domingo, 2 de octubre de 2016

Menos para el pan y más para las rosas

Salgo del verano con melancolía y entro en el otoño un poco lenta y con buenos propósitos -como todos los años-. Estreno agenda en septiembre, pero es en octubre cuando de verdad empiezo a usarla.

Quiero bailar más, reir más y trabajar menos. Esas son las intenciones para los próximos meses.

Y lo de trabajar menos no es una pose. Voy a convertir El derecho a la pereza en mi libro de cabecera.

Si la clase obrera, tras arrancar de su corazón el vicio que la domina y que envilece su naturaleza, se levantara con toda su fuerza, no para reclamar los Derechos del Hombre (que no son más que los derechos de la explotación capitalista), no para reclamar el Derecho al Trabajo (que no es más que el derecho a la miseria), sino para forjar una ley de bronce que prohibiera a todos los hombres trabajar más de tres horas por día, la Tierra, la vieja Tierra, estremecida de alegría, sentiría brincar en ella un nuevo universo...

Donde Paul Lafargue dice "hombre" hay que incluir a las mujeres. Y no me digáis que tres horas al día no es una medida estupenda. Dos horas más de trayecto ida y vuelta, hacen cinco horas para ganarse el pan y el resto para disfrutar de las rosas. Y habría empleo para todos.

A los asalariados que aún viven en el espejismo de ser o haber sido alguna vez clase media les recomiendo ver la última película de Ken Loach, I, Daniel Blake.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Se acabó el descanso

¿Queda alguien ahí?

Me he tomado unos meses de descanso. Me he retirado de este foro para estar en otros. Podría llenar varias vidas sin agotar mis inquietudes.

Hay personas que no saben descansar, pararse. alejarse de un tema, aparcarlo. Les crea ansiedad. Incluso las que están ajenas al mercado del tiempo -jubiladas, por ejemplo, que no necesitan cambiar sus horas y habilidades por un sueldo- andan apuradas con una prisa que no les lleva a ningún sitio. Yo he aprendido a concederme tiempo para bailar a mí ritmo -suene la música que suene- y a quedarme parada aunque los demás se muevan.

Hay muchos caminos para encontrar el bienestar. A mí me ha servido éste: www.experimentarelaliento.com. Os invito a conocerlo.


jueves, 21 de julio de 2016

Agradecida a la suerte

Sigo aquí. Volveré a escribir pronto. Saludos.

viernes, 1 de abril de 2016

Gianmaria Testa me emociona

Preferisco così
senza troppo rumore
come quando si sta soli
dietro una porta a guardare che spiove
Preferisco così
senza niente da dire
che un amore si sa
prima o dopo rubato sarà
Preferisco così
che non c'è niente da fare
solo stare seduti
a una porta qualunque
a guardare che spiove


domingo, 7 de febrero de 2016

Millones de motivos

Hace unos años, un compañero de trabajo me preguntó porqué era feminista. Qué motivo había, qué quería yo reinvidicar si lo tenía todo: derecho a la educación, al voto, trabajo, autonomía... -sólo le faltó añadir que mi pareja no me pegaba...- Para él, lo de la igualdad era una reivindicación superada. No discutí, ni me molesté, porque entendí que lo preguntaba con buena intención; realmente sentía curiosidad. Así que le respondí tranquilamente que era feminista por solidaridad. Porque quería que todas las mujeres de mundo tuvieran, al menos, todo eso que a sus ojos yo tenía. Empezando por el derecho a no ser mutilada en la infancia.

Le dije si había pensado alguna vez que su hija, de haber nacido en otra zona del mundo, habría sido sometida a la tortura de la ablación. No. No podía ni imaginarlo. La palabra en sí misma le resultaba extraña y lejana. A mi, no. Para mí es un vocablo que encierra toda la crueldad que el poder patriarcal, amparándose en la tradición, puede ejercer contra una niña para dejarla marcada, física y sicológica, de por vida. Quizá porque nací con clítoris me siento en la obligación de exijir que todas las mujeres puedan conservar el suyo.

Así que encuentro millones de motivos para ser feminista. Uno por cada niña mutilada.

domingo, 24 de enero de 2016

No renunciaré a mis derechos

"En Europa, los “musulmanes” se ven como víctimas, como minoría oprimida, lo que aparentemente justificaría cualquier comportamiento agresivo y reaccionario de su parte. Pero basta cruzar unas pocas fronteras para apreciar, cuando son mayoría o llegan al poder, la naturaleza de su programa en relación con la democracia, el laicismo, los fieles de otras religiones y las mujeres. La total carencia de análisis político es lo que permite su crecimiento en Europa". Marieme Hélie-Lucas.

Lo acontecido en Alemania en Nocheviaja pasada me indignó tanto que me dejó sin habla. !Sentía tanta rabia! Y el cabreo subía de grado cuando leía y escuchaba las reacciones de algunas feministas y de la "izquierda". Me sentía defraudada con los análisis públicos que escuchaba. Se banalizaban las agresiones diciendo que en otras partes, aquí al lado, la violencia machista mata mujeres. Se acallaba el malestar con la amenaza de un mal mayor: la islamofobia. Y yo me preguntaba que habría pasado si hubieran sido ellos los agredidos. Imaginemos la escena: hombres que atacan a hombres, por cientos, por miles, al mismo tiempo, en varias ciudades de un mismo pais. El motivo: ser diferentes (no llevar barba, beber alcohol) ¿Se aceptaría con tanta ligereza la agresión sólo porque los agresores pudieran formar parte de una sociedad con costumbres culturales diferentes...? Yo diría que no.

Lo que se discute aquí es mi derecho a utilizar el espacio público. Mi derecho -como mujer- a estar en la calle de noche, a participar de la fiesta, a salir sola... No aceptaré que mi derecho puede estar en segundo o tercer lugar, por debajo de los derechos de comunidades religiosas, culturales o de minorías étnicas.

Una buena amiga me ha enviado este texto de Marieme Hélie Lucas, reconocida feminista y luchadora laicista argelina, fundadora de la Red de Mujeres bajo la Ley Musulmana, que nos da una lección de realidad política.

"Que la preocupación principal haya sido la de proteger a los victimarios, y no la de defender a las víctimas, es una variante de la habitual defensa de la violencia masculina contra las mujeres".

Mi madre, que de feminismo sabrà poco pero sentido común le sobra, lo explica de una manera muy rotunda: "Si un hombre intenta agredirte -sea quien sea- primero patada en los huevos, y luego ya hablaremos de sus circunstancias".