lunes, 14 de abril de 2014
!Viva la república!
Hoy hace 83 años. Mujeres y hombres que soñaron con una sociedad democrática, justa e igualitaria, celebraban la proclamación de la Segunda República. Tuvo que ser grande. Adiós a Alfonso XIII, al caciquismo, al subdesarrollo. Vivir el surgimiento de un Estado laico.
Reivindicar la fecha es una manera de luchar contra el olvido.
domingo, 6 de abril de 2014
...y en la mano un rayo de sol para ti
Y aquí estoy otra vez,
sin nada que ofrecerte,
sólo ganas de verte,
y en la mano un rayo de sol para ti.
jueves, 6 de febrero de 2014
No quiero ser como tú
Igual estoy tan cansada porque me he equivocado de camino. No suena muy amable, pero hay mucha gente que no me gusta. Cuando me rodean y los miro pienso lo que muy acertadamente dice La Habitación Roja en esta canción: "No quiero ser como tú".
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Más música, más belleza...
"La Buena Vida". Canciones que no te cansas de escuchar.
"Sin embargo, mientras tanto, yo me guardo la esperanza..."
Este año he alimentado poquito el blog. Quiero dar las gracias a los a que, a pesar de eso, han seguido acercándose a visitarlo. No tengo excusa, ni propósito de enmienda. Supongo que estaba en otras cosas.
No prometo nada ni voy a empezar el año con más obligaciones. Sólo un deseo para el futuro: poner más música a la vida. Empiezo ahora con una banda que me gusta.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Cosas que se aprenden leyendo el periódico
A menudo encuentro gente que dice, muy ufana, no leer periódicos porque “para lo que cuentan”. Curiosamente, no suelen hacer la misma equivalencia con la televisión, pero eso lo dejo para otro día.
A mí, sin embargo, me chifla leer la prensa. Cuantos más diarios y más alejados de mi “zona de bienestar ideológica” mejor me lo paso. Desde niña –en mi casa el periódico, como el pan, se compraba todos los días- he sentido que aprendo mucho con esa costumbre mía. Las cosas suceden igual aunque no te enteres. Y yo, que prefiero enterarme, vivo mal un día sin periódico.
Hoy, por ejemplo, he sabido que en España el límite del delito fiscal está en 120.000 euros por ejercicio. Si defraudas, año tras año, sin sobrepasar esa cantidad, no pasa nada.
“Yo nunca voy a tener 120.000 euros”, me dirían algunos menefregistas. Y yo tampoco. Pero no está de más conocer cómo se defienden a sí mismos los poderosos. Tienen claros sus intereses y el camino a recorrer para mantenerlos. No se dejan confundir, ni convencer. Donde tú ves un simple merengue ellos ven un instrumento de delito. Que nunca se sabe detrás de qué cosa puede esconderse el mal.
Los periódicos lo explican estupendamente. Algunos, mejor que otros, añadiría.
domingo, 6 de octubre de 2013
El dolor (de las víctimas)
El umbral del dolor es diferente de unas personas a otras. Las hay que necesitan anestesia para una limpieza dental y otras que aguantan roturas de huesos diciendo que, bueno, no era para tanto. Imagino que será también así con el dolor emocional. Es difícil sentenciar al respecto porque al ser el dolor intransferible, cada uno conoce el suyo. Pero si bien no sentimos por los otros, sí es cierto que el dolor ajeno nos conmueve. Y podemos entenderlo.
Ver llorar desconsoladamente a alguien que ha perdido a un ser querido impresiona mucho más que el silencio y el recogimiento de quien, pasando por lo mismo, no lo exterioriza. Duela más o duela menos, la manera de "hacernos ver" también cuenta.
Los vascos somos de esconder los sentimientos. Lloramos, pero sin estridencias. Las plañideras las sentimos lejanas; cosa de otras culturas, de otras zonas geográficas. Hacemos gala de llevarlo por dentro, en silencio. Y digo yo que igual habría que empezar a exteriorizar no sólo la reivindicación y el cabreo -que eso sí sabemos- sino también la desesperación y la tristeza. Cada una la suya, pero también, entre todos, la colectiva.
Yo he sentido mucha pena al leer que han puesto en libertad condicional al ex-general Rodriguez Galindo. 75 años de condena por torturar y asesinar a Lasa y Zabala. Estuvo sólo cuatro años en la cárcel. Es evidente que todos los muertos no son iguales. Y todos los crímenes, tampoco.
Hay víctimas a las que se les ofende sólo con un cartel o con una foto. Y su dolor, legítimo y respetable, atraviesa telediarios, es tema de debates e incluso ocupa tiempo en los juzgados. Es un dolor sin límites. Se diría que es el dolor, con mayúsculas.
Joxean Lasa y Joxi Zabala desaparecieron en 1983 y aparecieron enterrados en cal viva, en Alicante, en 1995. Tenían familia y amigos. Madres, padres, hermanos, hermanas, novias, amantes y conocidos a los que deberíamos hacer llegar hoy nuestras lágrimas solidarias para ayudarles a aligerar, si quiera un poquito, el escozor de su herida.
