol!

Tú que buscas otra realidad. Tú que sientes la fuerza interior,
imagina, sueña ese lugar donde sea posible el amor.

La utopía abrirá las fronteras que el mundo separan de la inmensidad,
donde la fresa vencerá tinieblas florecerá el canto de un pájaro azul y la vida más vida será...

Si este mundo ha de cambiar yo no me pongo a llorar que vienen tiempos mejores,
porque quien mira p'atrás como una estatua de sal acaba por los rincones.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Aylan, la foto y la conciencia

El niño sirio muerto en la playa nos golpea a todos. Pero en las guerras, en todas las guerras, mueren niños como él. No es el único inocente que sufre el horror de estar en un mal momento en un mal lugar. Sólo eso le diferencia de nuestras criaturas, -de los niños y niñas que ahora mismo ríen y juegan en la arena de una playa cualquiera- dónde y cuándo nacieron. Eso decide su futuro.

!Qué inútiles y lentos son los políticos! !Tan temerosos y pusilánimes! Siempre a la defensiva. Van por detrás de la opinión pública porque temen contrariarla.

¿Qué podemos hacer por los refugiados? Nuestra tristeza, nuestra indignación, nuestras lágrimas, por muy auténticas y bien intencionadas que sean no les sirven para nada. No mejora su situación. "Parad la guerra" nos suplican. Ese es el grito de cualquier refugiado. (Parad al ISIS añadiría yo). ¿Podemos parar la guerra? ¿Pueden hacerlo nuestros políticos? Mandan tan poco...

El cuerpecito inerte de Aylan arrastrado por el mar, con sus pantalones cortos y sus piernas de niño recien estrenadas nos desgarra la conciencia. Aumentan las donaciones a ACNUR. Todos queremos hacer algo, lo que sea... Porque esta vez lo hemos visto. Con la historia de Aylan la desesperación ha llegado hasta nuestras casas.

Algunas voces en vez de protestar por la crisis humanitaria se quejan, discuten, cuestionan la conveniencia o no de publicar la foto. Como si el poder de la imagen, que llena de contenido el espanto de algunas palabras demasiado flojas para lo que encierran (desamparo, dolor, terror, guerra...) nos tuviera que ser hurtado; para "protegernos".

Las palabras huyen, las imágenes nos acompañan. Una vez ví en un vídeo a una niña africana aterrorizada, sufriendo la tortura de la ablación. Es cierto que hirió mi sensibilidad; nunca podré olvidar sus gritos.

De las imágenes de la atrocidad no te recuperas, perduran, te cambian... Cuando escucho hablar de cultura, de tradición, de lo dífícil que es erradicar costumbres ancestrales... me viene a la cabeza el vídeo y me digo a mí misma que lo pasaría en las televisiones en prime time.

domingo, 30 de agosto de 2015

Helado de mandarina (sobre la transparencia y el sueldo de los políticos)

Para poner el broche a este mes de agosto estupendo me voy a regalar a mí misma un helado de mandarina. Pero no cualquier helado sino uno artesanal, sin colorantes, de dos bolas, comprado en la heladería más cara de la localidad. Un capricho.

No soy rica. Vivo de mi sueldo, con una limitadísima capacidad de ahorro, pero puedo gastar mi dinero como se me antoje. Sin dar explicaciones. Gracias a que soy una ciudadana anónima, no una política alternativa a la "casta". Así que si quiero comerme un helado de firma lo hago y nadie me lo echará en cara. Tampoco tendré que justificar mi costumbre de no comprar cremas de marca blanca ni chocolate de oferta. Porque sí.

Esa libertad tan capitalista de que cada cual gaste lo suyo como mejor le parezca se le ha negado a la nueva alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. Presionada por los medios de comunicación de la derecha más derecha, se ha puesto a explicar cuánto ha pagado por sus vacaciones y con quien ha repartido los gastos, algo que, en mi opinión, no debería haber hecho.

Si ir de vacaciones no es delito, si alquilar un apartamento en la costa no es delito y si tener salud, tiempo y dinero para hacer lo que te guste en tu ratos de ocio no se considera delito, no veo motivo para andar justificándose. ¿Qué pasa? ¿Sólo la derecha puede disfrutar sin sentimiento de culpa?

Me voy a comer mi helado. Y el próximo día os explicaré porqué no me parece bien que Ada Colau cobre sólo 2.200 euros al mes.