domingo, 11 de febrero de 2018

Song for Bilbao



Pat Metheny

eta Gari

domingo, 4 de febrero de 2018

Itsasoan euria

Igande honetako kanta. Gerardo Markuletaren hitzak Mikel Urdangarinen ahots zoragarrian.



sábado, 3 de febrero de 2018

Si Woddy Allen fuera mi amigo...

A raíz de las denuncias de agresiones sexuales en Hollywood (primero contra el poderoso productor Harvey Weinstein y a continuación contra muchas otras celebridades) y del sonoro movimiento  #MeToo  creado por las valientes actrices ha surgido una potente ola que visibiliza el acoso y la impunidad de esos depredadores pero también se está llevando consigo la presunción de inocencia de todos los hombres.

Son contadas las voces que se atreven a defender a los señalados por el dedo acusador. Diane Keaton ha sido la excepción al declarar que Woddy Allen es su amigo y sigue creyendo en él. Mientras todos le repudian ella confía en su versión.

La apreciación sobre la maldad intrínseca de los hombres en la cultura patriarcal divide a las feministas a menudo, quizá no públicamente, pero sí en debates y discusiones internas. Y se puede simplificar en una toma de postura ante dos interrogantes: a priori y hasta que se demuestre lo contrario, ¿hay que creer siempre a las mujeres? ¿hay que condenar siempre a los hombres?

Lo que voy a relatar ocurrió realmente y solo tiene la importancia que cada cual le quiera dar.  Eran  los primeros años de la década de los 80. El aborto estaba penalizado pero había maneras de salir del apuro sin jugarse la vida. Solo había que saber dónde y a quién acudir. En ese contexto, feminista A pide ayuda a feminista B -que trabajaba en un centro de planificación familiar y era suficientemente conocida-. Feminista B le suelta la primera pregunta a la embarazada, sin aviso ni excusa: "¿Quién ha sido el agresor?". Feminista A, sorprendida y enojada al cincuenta por ciento, se escucha a sí misma justificando que agresor ninguno, que ha tenido sexo con su pareja, que lo hacen a menudo y disfrutan mucho los dos, pero esta vez han tenido un problema con el condón...

Feminista A salió muy molesta de la conversación y convencida de que feminista B tenía una idea muy negativa sobre todos los hombres que en el mundo habitan. Una idea muy diferente de la suya y de su experiencia. Donde una veía "mujer amada" la otra veía "mujer agredida".

Yo he conocido y conozco a hombres buenos. Mi padre lo era. Machista sin duda, condicionado por su tiempo y su educación, pero respetuoso con las mujeres. Siempre. Con todas las mujeres. He tenido y tengo parejas y amigos que me han acompañado y me acompañan en la vida sin agredirme ni acosarme. A ninguno de ellos me los puedo imaginar como abusadores y violadores.

No soy amiga de Woddy Allen y no tengo opinión fundada sobre el caso, pero si Allen fuera mi amigo habría dicho lo mismo que Keaton.

Porque todos los hombres no son iguales. Y todas las mujeres tampoco.

domingo, 7 de enero de 2018

Punto y seguido

Se acaban las fiestas de los atracones. Aparcamos el azúcar y volvemos a la verdurita, porque la única operación bikini que funciona es la que se empieza en enero. Es tiempo de balances y propósitos. Yo estoy satisfecha de mi 2017. Superé alguna prueba difícil, disfruté cuando tuve ocasión y mantuve la serenidad y la curiosidad despiertas.

He aprendido. Y mientras aprendo, lo que sea, siento que estoy viva. Y, muy importante, no he sufrido para aprender (cada vez soy más crítica con las teorias que proclaman la autosuperación por la vía del abandono de la zona de confort, pero de eso ya hablaré otro día, que da para mucho). Así que me planteo el cambio de calendario como un punto y seguido, tranquilamente.

Entre los nuevos propósitos, uno que ya estoy cumpliendo: llevar un bolso más pequeño. Seguiré siendo una mujer con bolso (como explicaba en aquella lejana primera entrada en este blog), pero deseo que sea más liviano, con menos peso. A ver si lo consigo. Leggerezza (ligereza) es mi nuevo mantra.

En 2017 me interesé por el mundo youtuber - que me quedaba bastante lejos- . Descubrí muchos vídeos y canales que no me aportan nada de nada y alguno interesante. Este que os dejo aquí de muestra es del canal de Kikillo, un chaval andaluz que se hace querer. 

Alegría de youtuber para comenzar con buen pie.



domingo, 10 de diciembre de 2017

Mis sueños me hablan

Tengo una amiga, A, que cree ciegamente en que las cosas pasan por algo y en que atraemos nuestra suerte. Se leyó entusiasmada El secreto y habla del destino como consuelo a muchas de las contrariedades de su vida -que por otra parte, no han sido tantas- . Yo observo una contradicción entre defender, al mismo tiempo, que el pensamiento positivo lo consigue todo y que lo que tiene que suceder sucederá. Le animé a leer Sonríe o muere, pero me dijo, con indulgencia, que no tengo arreglo, que siempre he sido una descreida y además ahora soy una aguafiestas.