El dolor es universal; no podemos permitir que se lo apropien sólo unos pocos.
Ver llorar desconsoladamente a alguien que ha perdido a un ser querido impresiona mucho más que el silencio y el recogimiento de quien, pasando por lo mismo, no lo exterioriza. Duela más o duela menos, la manera de "hacernos ver" también cuenta.
Los vascos somos de esconder los sentimientos. Lloramos, pero sin estridencias. Las plañideras las sentimos lejanas; cosa de otras culturas, de otras zonas geográficas. Hacemos gala de llevarlo por dentro, en silencio. Y digo yo que igual habría que empezar a exteriorizar no sólo la reivindicación y el cabreo -que eso sí sabemos- sino también la desesperación y la tristeza. Cada una la suya, pero también, entre todos, la colectiva.
Yo he sentido mucha pena al leer que han puesto en libertad condicional al ex-general Rodriguez Galindo. 75 años de condena por torturar y asesinar a Lasa y Zabala. Estuvo sólo cuatro años en la cárcel. Es evidente que todos los muertos no son iguales. Y todos los crímenes, tampoco.
Hay víctimas a las que se les ofende sólo con un cartel o con una foto. Y su dolor, legítimo y respetable, atraviesa telediarios, es tema de debates e incluso ocupa tiempo en los juzgados. Es un dolor sin límites. Se diría que es el dolor, con mayúsculas.
Joxean Lasa y Joxi Zabala desaparecieron en 1983 y aparecieron enterrados en cal viva, en Alicante, en 1995. Tenían familia y amigos. Madres, padres, hermanos, hermanas, novias, amantes y conocidos a los que deberíamos hacer llegar hoy nuestras lágrimas solidarias para ayudarles a aligerar, si quiera un poquito, el escozor de su herida.
El dolor es universal; no podemos permitir que se lo apropien sólo unos pocos.
domingo, 1 de septiembre de 2013
¿Por qué viajamos?
A mí viajar me gusta. Me emociona coger un avión y en un par de horas aparecer en un lugar con diferente idioma. Me siento cómoda en los aeropuertos y tengo una cierta habilidad haciendo maletas. Pero en estos días de vehículos parados en retenciones kilométricas y ofertas último minuto me pregunto el porqué de esa ansía por trasladarnos como parte del ocio.
Un viaje siempre es una pequeña aventura. Se sale de los límites de la comodidad conocida y toca desenvolverse en otra realidad, con otra comida y otro colchón. Surgen dudas que en su simplicidad descubren tus dependencias: llegará la maleta, cómo sobreviviré sin mi champú...
Pero sobre todo es un cambio de estatus. Da igual lo que hagamos en el día a día. Al viajar -en vacaciones- nos convertimos en turistas y hacemos cosas que nunca haríamos en nuestro entorno cotidiano. Los turistas en grupo, con sus pantaloncitos cortos y la ilusión por cualquier novedad, parecen niños de excursión. Lo mismo se aplaude una puesta de sol que se sacan fotos a la estatua de un cocinero televisivo.
Igual es por eso que viajamos: para alejarnos de la responsabilidad y sentirnos como en un largo recreo. Aunque también los hay que se van para poder regresar una vez han comprobado lo bien que viven es su lugar de origen.
El turismo de masas no es un invento de ayer, pero los vuelos de bajo costo han creado el viaje relámpago y en los foros se leen cosas como ésta: "por 18 euros ida y vuelta me voy a Ibiza a pasar el día, ¿qué puedo hacer?". Y alguien le recomienda ver el atardecer en San Antonio.
Como la sopa de sobre o el café instantáneo, se trata de hacerlo cada vez más rápido. No suena muy gozoso.
Un viaje siempre es una pequeña aventura. Se sale de los límites de la comodidad conocida y toca desenvolverse en otra realidad, con otra comida y otro colchón. Surgen dudas que en su simplicidad descubren tus dependencias: llegará la maleta, cómo sobreviviré sin mi champú...
Pero sobre todo es un cambio de estatus. Da igual lo que hagamos en el día a día. Al viajar -en vacaciones- nos convertimos en turistas y hacemos cosas que nunca haríamos en nuestro entorno cotidiano. Los turistas en grupo, con sus pantaloncitos cortos y la ilusión por cualquier novedad, parecen niños de excursión. Lo mismo se aplaude una puesta de sol que se sacan fotos a la estatua de un cocinero televisivo.
Igual es por eso que viajamos: para alejarnos de la responsabilidad y sentirnos como en un largo recreo. Aunque también los hay que se van para poder regresar una vez han comprobado lo bien que viven es su lugar de origen.
El turismo de masas no es un invento de ayer, pero los vuelos de bajo costo han creado el viaje relámpago y en los foros se leen cosas como ésta: "por 18 euros ida y vuelta me voy a Ibiza a pasar el día, ¿qué puedo hacer?". Y alguien le recomienda ver el atardecer en San Antonio.
Como la sopa de sobre o el café instantáneo, se trata de hacerlo cada vez más rápido. No suena muy gozoso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)