Los dos sabores de mi primer helado de este verano. Una bomba de azúcar. Ya lo sé. Me hacía falta. Estaba en un momento de debilidad mental y física. Me lo comí mientras paseaba, sola, y me sentó de cine. Era justo el 21 de junio.
El segundo de la temporada ha sido de chocolate belga. Impresionante chocolate. Y con compañía divertida, además.
Me gusta contar mis años por veranos. Quizá porque es la estación en que más viva me siento. Yo cumplo veranos, y tomo helados -pocos- solo cuando hace calor. En mi infancia los prefería de hielo (polo de naranja o polo de limón). Nos dejaban la lengua manchada de color. Ahora, por lo general, me gustan más sustanciosos y cremosos. Como para mí son una excepción y no una costumbre, suelen ir unidos a alguna vivencia gozosa.
Guardo con deleite el recuerdo de una granita (granizado) de mora en el paseo marítimo de Brindisi (Italia). Todo era bueno: el entorno, el tiempo, la compañía...y el sabor. Insuperable. Uno de esos momentos que mientras está ocurriendo te hace ser consciente de lo raro que es vivir una perfección así.
Os cuento esto para deciros que mi próximo helado me lo voy a tomar en el Coppelia de La Habana. No sé qué sabor tendrá, -el que toque ese día- y seguramente habrá tremenda cola para conseguirlo, pero son tantas las ganas que tengo y tanto el tiempo que he tardado en cumplir el sueño de este viaje al Caribe, que va a ser uno de los helados/viajes/veranos más importantes de mi colección. Y luego, me iré a bailar.
En algún sitio he leído que "ser feliz no es escapar de la tormenta, sino saber bailar bajo el diluvio". Y de eso, los cubanos y las cubanas saben un rato. !A ver si se me pega!
domingo, 7 de julio de 2019
domingo, 26 de mayo de 2019
Cuando no votas estás votando y cuando usas Glovo extiendes la precariedad
Aquí, donde yo vivo, hoy votamos. O no. Porque no es obligatorio. Bien, pues votemos o no, hoy y aquí todas las personas con derecho a voto estaremos haciendo política. No hacer también es hacer. Quiero remarcar eso.
Que conste que no pretendo afear la conducta de los abstencionistas. Si nada de lo que se oferta les convence lo suficiente es normal que no lo compren, pero que sean conscientes de que su actitud tiene un precio. Nada es gratis. Por muy guay, apolítico y ciudadano del mundo que te sientas, cuando no votas estás votando. No te engañes.
¿Cuál es la definición de política? Miremos el diccionario de la RAE, a ver si nos aclaramos:
Justamente ahí, en ese final de la frase ("de cualquier otro modo") es donde estás pillado. Estamos. Porque las consecuencias nos las repartimos. Lo que tu no haces también me afecta. Lo que tú eliges cuenta.
Por ejemplo, en el momento en que decides que es una gran idea utilizar una app como Glovo para que un falso autónomo te traiga a casa tu cena en bici, porque llueve un montón y salir da pereza, y se está mucho mejor en el sofá viendo una serie, pero tienes hambre y cocinar tampoco es que te motive... En ese momento en que coges el móvil y te dispones a ordenar estás haciendo política. De la dura y pura. Estás colaborando a extender la precariedad laboral. A normalizarla. Estás ayudando a putear a alguien. Ya sé que suena feo. Y que tú no eres mala persona. Seguramente, sería más fácil mantenerse eternamente adolescente, en un lamento continuo y echando la culpa de todo lo malo al otro. Pero crecer también es eso: asumir que todo acto tiene consecuencias.
Por eso, no votes si no quieres, pero a partir de mañana no me comas la oreja con que todos los políticos son iguales, porque la política la hacemos entre todos. Tú también participas.
A veces, es un asco ser mayor de edad. Hay que tomar decisiones.