Tengo un amigo, B,  al que le gustaría prohibir las referencias a los Reyes Magos en la televisión. Le parece muy grave que se engañe a las criaturas con figuras como el Ratoncito Pérez o Maritxu Teilatukoa en vez de explicarles, simplemente, que los dientes de leche se caen para ser sustituidos por los dientes permanentes. Lleva una cruzada personal contra el Reiki y otras pseudociencias: va arrancando y tirando a la basura cada cartel que se encuentra sobre el tema. Solo acepta lo que la Ciencia defiende. Yo le digo que su fe inquebrantable se ve reforzada por dos circunstancias: es hombre y no tiene hijos. A las mujeres la Ciencia nos ha tildado de histéricas y nos ha agredido de mil formas. Las mentiras científicas sobre las mujeres forman parte del acervo cultural y no desaparecen al mudar de dentadura.

Tengo que decir que soy amiga de ambos, con esa amistad de años de roce y cariño, pero no convivo con ninguno de los dos. Seguramente, no podría. Es factible discutir sobre las opiniones pero las creencias no se negocian. Lo vemos cada día.

Entre el pensamiento positivo como forma de control social y la Ciencia como nueva religión yo me quedo con mis sueños. Mis sueños me hablan, me dan consejos y me muestran el camino por el que transitar para deshacer mis preocupaciones o, al menos, aligerarlas. No voy a escribir un libro sobre ello ni intento convencer a nadie de las ventajas que supone dormir más y mejor para soñar suficiente, pero os aseguro que nada me aclara tanto las ideas como pegar la cabeza a la almohada y ponerme a soñar sin premeditación. Me acuesto con la pregunta y me levanto con la respuesta.

Seguramente, A y B tendrán su propia teoría sobre mi experiencia y llevarán la explicación a su terreno. Yo les pondría juntos a discutir sobre el asunto, mientras me echo una siesta.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Nos quieren sumisas o muertas


Cinco desalmados acorralan a una joven en el descansillo de un portal. La violan entre exclamaciones del tipo: "Quillo, que te toca a ti". Le roban el móvil antes de abandonarla y comentan y difunden su "hazaña". La agresión se denuncia y llega el juicio. Los violadores se declaran "no culpables" ya que, al parecer, consideran que la mujer aceptaba o asumía la situación y a sus ojos esa actitud debe ser sinónimo de consentimiento. Siento un asco profundo. Y casi me provoca el vómito enterarme de que a la víctima, a la joven mujer agredida, se la ha investigado y los informes de ese seguimiento serán utilizados por la defensa de los atacantes ("presuntos" , por favor).

Y yo me pregunto: ¿a quién se está juzgando a los agresores o a la víctima?

¿En qué categoría nos incluyen este tipo de machos sin empatía a las mujeres? ¿Qué concepto tienen de sus madres, hermanas y novias? ¿Cómo se relacionan con sus compañeras de trabajo, con sus profesoras o jefas? ¿Cuál es el límite del "no" para estos elementos?

Y de nuevo, me viene la imagen de la joven y valiente mujer que denuncia y espera justicia y va a ver su prestigio cuestionado por intentar superar el trauma. ¿Cuánto tiene que sufrir una mujer para que no se la cuestione? Nos cuentan que los agresores parecen tan buena gente y tan normales..., hasta que las matan.

Parece que las "buenas" mujeres solo pueden ser sumisas. O cadáveres...

Tendremos que insistir por el camino de la reivindicación y el feminismo, porque como dice la periodista, economista y escritora Katrine Marcal en esta entrevista: 
¿Qué es hoy día ser feminista?
Es la idea radical de que las mujeres también somos seres humanos. En demasiados países las mujeres son tratadas y están consideradas como menos que seres humanos.

Seres humanos.

sábado, 23 de septiembre de 2017

El fin del mundo es todos los dias

He oído algo, un rumor sobre una teoría que anuncia el fin del mundo para hoy, 23 de septiembre, y me he puesto a resolver un sudoku. “Bastante tengo con el fin del verano y el agobio de sacar la ropa de abrigo almacenada hace nada; no estoy para tonterías” me he escuchado a mí misma pensando una frase igualita a la que podría haber dicho mi madre. Con el pasar de los años, las personas, además de hacernos mayores, nos volvemos prácticas.

El fin del mundo…, asunto tan inabarcable e inconmensurable que no me pone nerviosa. La certeza de que los fuertes y los chulos disfrutan pateando flores e ilusiones, sí.  Hay mundos acabándose cada día.  En realidad, cualquier cosa puede suceder en cualquier momento. El fin de todo, también. 

No es de repetir esa obviedad de donde sacamos la fuerza para levantarnos, resistir, mejorarnos, compartir y disfrutar.  Lo de “vive como si fuera tu último día” es solo una pose hipócrita. Los finales redondos están en el cine. En la vida cotidiana son los pequeños –por limitados no por inocuos- desmorones feuchos de nuestros anhelos los que nos roban la energía y sorben el tiempo: la decepción por una recompensa merecida que no llega, la desilusión por una relación amorosa que no cuaja, el desánimo por un malestar físico que no nos abandona…

Ante el vacío que dejan esos mundos soñados que a menudo se nos derrumban ayuda pensar que el sol saldrá también mañana y con él la posibilidad de curar los arañazos, recuperar la alegría y disfrutar de la ternura. No es el miedo lo que nos mantiene sino la esperanza. Somos supervivientes. Sabemos que lo raro es estar vivos, pero la confianza en nuestro propio aliento nos sostiene. 

Y esto vale para las personas y para los pueblos.