Que conste que no pretendo afear la conducta de los abstencionistas. Si nada de lo que se oferta les convence lo suficiente es normal que no lo compren, pero que sean conscientes de que su actitud tiene un precio. Nada es gratis. Por muy guay, apolítico y ciudadano del mundo que te sientas, cuando no votas estás votando. No te engañes.
¿Cuál es la definición de política? Miremos el diccionario de la RAE, a ver si nos aclaramos:
9. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
Por ejemplo, en el momento en que decides que es una gran idea utilizar una app como Glovo para que un falso autónomo te traiga a casa tu cena en bici, porque llueve un montón y salir da pereza, y se está mucho mejor en el sofá viendo una serie, pero tienes hambre y cocinar tampoco es que te motive... En ese momento en que coges el móvil y te dispones a ordenar estás haciendo política. De la dura y pura. Estás colaborando a extender la precariedad laboral. A normalizarla. Estás ayudando a putear a alguien. Ya sé que suena feo. Y que tú no eres mala persona. Seguramente, sería más fácil mantenerse eternamente adolescente, en un lamento continuo y echando la culpa de todo lo malo al otro. Pero crecer también es eso: asumir que todo acto tiene consecuencias.
Por eso, no votes si no quieres, pero a partir de mañana no me comas la oreja con que todos los políticos son iguales, porque la política la hacemos entre todos. Tú también participas.
A veces, es un asco ser mayor de edad. Hay que tomar decisiones.
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sábado, 9 de marzo de 2019
viernes, 8 de marzo de 2019
El feminismo nos cobija a todas
Mi madre fue siempre machista, más machista que mi padre en realidad. Mis hermanas y yo podíamos contar con su complicidad siempre que nuestros actos no cuestionaran el rol de las mujeres en el mundo; el suyo, se entiende. Así que crecimos y maduramos contra ella, más que con ella. En una discusión permanente sobre su manera de "ser mujer" y la nuestra. No sé si eso nos ha hecho más fuertes y lúcidas, pero, sin duda, nos ha hecho resistentes.
Tampoco sé si es más fácil tener una madre feminista -podemos ser muy pesadas las madres cuando se trata de dar ejemplo-. Mi hija el machismo lo ha sufrido más fuera de casa que dentro - la reflexión es suya- y, desde luego, no tiene reparos en combatir en ambientes masculinizados hasta encontrar su sitio, pero tiene que soportar las consecuencias de relaciones líquidas e inconsistentes que yo no conocí. Al final, cada cual es hija de su tiempo, no solo de su familia.
Ayer mi madre me sorprendió al decirme que las amigas del coro habían organizado una comida por el 8 de marzo; que ellas también son mujeres y quieren festejarlo y reinvindicarse. Me hizo ilusión escucharla. No importa cómo ni por qué camino llegamos si de lo que se trata es de encontrarse.
Lo cierto es que hoy las tres (abuela, madre e hija) vamos a celebrar el 8 de marzo. Y con nosotras, miles y miles de mujeres -millones si abrimos el foco- que, por un día, van a coincidir en ver lo que les iguala y en exigir lo que necesitan: el derecho a extender sus alas, como la mujer cuántica de la canción.
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sábado, 2 de febrero de 2019
Notte di febbraio
Tu sei dentro quella vita che vorrei..
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domingo, 6 de enero de 2019
viernes, 28 de diciembre de 2018
...Y quitan las cabinas telefónicas
Este año se me ha ido exageradamente rápido. El correr frenético de los meses me ha pillado tan desprevenida que no podía creerme que mi viejo coche tuviera que pasar de nuevo la ITV, cuando ha llegado diciembre. Habría jurado que acababa de superar la inspección. Si no fuera porque tengo una agenda en la que apunto todo y a la que le quedan tres páginas en blanco no me creería que 2018 se acaba.
Los cambios a mejor, la buena salud, la ausencia de problemas gordos o todo a la vez, no sé el motivo, pero lo cierto es que el año ha fluido y yo con él. ¿Soy solo yo la que siente que a partir de los 40 la vida coge velocidad?
Estos últimos días, antes de entrar en el 19, los he dedicado a limpiar con paciencia y en profundidad diversos armarios. He recuperado objetos que creía perdidos y he tirado otros muchos que no guardan ya ningún sentimiento, solo polvo. Y me he enfrentado a la que era yo hace unos cuantos años. Me he reencontrado en fotos, escritos, lecturas... Es bonito y extraño reconocer a la que fui.
,
Mi hija me ha dicho-ya ha llegado también ese día- lo joven que se me ve en las fotos de hace una década y he comprobado que mi caligrafía es cada vez peor y tampoco escribo cosas más interesantes ahora...
En fin, que en medio de un repaso sereno de los años pasados de mi vida - !tenía guardados apuntes del año 2000 !- me llega la noticia de que las cabinas telefónicas tienen sus días contados y ahí ya sí, me he sentido prehistórica. Porque llamar desde una cabina era algo usual antes de que llegaran los móviles -que no han estado siempre- y a ver cómo haré para explicar a mi sobrina recien nacida que hubo una época en la vivíamos sin el teléfono en el bolsillo y, además, no había aparato en todas las casas. Por eso las cabinas eran importantes. Le va a a sonar tan lejano como a mí los lavaderos municipales.
Me despido del año viejo y recibo el nuevo asumiendo que solo tenemos el presente y la juventud es un estado de ánimo (para los mayores de 35 básicamente; los otros no lo ven así) y los recuerdos pueden resultar un cálido cobijo en días de frío pero no conviene abusar.
Os deseo que acertéis en la elección de qué tirar y qué conservar para seguir caminando con un equipaje ligero de obligaciones y repleto de afectos.
Y de regalo: un poema de Sarrionandia, musicado por MICE.
Los cambios a mejor, la buena salud, la ausencia de problemas gordos o todo a la vez, no sé el motivo, pero lo cierto es que el año ha fluido y yo con él. ¿Soy solo yo la que siente que a partir de los 40 la vida coge velocidad?
Estos últimos días, antes de entrar en el 19, los he dedicado a limpiar con paciencia y en profundidad diversos armarios. He recuperado objetos que creía perdidos y he tirado otros muchos que no guardan ya ningún sentimiento, solo polvo. Y me he enfrentado a la que era yo hace unos cuantos años. Me he reencontrado en fotos, escritos, lecturas... Es bonito y extraño reconocer a la que fui.
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Mi hija me ha dicho-ya ha llegado también ese día- lo joven que se me ve en las fotos de hace una década y he comprobado que mi caligrafía es cada vez peor y tampoco escribo cosas más interesantes ahora...
En fin, que en medio de un repaso sereno de los años pasados de mi vida - !tenía guardados apuntes del año 2000 !- me llega la noticia de que las cabinas telefónicas tienen sus días contados y ahí ya sí, me he sentido prehistórica. Porque llamar desde una cabina era algo usual antes de que llegaran los móviles -que no han estado siempre- y a ver cómo haré para explicar a mi sobrina recien nacida que hubo una época en la vivíamos sin el teléfono en el bolsillo y, además, no había aparato en todas las casas. Por eso las cabinas eran importantes. Le va a a sonar tan lejano como a mí los lavaderos municipales.
Me despido del año viejo y recibo el nuevo asumiendo que solo tenemos el presente y la juventud es un estado de ánimo (para los mayores de 35 básicamente; los otros no lo ven así) y los recuerdos pueden resultar un cálido cobijo en días de frío pero no conviene abusar.
Os deseo que acertéis en la elección de qué tirar y qué conservar para seguir caminando con un equipaje ligero de obligaciones y repleto de afectos.
Y de regalo: un poema de Sarrionandia, musicado por MICE.
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